LA LLORONA
I
Después de todo lo sucedido en la Mansión de Winchester, Asier no ha querido escribir sobre los misterios y leyendas. Ha preferido centrarse en las historias mundanas de Mundaka.
Su amistad con la inspectora Goikoetxea va viento en popa y aunque últimamente ella ha tenido más trabajo, suelen telefonearse a menudo para conocer de primera mano qué tal se encuentran ambos después de lo ocurrido en la mansión.
Hoy Asier se ha levantado a la hora de siempre y ha salido a correr sus siete kilómetros bajo una fina lluvia que ha sido su compañera por la ría de Urdaibai. Mientras corría ha notado una brisa fría en la nuca. Asier, precavido, ha decidido continuar la marcha, pero de pronto, ha comenzado a escuchar un llanto desconsolado, el cual, parecía que se iba acercando más. Ha parado, se ha girado y por más que ha mirado, no veía nada. Solo el murmullo del viento fuerte y la fina capa de lluvia que le cae sobre el rostro.
En ese momento, Asier ha tenido una premonición. No puede ser verdad. Esa mujer es una leyenda en otro país, no aquí. Pero él sabe perfectamente que las leyendas van y vienen, pero cuando se escucha ese sonido en la lejanía significa exactamente lo contrario. El peligro lo acecha, de nuevo. Decide reemprender la marcha y volver a casa.
Al regresar, todo calado por la lluvia, ve en el buzón un sobre que sobresale. Lo coge, pasa a casa y decide abrirlo en el portal. Lo que encuentra dentro lo deja confundido. ¿Por qué habrá una postal antigua fechada en los años setenta? Al girarla, se fija en el mensaje:
“Asier, ayúdame a conocer mi verdad. Estoy desesperada”.
¿Quién será esa persona y por qué lo busca a él precisamente?
II
Al llegar a la redacción, Marga ya se encuentra de vuelta después de sus vacaciones y en su puesto de trabajo.
- Marga, qué bien te veo, te han sentado de maravilla las vacaciones. ¿Se puede saber el lugar elegido? – pregunta Asier con curiosidad.
- Por supuesto que sí, me he ido unas semanas a Cuba y Santo Domingo. Allí es clima es excepcional, con sus aguas claras, todas las actividades que puedes realizar allí y qué lugares tan maravillosos, de verdad. Todo allí es un remanso de paz y de felicidad – responde muy ilusionada Marga.
- Me alegro por ti, de verdad. ¿Sabes si Unai está en su despacho?
- Sí, cariño. Con su humor como siempre. Aunque a ti te trata mejor que a los demás – contesta mientras le guiña un ojo.
- Te he escuchado, Marga. Y eso no es verdad. Me ponen de mal humor las personas, que se conocen que no tienen nada mejor que hacer que fastidiarme a mí. A mí, precisamente, que soy la persona más atareada de este planeta – resopla Unai.
- Ves Asier, con todos nosotros es un ogro, pero tú eres su favorito y te va a tratar como un rey…
- Ahora dirás que no te trato bien, después de irte tres semanas de vacaciones a Cancún.
- Cancún no, jefe. Cuba y Santo Domingo. Un paraje sin igual.
- Pues lo que yo he dicho, Cancún. Pasa Asier, que a esta mujer no la entiendo hoy…
- Pero qué majo…si la que no lo entiende soy yo…- resopla Marga.
Ya en el despacho, Unai le dice a Asier que se siente.
- Unai, sabes que llevo unas semanas sin escribir sobre las leyendas, pero hoy me ha ocurrido algo raro mientras corría y cuando he llegado a casa.
- ¿En qué andas metido ahora, Asier? Cuéntame…
Asier le cuenta lo sucedido en la ría y le muestra el sobre con el contenido de la postal que ha recibido fechada en los años setenta.
- Madre mía muchacho…sabes que yo no me entrometo en tus asuntos ni en lo que escribes…pero este tema es muy delicado aquí en Mundaka. Si aceptas consejos, búscate otro tema del que escribir.
- Unai, sabes que yo no decido los temas, los temas me buscan a mí y no entiendo qué relación puede tener la Llorona de México con ese tema delicado del que hablas de Mundaka. A decir verdad, no sé de qué me estás hablando.
- Asier, en los años setenta se produjo en Mundaka un hecho similar al acaecido en México. Una mujer joven, trabajadora del campo, con una familia humilde, se enamora de un señor que le doblaba la edad. La embaucó con regalos, falsas sonrisas…vamos, la enamoró. Ella cayó rendida a sus pies. Estuvieron juntos varios años y de esa unión nacieron tres niños. Pero un día, de buenas a primeras, el señor la abandonó por otra mujer más joven y más hermosa. Ella no pudo soportar tanto dolor y se acercaba todos los días al acantilado a llorar y a gemir. Hasta que un buen día, en un acto de locura, la mujer se llevó a los niños a la ría y los ahogó a los tres. Ninguno sobrevivió.
- Qué historia más trágica, Unai. Por lo que me estás contando, la historia es muy similar a la sucedida en México. Y, yo he notado ese aliento que se supone que estaba detrás de mí, lo presentía cerca.
- Asier, cuando la Llorona está a kilómetros, pero la sientes cerca, el peligro es inminente. A lo mejor no quiere hacerte daño, pero vas a tener que averiguar todo si quieres crear la mejor historia jamás contada. Aunque con ello, el pueblo se te eche encima.
- Unai, tengo que averiguar cuál es el nexo que une a la Llorona mexicana y la llorona de Mundaka. Así podré cerrar dos historias trágicas.
- Que tengas un buen viaje por México, Asier. Cuídate. Y mantenme informado, por favor.
III
Antes de marcharse al aeropuerto de Bilbao, Asier se pasa por la comisaria en busca de la inspectora Goikoetxea para informarla de su viaje a México y, de paso, que le cuente más sobre la familia de Mundaka.
- Asier, te hacía ya camino del aeropuerto.
- Todavía tengo un rato antes de coger el taxi. Pero antes necesito que me informes sobre un caso producido aquí en Mundaka, sobre los años setenta. Es una mujer que se la conocía como la Llorona.
En ese momento Silvia lo mira con cara de preocupación y se acerca más a Asier.
- Asier, no hables muy fuerte sobre este tema. A nadie le gusta remover cosas del pasado.
- Lo sé, Silvia. Me ha dicho lo mismo Unai. Pero necesito conocer el nexo de unión de ambas mujeres para poder dar por cerrado esta historia.
- No sabes dónde te estás metiendo Asier. Aún así, te voy a contar algunas cosas que no sabes. Acompáñame a la terraza, anda.
Ya en la terraza y a escondidas de los oídos de sus compañeros, la inspectora Goikoetxea comienza a contarle todo lo que conoce sobre dicha historia.
- La familia del hombre no sólo la abandonó a su suerte, sino que utilizaron su influencia para hacerles creer que la mujer ya estaba enferma mucho antes del crimen. Y fueron más allá todavía, pagaron a varios médicos locales para que nadie cuestionara nunca la versión del “brote psicótico”, protegiendo así a su hijo.
Para más desesperación de la familia de la mujer, los cuerpos de los niños nunca recibieron sepultura oficial con sus nombres. Los niños fueron enterrados en una zona no sagrada del cementerio y el caso se cerró como “accidente por marea alta”, eliminando de esa forma el infanticidio.
También, unos días después de la tragedia, los regalos con la que engatusó este hombre a la mujer, aparecieron en la ría flotando, como si el agua salada los hubiera quemado. Nunca nadie se atrevió a cogerlos. Excepto un broche de plata de tres lirios.
Hay algo más. Durante las noches de niebla en la ría de Urdaibai, muchos vecinos han llamado a la comisaria para denunciar gritos de una mujer que sube al acantilado, que llama a los niños por sus nombres, los cuales, no coinciden con los del registro civil.
El hombre murió hace unos años por una enfermedad que los médicos nunca supieron identificar. Según se cuenta, en su lecho de muerte, sus hijos venían todas las noches a mojarle las sábanas con el agua de la ría.
- Madre mía, qué historia tan fatídica…una tragedia.
- Sí, Asier. Por eso te pido que tengas cuidado por México, allí estás desprotegido. No sabes a lo que te enfrentas.
- No te preocupes Silvia. Tengo un conocido allí que me va a explicar más cosas acerca de la Llorona mexicana y así podré unir el nexo y el misterio que envuelve a ambas mujeres. Te mantendré informada.
IV
Al llegar a México, un compañero del campus de Asier, lo espera en el aeropuerto. El compañero se llama Gael Aranda. Este joven es graduado en Antropología y en Historia, también. Aunque más bien se dedica a las bases de datos y tecnología. Cuando los dos amigos se encuentran, se abrazan con mucha efusividad. Llevan unos años sin verse.
- ¿Qué tal amigo? ¿Cómo te va?
- Pues bien, Gael. Muy contento de volver a verte y pasar unos días por aquí. Espero que puedas ayudarme.
- Claro que sí, Asier. Ahora me pones al día del tema que te ha traído aquí. Pero antes, hay que tomarnos unos tequilas, están de muerte.
Después de dejar las cosas en el piso de Gael, se han acercado a tomar unos tequilas y a una taquería a comer. Allí Asier le cuenta a Gael todo lo que sabe del tema de la llorona y qué relación puede tener con la mujer mexicana.
- Ahora nos vamos a acercar al archivo municipal y buscaré en las bases de datos para conseguir información acerca de ese nexo de unión. Por lo que me cuentas, se repite la misma historia y el mismo final.
- Exacto. Y, tengo un mal presentimiento. He notado como un susurro y como si alguien llorara a una distancia de varios kilómetros, pero tenía la sensación de tenerla detrás de mí. Estoy asustado Gael.
- Para no estarlo amigo. Ese presentimiento no es bueno. Y más, con todas las cosas que te han ocurrido desde que entraste a trabajar en el periódico.
- ¿Y tú como sabes todo eso?
- Asier, no cambias, como siempre tan ingenuo – dice mientras se ríe-. Desde que comenzaste a trabajar en el Faro Invisible, empecé a seguirte. He leído todas las tramas que te han ocurrido. No me gustaría estar en tu pellejo, la verdad. Pero también sé que nada te frena, que siempre quieres saber más y llegar hasta el final. Así que solo puedo admirarte, amigo.
- Gracias, Gael. Es un halago que me digas todas estas cosas después de pasarnos años sin vernos.
- Pues vámonos al archivo. Tenemos muchas cosas que buscar.
Ya en el archivo, Gael y Asier entran de forma digital a todos los documentos que se tienen digitalizados. Van recopilando mucha información, la cual, Asier se guarda en su pendrive para seguir investigando. Dentro de esa búsqueda, Gael encuentra algo y se lo muestra a Asier.
- Mira tío, aquí aparece una fotografía antigua, un poco desenfocada de una familia de Mundaka en un evento en la Ciudad de México. No se ve bien, pero aparece una mujer con un broche de plata.
En ese momento, Asier reflexiona y recuerda las palabras de Silvia. “En la ría aparecieron joyas, como si el agua salada las hubiera quemado. Entre ellas se encontraba un broche de plata muy caro para esa época”.
En los hallazgos que están llevando a cabo los dos amigos, descubren una verdad aterradora. La historia se repite porque el hombre ya tuvo un ensayo unos años antes en la Ciudad de México.
Gracias a la revista de sociedad encontrada en los archivos, descubren que el hijo del patriarca sedujo y engañó a la joven de la fotografía. Le prometió llevarla a España y la abandonó con un hijo recién nacido. Ella, desesperada, se quitó la vida en los canales de Xochimilco.
El hombre, en un acto de cinismo, decide robarle el broche de plata antes de huir de México y años después se lo regaló a la joven de Mundaka, como una muestra de “amor”. Gael le explica a Asier que la Llorona no es una mujer, sino, una herencia de dolor. Al entregarle el broche a la joven de Mundaka, se crea un puente con la mujer de México.
En ese instante, Asier nota un escalofrío que no tiene nada que ver con la climatización del lugar, es algo más.
- Gael, el broche no era un regalo. Era una condena. Al llevarlo a España, ese hombre se trajo consigo el grito de México.
V
En el acantilado de México, Asier mira al horizonte sabiendo que ha descubierto algo muy importante. Pero en ese preciso momento, una nube se va formando en segundos y el paisaje se vuelve más oscuro, más frío. Asier nota una presencia cerca de él. Tiene miedo. A pocos metros de donde él se encuentra, una figura recortada le da la espalda. No viste los harapos de un fantasma. Lleva puesto un vestido de encaje, el mismo que vieron los dos amigos en la fotografía. En la imagen, el vestido era blanco, ahora está sucio con una mezcla entre barro y salitre.
En ese preciso instante, la mujer se gira. El rostro es el mismo de la fotografía, pero con la peculiaridad de que sus ojos son pozos de agua oscura. En su pecho lleva el broche de plata de los tres lirios, el cual brilla con una luz plateada, que parece quemar la tela.
Ella comienza a mover los labios, Asier aguanta la respiración…
- Has traído mi nombre al presente, Asier. Él nos robó el futuro, pero tú nos has devuelto a la historia.
La mujer se acerca más a Asier. Él nota que su temperatura baja más de lo debido. Nota en su hombro una mano gélida, muy fría.
- Cuéntales a todos que ninguna de nosotras perdimos la cabeza. Estábamos muy bien hasta que nos enamoró y nos engañó ese hombre. Hoy, solo tenemos sed de justicia. Gracias por no mirar hacía otro lado cuando el pueblo cerró los ojos.
La figura comienza a deshacerse. Entonces, se escucha un suspiro largo, ya no se escuchan llantos. Asier se queda solo y confundido. Se mira su hombro y encuentra una mancha de agua salada y allí posada una flor cempasúchil (es la flor de los muertos mexicana), de color naranja y vibrante.
El cielo deshace la nube y el viento. Todo vuelve a su lugar. Gael también aparece. Cuando mira a Asier sabe que algo acaba de ocurrir. Esa flor no debería estar ahí.
VI
Crónica: “El eco que cruzó un océano”
Por Asier Aretxaga
En Mundaka los silencios pesan demasiado. Durante cerca de cincuenta años, la ría de Urdaibai, la cual, recorro todos los días corriendo, ha guardado un secreto que no le pertenecía. Un grito que nació en los canales de Xochimilco y que un hombre se trajo consigo como quien esconde el peor de los secretos en su interior.
Aquel día, el cielo se encapotó y se formaron unas nubes mucho más oscuras que las que veo en Mundaka. Noté una presencia fría cerca de mí. Al borde de la Atalaya, el tiempo se dobló sobre sí mismo. Allí estaba. La leyenda que se ha ido contando de boca en boca, se hizo realidad. Allí se encontraba una mujer rota por una traición que no entiende de fronteras. Llevaba consigo en su pecho el broche de plata de tres lirios, los cuales brillaban con una luz que no se cómo describirla.
En ningún archivo municipal de Mundaka encontraremos la verdad sobre la “Llorona” porque en los papeles oficiales se corrompe por las familias más pudientes. Más bien, céntrense en notar el frío que sube por los tobillos cuando caminas cerca de la ría. Esa mujer no gritaba por locura ni enfermedad, gritaba porque le arrebataron su identidad, la convirtieron en algo que no era, un monstruo.
En ese momento de confusión y miedo, ella me tocó el hombro y el frío me dejó helado. Me dio las gracias por contar su historia. Nos han enseñado a temer a los fantasmas, pero el verdadero terror es guardar silencio en un pueblo donde se prefiere antes la leyenda que la verdad. Ella no busca a sus hijos en el lodo, solo los observa esperando que no olvidemos que la justicia siempre llega, tarde o temprano.
NOTA DEL DIRECTOR
Publicado en el Faro Invisible, edición mes de marzo.
Por Unai Zubizarreta, director del Faro Invisible
Estoy muy feliz porque Asier Aretxaga ha vuelto a la redacción con los ojos de quién ha visto al otro lado del espejo una flor naranja. Como director de este periódico, mi deber es enfriar los ánimos, buscar el dato objetivo y desconfiar de lo que no se puede comprobar. Sin embargo, hay crónicas que no se escriben con tinta, porque ya han dejado cicatrices.
Lo que hoy se publica en este humilde periódico no es un cuento sobre dos mujeres. Es una denuncia formal contra el olvido. Gracias a la investigación llevada a cabo por nuestro periodista y la ayuda inestimable de Gael Aranda, hemos confirmado que la tragedia acaecida en los años setenta en México no fue un brote psicótico aislado, sino una impunidad. Nunca se dejó investigar lo que realmente ocurrió. Se callaron todo para salvar a un desdichado.
El broche de plata que encontró la policía hace cincuenta años, es la prueba física de un puente de dolor que está unido por dos orillas. Mientras las familias más pudientes de este lugar prefieren el silencio, nosotros seguiremos publicando la verdad. Es importante recordar a los se creen intocables, que hay historias que, nunca se ahogan, porque siempre salen a la superficie.
El Faro Invisible seguirá alumbrando allí donde otros prefieren oscuridad.
U.Z.
El Oasis de las Letras
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