CAPÍTULO IV
Cuando Diego sale de su consulta, va
a en busca de Ariadna para que le ayude a preparar la fiesta de cumpleaños de
Marina, que es dentro de unas semanas y quiere que sea el mejor evento que se
produzca en Salamanca. Por más vueltas que da por los pasillos del Quántica, no
la encuentra por ningún lado.
Ariadna ha salido corriendo de la
consulta de Marina en cuanto ha recogido los papeles que le había pedido su
amiga y se ha ido dirección a la comisaría de la Policía Nacional. Allí ha ido
a buscar al inspector Tomás Valiente para contarle lo que acaba de descubrir, a
sabiendas que va a regañarla por sacar una copia de un expediente médico sin
autorización y para más inri, tipificado como delito en el código penal y en el
administrativo.
-
¡Buenos días, Ariadna! ¡Qué sorpresa
verte por aquí! ¿Qué te trae por esos lares? – pregunta Tomás Valiente.
-
Hola, inspector. La verdad es que no
es una visita por cortesía. Tengo que contarte algo importante que he
descubierto, aun a sabiendas que te vas a enfadar mucho conmigo por la forma de
conseguirlo – responde con cara de avergonzada mirando hacía el suelo.
-
Ariadna, nos conocemos desde hace
varios meses y sé que eres una mujer inteligente, aunque a veces sueles ser muy
impulsiva y eso, algún día puede costarte un disgusto muy grande. A ver,
cuéntame qué es eso que has hecho y por qué – comenta en un tono tranquilo el
inspector Valiente.
-
Inspector, a día de hoy no le he
comentado a nadie de mi entorno lo que me ronda la cabeza y aunque pueda
parecer que estoy delirando, se lo que digo. Lo pongo en antecedentes. Resulta
que Marina me ha pedido que fuera a su consulta esta mañana para recoger unos
documentos que ella necesita para valorar un caso que un compañero le ha pedido
colaboración. Entonces, su enfermera se ha dejado las credenciales puestas en
el ordenador mientras se ha marchado a realizar unas curas, ya que andamos
bajos de personal sanitario. Por lo que he aprovechado para comprobar un
expediente clínico y he encontrado esto – deja sobre la mesa del inspector la
carpeta que contiene el documento.
-
(La cara de sorpresa y de enfado
creciente aparece sobre el inspector Valiente) – Ariadna, dime que lo que estoy
viendo no es real, por favor. Dime que no has consultado dicho expediente sin
la autorización debida – responde en un tono poco amigable.
-
Inspector, ya le he dicho que se iba
a enfadar conmigo…
-
Ariadna, ¿cómo se te ocurre hacer
algo así? ¡Esto es una locura con penas de cárcel e inhabilitación! – se
levanta de la mesa y se lleva las manos a la cabeza, da varias vueltas sobre su
sitio y acaba por sentarse – Ariadna, esto es un delito por descubrimiento y
revelación de secretos según el artículo 197.2 del Código Penal. Y conlleva,
precisamente, una pena de prisión de 3 a 5 años y una inhabilitación de 6 a 12
años en la profesión. Como consecuencias administrativas, hay multas
desorbitadas y sanciones disciplinarias, por no decir que como te descubran y
este sujeto te denuncie, pueden reclamar una indemnización por daños y
perjuicios…
-
Tomás, sé que he hecho la mayor de
las estupideces, pero quería comprobar algo y le prometí a Marina encontrar a
Marcos.
-
Ariadna, entiendo que todos lo
estáis pasando mal, pero de ahí a que cometas delitos, hay mucho trecho,
mujer…vale, calmémonos los dos y explícame el motivo por el cual has cometido
este delito.
-
Inspector, llevo tiempo sospechando
que el amigo de Marcos, el doctor Diego Bellavista tiene algo que ver con la
desaparición del doctor Marcos Avellaneda en Houston. He notado en él cambios
de conducta reiterados y se lo comenté a un compañero del hospital de Segovia y
me explicó que se puede tratar de un trastorno bipolar y ese expediente clínico
lo confirma, aparte que también ha sido denunciado en alguna ocasión por
violencia de género. Y para más inri, hace unas semanas se presentó en casa de
Marina para pedirle que le permita ocupar el lugar de Marcos.
-
Lo que me estás contando Ariadna es
muy grave y serio. ¿Me estás diciendo que el doctor Bellavista tiene un
trastorno bipolar y no está siendo medicado ni recibe su tratamiento?
-
No, además, también tiene episodios
violentos. Es cierto que la violencia no es una de las características más
comunes de este tipo de trastornos, pero a veces está relacionado con ciertos
episodios de estrés…
-
De acuerdo. Voy a poner a mi equipo
en la búsqueda de información sobre dicho individuo. Pero a partir de hoy,
quiero que me informes de todo lo que sea que hayas averiguado y que no hagas
nada de nada. Porque a la próxima, soy yo el que te detengo y te llevo al
calabozo, ¿Estamos?
-
Como usted mande, inspector.
El inspector Tomás Valiente convoca
de forma urgente una reunión con sus compañeros para exponer todo lo que tienen
del caso Avellaneda y de las últimas noticias de las que él tiene constancia.
También ha hecho una llamada a un hacker que trabaja para la policía para
pedirle un favor.
En el Houston Methodist, la unidad
especialista en psicología sigue tratando a Marcos. Se ha reunido el consejo
del hospital para tomar una serie de decisiones que afectan al doctor
Avellaneda, aunque la última palabra la tiene él. La doctora Alice Keller
quiere informar al hospital de Quántica que Marcos está vivo y también a su
familia, para que el proceso de recuperación se pueda ir acelerando. Llaman a
Marcos y pasa a la reunión.
-
Marcos, ¿qué tal te encuentras? –
pregunta con afecto el doctor Harding.
-
Pues si le digo la verdad, doctor
Harding, me siento desubicado. Antes tenía una vida perfecta, era feliz y por
lo que sé, iba a casarme en dos semanas. Luego ocurrió mi secuestro y la paliza
que recibí y aquí estoy sin terminar de recuperar mi memoria al completo.
-
Marcos, hemos estado reunidos y
queremos informarte de los pasos que queremos seguir contigo, siempre y cuando
tú también estés de acuerdo. El primero es buscar a tu familia, contarles que
estás vivo y que sufres amnesia moderada, eso nos ayudará a buscar parámetros
que nos faciliten su recuperación de una forma más rápida.
-
No. No y no. Es decir, quiero
agradeceros el trabajo que estáis realizando conmigo, pero de momento, no
quiero que mi familia sepa que estoy vivo – el equipo médico se mira desconcertado
sin entender los motivos del doctor Avellaneda -. Ustedes me acaban de decir
que no harán nada si yo no estoy de acuerdo. Pues me gustaría que respetaran mi
decisión.
-
Marcos, ¿podemos saber cuál es el
motivo que lo lleva a actuar así? – pregunta Linda Ross, la trabajadora social
del hospital.
-
Gracias a las terapias que realizan
conmigo, he recordado varios fragmentos sobre una conversación que tuve con uno
de mis secuestradores. Le pregunté: “Pero, ¿quién quiere verme
muerto?” Y me respondió textualmente: “Ay, amigo, eso deberías
saberlo tú. Tú sabrás con qué personas te codeas. Nosotros sólo somos unos
mandados. No preguntamos, sólo obedecemos”.
-
Marcos, ¿serías capaz de describirle
al inspector Calloway a esa persona para crear un retrato robot y buscarlo en
las bases de datos que tiene a su disposición la policía? – le pregunta la
doctora Alice Keller.
-
Tendré amnesia moderada, pero cada
día recuerdo muchas cosas, aunque no sé qué significan en mi vida. Necesito
trabajar más todo este proceso de reconstrucción de mi memoria para poder
enfrentarme a la persona que me ha hecho esto. Por ello, os pido a todos los
asistentes a esta reunión que me ayudéis a descubrirlo todo, eso sí, sin prisa.
Quiero estar en forma para enfrentarme a quién haga falta.
-
No te preocupes, doctor Avellaneda,
avisaré al inspector Calloway para que entre todos podamos ayudarte a
encontrarte y que hagas justicia, pese a quien le pese.
(Todos se miran
sonrientes, esa es la actitud que querían ver).
5 años después…
Han pasado ya cinco años desde que
Marcos desapareciera de la faz de la tierra y nadie sabe nada de él. La policía
no ha dejado de investigar, pero cada vez existen menos hilos sobre el que
tirar y claro, mientras no tengan nada, el caso se ha archivado.
Marina volvió a su puesto de trabajo
en el hospital de Quántica, mientras lo compagina con su mejor papel, el de ser
madre de una niña muy inteligente y bondadosa como es Indira. Su carácter es
muy temperamental. Le encanta dibujar, jugar con su madre, disfruta viendo
películas infantiles y por su cumpleaños ha pedido un tablero de ajedrez,
porque escuchó que “gracias a ese juego puede desarrollar mucho más su
imaginación y adelantarse a muchas jugadas”. Quedan muy a menudo con la
tita Ariadna, que aparte es su testigo, es decir, fue la elegida para celebrar
su acogimiento civil.
Ariadna tuvo mucha suerte que al
final el delito que cometió se quedó en agua de borrajas. Nadie supo que la
copia de ese expediente había salido del hospital. Quedó destruido después que
el inspector Valiente supiera de su existencia y, además, no aparece ninguna
búsqueda ni registro. Con el paso de las semanas, el flirteo entre ambos se
hizo patente y ya llevan 3 años saliendo juntos y eso que el inspector Valiente
no hacía honor a su apellido, le costó muchísimo declararse a Ariadna, la cual,
ya llevaba tiempo interesada en él. Pero como los dos son muy decididos para
muchas cosas, no lo son para el amor. Ambos habían sufrido con relaciones
anteriores y les costaba dar el paso. Hasta que un día, el inspector pilló
desprevenida a Ariadna, le robó un beso fugaz y aunque se llevó una bofetada,
seguidamente, le devolvió el beso…hasta el día de hoy.
Diego Bellavista sigue empeñado como
un reto personal, en conseguir que Marina sea su mujer e Indira su pequeña.
Sueña con formar una familia con ella y obtener el puesto del jefe de la Unidad
de Neurocirugía del hospital de Quántica. Sabe realizar a la perfección su
papel de hombre entregado. No le gusta que nadie lo rechace, porque saca su
lado más vengativo y furioso. Dentro de unas semanas se cumplen cinco años de
la desaparición de su amigo (al que cree muerto) y el consejo del hospital
tiene que decidir si lo nombran jefe a él, ya que lleva siendo el subdirector
varios años. En este tiempo no ha tenido ninguna recaída debido a su trastorno,
pero sí episodios violentos de destrozar su propio piso por los continuos
rechazos de Marina. No acepta que no lo quiera, con todo lo que ha estado
haciendo por ella.
Alice Keller ha puesto mucho empeño
en ayudar a Marcos a encontrarse de nuevo, que aprenda a quererse, a descubrir
quién es él. Lo ha apoyado en todas las clases de locura que se le han ocurrido
y disfruta mucho estando con él. Aunque él, solo tiene en sus pensamientos a
una mujer: Marina. Alice sabe que a ella nunca la va a mirar como le gustaría,
pero salvar a un paciente es su mayor mérito. La verdad es que no quiere
desfallecer, porque por mínima que fuera su oportunidad, la aprovecharía al
máximo.
El doctor Harding como la trabajadora
Linda Ross siguen buscando la manera de ayudar a Marcos. Tanto trabajar codo
con codo y con algunas horas extras de más, ha hecho que ambos se miren con
otros ojos y aunque no lo han hecho público (sus compañeros ya lo saben)
son felices juntos.
La enfermera Clara Morales ha
decidido seguir formándose para poder llegar mucho más lejos en su carrera
profesional. A ella no le interesan las relaciones amorosas, quiere triunfar.
El inspector Calloway sigue sin
dejar sus investigaciones. Cada día tiene un hilo del que tirar y le cuenta los
avances tanto a la doctora Keller como a Marcos. Ambos han creado una trama que
bien podría ser contada como si fuera una miniserie. El inspector no puede
negar que está interesado en la doctora, pero por su olfato de policía, sabe
que ella no se ha fijado en él, sino en el doctor Avellaneda. Aun así, no cede
en su empeño de tener una oportunidad con ella en un futuro.
Ariadna se ha ido unos días de viaje
con Tomás y mientras se encuentran en la ciudad de Nueva York recibe una
llamada de un número desconocido. Rechaza la llamada una y otra vez, pero el
número insiste. Tomás se ha ido a buscar unos cafés mientras ella sigue
haciendo fotos en Times Square, cuando de pronto, escucha una voz muy familiar
que la deja petrificada.
-
Si enfocas a esa dirección y amplias
con el zoom, te quedará una foto como si fueras una profesional en la materia –
dice sonriendo.
-
(Ella se queda temblando sin saber
qué responder) – No puede ser, no puede ser…no eres real, estoy soñando…
-
Tranquila Ariadna, no estás soñando,
soy yo, soy Marcos, en carne y hueso. ¿Puedo darte un abrazo? (Le abre los
brazos)
-
Claro que sí – responde al abrazo,
mientras llora con una mezcla entre emoción y sorpresa – Marcos, tenemos que
hablar, ¿por qué llevas desaparecido cinco años?
-
Todo a su debido tiempo, mujer. Por
qué no vamos los cuatro a tomar algo a un parque que hay aquí cerca y os
explico a tu inspector y a ti todo lo que me ha sucedido - (En ese momento, la
doctora Keller carraspea con su garganta a la vez que el inspector se acerca a
ellos) – Perdón, disculpad mi descortesía, ella es la doctora Keller, Alice
Keller, la persona que me salvó de la muerte y gracias a ella y a sus esfuerzos
titánicos, hoy estoy vivo – (responde con su característica sonrisa).
Llegó el día del cumpleaños de Indira. En la casa todo está preparado.
Son semanas de muchos preparativos para que no le falte nada a la pequeña.
Están reunidas las dos familias (de la Marina y la de Marcos), Ariadna con Tomás,
Diego y algunos compañeros del hospital con sus hijos.
Mientras Marina sostiene a Indira, todos cantan la canción del
“cumpleaños feliz”; Ariadna coordina los juegos, Diego observa de lejos. En el
momento idóneo de soplar las velas, la puerta que da acceso al patio y al
jardín se abre lentamente y la persona que aparece tiene cicatrices en la cara
por una paliza recibida hace cinco años. Lleva el rostro sereno pero firme.
Nadie se ha percatado de su visita.
-
Por poco y no llego al pastel…espero que aun
haya tiempo para los abrazos – responde Marcos con voz grave, pero suave.
Todos se
giran desconcertados. Se hace un silencio sepulcral. A Marina se le cae el
cuchillo con el que iba a cortar la tarta. Ariadna se tapa la boca y mira a
Tomás desconcertada. Diego palidece. Indira lo mira asustada.
- Marcos,
¿eres tú, de verdad? ¿Estás vivo? – pregunta sorprendida e ilusionada Marina.
Marcos se acerca a ella con paso decidido, obviando que está rodeado de
muchas personas.
-
Sé que han pasado cinco años que se te habrán
hecho muy largos cariño, pero todo tiene una explicación. Jamás he dejado de
quererte ni de amarte. Has sido mi musa en esta tediosa recuperación. Sé que no
hay palabras que puedan llenar este hueco, pero si me lo permites, me
encantaría recuperar el tiempo perdido y casarme contigo. A lo mejor no es en
Pedraza, pero en este jardín tan precioso, sería un buen lugar.
-
¿Y este señor quién es? – pregunta Indira
mientras se esconde detrás de las piernas de Marina.
-
(Marina se agacha a la altura de Indira) –
Cariño, este señor no es ninguna persona desconocida, por lo que no tienes que
tenerle miedo. Este señor tan guapo es Marcos, tu papá. El nombre que más he
nombrado en esta casa desde que tú eras pequeña – comenta con lágrimas en los
ojos, pero no de tristeza, sino de emoción.
Diego da un paso adelante, con paso decidido y firme,
con semblante muy frío y calculador.
-
¡Esto es absurdo! ¡Tú estás muerto! ¡Tú…tú
desapareciste! – responde Diego.
Marcos lo mira con una mezcla de serenidad y con mucha furia en sus ojos.
-
¡Qué equivocado estás, Diego! No desaparecí.
Más bien me hicieron desaparecer. Y tú de eso sabes más de lo que dices – termina
la frase con una sonrisa grande que decora su rostro ante las miradas
desconcertadas de todos los familiares.
Todos siguen en estado de shock por la llegada inesperada de Marcos.
La música se ha detenido. Indira abraza a su madre, que apenas puede contener
el aliento. Diego está rígido, con el rostro tallado en piedra. Marcos se
posiciona en un lugar privilegiado, donde ve a todo el mundo y cerca a Diego.
Comienza a hablar…
- Cinco
años…cinco años donde he vivido momentos desagradables. Aparecí casi muerto en
una avenida muy peligrosa de Houston; me trasladaron a toda velocidad por esa
ciudad hasta llegar al Houston Methodist; en el quirófano casi muero; estuve en
la UCI varios días; desperté con amnesia moderada; he tenido un equipo médico
increíble que lo dieron todo por mí sin que nadie supiera quién era yo. Pasé
por muchas sesiones de terapia, interrogatorios, heridas abiertas y recuerdos
rotos. Cinco años intentando entender por qué mi mejor amigo, al que
consideraba como un hermano, me traicionó.
- ¿De
qué estás hablando? ¿Me estás acusando a mí de tu desaparición? Yo también
sufrí tu pérdida, al igual que Marina o Ariadna – comenta Diego asustado,
intentando mantener la compostura.
- No,
Diego. Tú no sufriste nada, tú la provocaste. Fuiste tú el culpable por el que
me he perdido cinco años de mi vida, cinco años que no he visto crecer a mi
hija, cinco años que no he estado con mi mujer, cinco años que no he estado con
mi familia, porque la persona que yo consideraba mi sangre, me vendió a los
peores malhechores posibles – responde furioso Marcos.
Se produce un
silencio total. La madre de Marcos, al escuchar lo que está narrando su hijo,
se lleva la mano al pecho, se tambalea y cae desmayada. Su marido no ha podido
sujetarla. Ariadna acude rauda y veloz a reanimarla. Marina se cubra la boca
con sus manos, mientras que sus ojos se salen de sus cuencas.
- Diego,
¿de verdad has hecho todo esto? Dime que no es cierto – pregunta con mucha rabia
mientras se acerca a él a darle golpes en su pecho.
- Aquí
están los registros de las llamadas, las transferencias y el testimonio de un
paramédico en Houston. También tengo a dos personas que conoces muy bien: el
ruso y el camaleón, los que me secuestraron bajo tus órdenes. Te vendiste
Diego. Te vendiste al mejor postor. ¿Por qué? ¿Por celos, por amor no
correspondido? – pregunta Marcos.
- Yo
no soy el culpable de nada de lo que me acusas. Jamás te haría daño, lo sabes
bien – comenta asustado Diego y con voz temblorosa.
- Diego,
¿qué hiciste? – pregunta Marina con la voz cortante y muy fría.
- Yo
te lo explico Marina. Aquí, mi amigo, le dijo al camaleón que me quería “fuera
del mapa”. Y por poco que lo consigue. Me dejaron tirado como un animal en
medio de una avenida muy peligrosa a media noche. Pero claro, no contaste que
acabaría volviendo – explica Marcos.
- ¿Entonces,
eres mi papá de verdad? – pregunta asustada Indira.
- Sí
cariño. Ha regresado volando para poder estar hoy aquí contigo y celebrar tu
primer cumpleaños juntos – dice feliz Marina.
Diego intenta
justificarse.
- ¿Qué
quieres justificar, Diego? Aquí tengo también todos los correos, los extractos
de tus cuentas, los mensajes interceptados… ¿quieres que lo lea todo en voz
alta?
- Yo…estaba
confundido, no sabía lo que estaba haciendo. ¡Estoy enfermo! Debería tomar
medicación por mi enfermedad, pero no sigo las pautas y tengo episodios
complicados – comenta Diego.
- No,
Diego. Estabas muy lúcido el día que contactaste con esos hombres en Houston.
Estabas muy lúcido cuando me enterraste de forma simbólica.
- ¿Y
todo esto a qué viene, Diego? ¿Por no aceptar que no te amo, que nunca te he
querido de esa manera? – pregunta Marina desconsolada.
- ¡No
fue por ti, Marina! Fue por todo, por él, por lo que tenía… ¡Por lo que yo
nunca iba a tener! – responde furioso Diego.
En ese momento, dos personas vestidas de civil
salen al jardín con paso firme y decidido.
- Diego
Bellavista, soy el inspector Calloway y éste es mi colega, el inspector
Valiente. Queda usted detenido por conspiración, intento de homicidio,
secuestro y obstrucción a la justicia.
- ¿Va
a colaborar? – pregunta el inspector Valiente.
- ¡No!
¡Ustedes no me van a llevar a ningún lado! ¡Jamás me encerrarán!
En ese momento, Diego sale corriendo hacía la puerta trasera. Ariadna
y Marina gritan. Marcos se interpone en su camino y comienzan una pelea llena
de golpes entre ambos. Diego se abalanza sobre Marcos y ambos caen al suelo,
allí logra zafarse Diego y al abrir la puerta comprueba que una veintena de
policías rodean la casa. Luces rojas y azules decoran el jardín. Diego cae de
rodillas.
Unos días después, tras la detención de Diego, Marcos y Marina comienzan
a reconstruir su historia de amor. Es cierto que no va a ser fácil borrar de un
plumazo los cinco años que han estado separados, pero dicen que el amor es
capaz de sanar todas las heridas. Ambos pasean y conversan por las calles de
Salamanca, mientras Indira se ha quedado con sus abuelos. La paz parece que se
ha instalado de nuevo en la ciudad…hasta que se produce la peor de las
tragedias.
Después de todo lo ocurrido, Ariadna está muy contenta viendo cómo su
mejor amiga ha recuperado al amor de su vida y ella está muy feliz al lado de
su inspector. Tomás le ha pedido que hoy cenen fuera de casa, quiere darle una
sorpresa, por lo que ella, se ha ido a comprar unas cosas que hacen falta y ha
decidido pasar por peluquería. Ariadna va caminando por la Avenida de Mirat,
cuando un coche que conduce a gran velocidad, va disminuyéndola y se acerca al
lugar por donde ella camina mientras mira un mensaje recibido en su teléfono móvil,
cuando de pronto, una serie de disparos la hacen caer al suelo. Son disparos
certeros. Dos disparos en el pecho, uno en el abdomen y otro en la cabeza. El coche
vuelve a aumentar la velocidad, saltándose los límites como los semáforos. Los
viandantes que se encuentran en la zona salen raudos a auxiliarla y a taponarle
la hemorragia.
En el despacho de la comisaría, el inspector Valiente mira embelesado el
anillo de compromiso con el que juega entre sus dedos. Está feliz porque el tema
de Diego se ha solucionado y ahora todos pueden ser felices. Una historia con
final feliz… ¿o no? En ese momento, uno de los cabos de la comisaría entra con
paso firme y decidido al despacho del inspector sin llamar a la puerta, no hay
tiempo.
- Disculpe
inspector. Se ha producido un tiroteo en la Avenida de Mirat. Un vehículo
circulaba a gran velocidad y ha ido disminuyendo la marcha conforme se
acercaban a una mujer que iba caminando por la zona. Le han asestado cuatro
disparos: dos en el pecho, uno en el abdomen y uno en la cabeza. Lo siento
inspector, la persona a la que han acribillado es su novia, la señorita
Ariadna.
El inspector Valiente sale corriendo de su despacho vociferando a todas
las unidades ponerse en camino para encontrar a los desgraciados que han hecho esto.
Marcos y Marina llegan al hospital. La escena es desgarradora: Ariadna
está en el quirófano, debatiéndose entre la vida y la muerte. El disparo en el
abdomen ha sido superficial, no ha tocado ningún órgano importante, pero preocupan
dos: uno de ellos radica cerca del corazón y el otro está incrustado en el
cerebro. Los mejores neurocirujanos están en el quirófano para poder salvarla.
Durante su estancia en la cárcel, Diego acaba de recibir un mensaje
sospechoso a través de un móvil de prepago que tiene bien escondido, donde sólo
aparece en la pantalla el siguiente texto: “el trabajo ya está hecho. Esa
mujer no va a volver a hablar nunca más”.
Cuando ha leído el mensaje, coge un cuaderno y un bolígrafo y comienza a escribir:
“Nunca fue mi intención
hacerle daño a nadie, pero no puedo negar que estoy enfermo y mis celos
enfermizos han hecho que acabe solo y recluido en una celda de esta cárcel. No
he sido la persona ejemplar que todo el mundo deseaba que fuera. Quise ser el
mejor a costa de todos y eso me hizo perder la cordura. Pensé que nadie descubriría
nunca lo que había estado planificando durante años. Me dejé llevar por lo que
nunca sería mío: el amor correspondido, la atención, la vida que soñé y lo que
Marcos tenía.
He perdido un amigo que se
había convertido en un hermano, al que llegué a odiar con todas mis fuerzas.
Quise enterrarte en vida y regresaste con una fortaleza increíble.
A ti, Marina, me enseñaste
que se puede querer de verdad sin ningún tipo de artificios, aunque yo te quise
para mí, sabía que nunca sería correspondido.
A Ariadna, perdóname por todo
lo que te he hecho sufrir y pasar durante años. Eres la única mujer que, aún
sabiendo de mi enfermedad, me mirabas sin rencor. Cuando me enteré que fuiste tú la que me delató y le contó todo a Marcos, bajé a los infiernos y regresé
cargado de ira y de furia. Jamás me perdonaré lo que he mandado hacerte.
A Indira, mi pequeña
bailarina. Espero que nunca llegues a saber la persona que fui. Quédate con
esos buenos momentos donde jugábamos y reíamos felices.
Pido perdón por todo el daño
que os he hecho y espero que seáis felices para siempre. Me despido de todos.
Esta es la última vez que vais a saber de mí. Con el tiempo, espero que no me guardéis
rencor".
Diego Bellavista
Unas horas después, el guardia encuentra el cuerpo de Diego, en su celda,
tumbado boca arriba en su cama. Se ha cortado las venas con una cuchilla que le
había pedido a un preso. No hay nada que hacer. Al mirar en su escritorio,
encuentra una carta de despedida. Se activan los protocolos y se avisa a la
policía.
En el hospital, las horas se hacen eternas. Ariadna ha sobrevivido a la operación y se encuentra en cuidados intensivos. Según el médico, las próximas setenta y dos horas van a ser cruciales. Tomás Valiente jura que encontrará al responsable mientras llora desconsolado. En ese instante, su teléfono móvil comienza a sonar:
-
Inspector Valiente, ¿dígame?
-
Inspector, soy el cabo Buendía, le llamo para
informarle que se ha suicidado en su celda el señor Diego Bellavista y ha
dejado una carta de despedida. En ella afirma que ha sido el que dio la orden
de matar a Ariadna, porque sabe que fue ella la que descubrió todo el entramado
de la operación Houston.
-
Voy ahora mismo para ya.
Tres días después, con las setenta y dos horas a punto de cumplirse y
aunque Ariadna se encuentra en estado crítico, un fallo multiorgánico acaba con
su vida en un abrir y cerrar de ojos. El equipo médico se traslada a su
habitación rápidamente, pero no pueden hacer nada por reanimarla. Su estado era
muy preocupante y el que disparó sabía muy bien cómo hacerlo.
El inspector Valiente se ha encargado con la ayuda de Marina y de Marcos,
de preparar el funeral de Ariadna. La doctora Keller que sigue aquí en
Salamanca, está siendo de mucha ayuda a la hora de dar ánimos y consejos. Ha podido
salvar a Marcos, pero le apena no haber salvado también a Ariadna.
El entierro de Ariadna se producirá en Soria, de donde eran Marina y
ella. El inspector Valiente va a pedir excedencia
de un año para recuperarse de este golpe tan duro. Después, no sabe si regresará
a su carrera de inspector o decidirá tomar otro camino.
Una semana después, la doctora Alice Keller se marcha de nuevo para la
ciudad de Houston, ya que aquí ha cumplido su cometido: ayudar al doctor
Avellaneda a recuperar a su familia, aunque por ello haya tenido que perder a
una gran amiga.
Alice Keller termina
de facturar su maleta, mientras que Marcos la mira sonriente. El silencio entre
ellos no incomoda. Es el tipo de silencio que habla más que las palabras.
-
Cuando vine a Salamanca esperaba un final
feliz, no tan atropellado como ha ido sucediendo. Esperaba que esta historia no
acabara antes de tiempo – dice la doctora Keller.
-
Y no lo ha hecho. Ha terminado justo en el
momento que le correspondía. Gracias a ti hoy estoy vivo y de regreso con mi
familia – responde Marcos sonriente.
-
Me voy muy feliz sabiendo que Marina te
espera. Tu vida te está esperando para regalarte grandes momentos. Y aunque mi sitio
no es contigo…siempre estaré ahí, en una esquinita del mapa. Y, si por alguna
casualidad, se rompe algo, ya sabes dónde encontrarme.
-
No tengo palabras para poder agradecerte todo
lo que has hecho por mi durante estos cinco años. Nunca me dejaste solo, me
diste la mano para seguir avanzando, me escuchabas cuando lo que decía no tenía
sentido. Y si algún día necesitas que alguien te recuerde quién eres, búscame.
Alice se quita una pulsera que lleva en su muñeca desde hace años y se la
pone a Marcos.
-
Para que recuerdes que aún en los momentos
más duros…alguien creyó en ti.
El altavoz anuncia el vuelo que se dirige a Houston. Alice abraza a
Marcos. Un abrazo largo, silencioso y profundo. Se despide con una sonrisa, alejándose
sin mirar atrás, sabiendo que se ha cerrado un capítulo, aunque el vínculo va a
permanecer para siempre.
Marcos al ver
como se aleja por la puerta de embarque, susurra:
“Gracias
por devolverme a la vida, Alice Keller”.
El oasis de las Letras





Cristina ánimo sigue escribiendo enhorabuena
ResponderEliminar