I
Después de las últimas
aventuras con Super Miriam Karateca y Super Álex Spider, la tía Saga quería
descansar y recuperarse del resfriado que se trajo desde Laponia.
Mientras la tía
Saga hacía limpieza, sus queridos sobrinos la llamaron por teléfono.
-
Tía, soy Miriam. Álex y yo queremos que nos
lleves esta tarde a ver a los Reyes Magos al Ayuntamiento. ¡¡Por fi, por fi!!
-
Está bien. Os recojo sobre las cinco. Y no vale
meterme en más líos, que luego papá me regaña…
-
No pasa nada tía, a papá ya se le ha olvidado.
Anda que no se ha reído con todas nuestras aventuras – responde Miriam riéndose.
Con puntualidad
británica, a las cinco estaba en casa recogiendo a los dos para ir a ver a los Reyes.
Cuando llegamos al Ayuntamiento, había una fila muy larga y, aunque caían gotas
de agua nieve, ahí seguíamos, su ilusión era más fuerte que cualquier resfriado.
Cuando llegó nuestro
turno, Miriam se fue directamente con Baltasar y Álex se quedó con Gaspar, que
justamente se quedaba libre. Inmortalicé el momento con mi móvil, feliz porque
ambos estaban muy contentos con sus Reyes.
Al salir, Miriam
me pidió que fuéramos a merendar unas tortitas especiales que hacen en una pastelería
y, como no sé decir que no, allá nos fuimos los tres. Cuando iba a comenzar a tomar
mis tortitas de chocolate con oreo y kínder bueno, Miriam me hizo la pregunta del
millón.
-
Tía, ¿los camellos de los Reyes tienen nombre?
En ese momento,
un nudo se me hizo en la garganta. A ver como salía yo de esa pregunta…
-
Claro que sí. No son sus nombres oficiales, pero
cuenta la leyenda que el camello de Melchor se llama Pantuflas; el de Gaspar, Turbo
y, por último, el de Baltasar, Wifi.
-
¿En serio, tía? ¿De dónde te has sacado esos
nombres? – pregunta confusa Miriam.
-
Yo no me los he inventado. Se llaman así porque hay
un cuento especial de los Reyes y esos nombres fueron los elegidos – comenta la
tía con un toque de misterio e intriga.
Mientras Miriam
y la tía Saga están con la historia de los camellos, Álex no ha dejado ni una
miga de sus tortitas.
-
¿Qué hay una historia de los Reyes Magos y no me
la has contado? Pues ya estás tardando, tía… - pide con ilusión Miriam.
-
Pues veréis…el cuento dice así…
II
Erase una vez
una fría madrugada de finales del mes de diciembre. Los tres Reyes Magos
comenzaban a preparar su misión más especial. Llevar los regalos a todos los
rincones del mundo. Melchor repasaba una y otra vez la lista de los regalos
(para que no se pierda ninguno), Gaspar se ha encargado de abrillantar las
coronas y Baltasar…Baltasar está muy emocionado porque ha recibido un paquete.
-
¡Mirad! – exclamó Baltasar con la ilusión de un
niño -. He comprado una nueva brújula. Se llama “Brújula Galáctica 3000” y
viene de AliExpress. Según pone aquí, es mejor que la Estrella de Oriente. ¡Si
hasta tiene luces LED y música country!
Melchor comenzó
a suspirar. Esos inventos tan modernos no le gustaban, pero ha decidido darle
una oportunidad.
Con todo preparado
y listos para salir montados en sus camellos, la brújula comienza a pitar sin
control. En vez de seguir el camino marcado hacía España, van dirección a los
Alpes.
-
¡Baltasar, hacía dónde vamos! ¡Mi camello se
está congelando! – gritaba Melchor, que tenía un carámbano de hielo colgando a merced
de sus barbas blancas -. ¡Ese trasto no funciona! Mejor nos damos la vuelta por
donde hemos venido…
-
Paciencia, Melchor – decía Gaspar, que es el más
optimista -. Seguro que nos ha mandado por el camino más rápido, ya verás. ¡Hay
que pensad en la ilusión de los niños! Cuando abran sus regalos y se encuentren
los camiones de bomberos y las muñecas que han pedido.
Los camellos
estaban congelados y decidieron pararse. Se negaban a continuar su camino. El
camello de Melchor (Pantuflas) se puso en modo esquiador y comenzó a deslizarse
por las montañas, perdiendo así la mayoría de los caramelos que iban a
necesitar en la cabalgata. El de Gaspar (Turbo), se distrajo y se puso a comerse
un pino que había allí. Y el de Baltasar (Wifi), se puso a caminar hacia atrás siguiendo
al GPS.
De repente, Baltasar
decidió tocar el botón equivocado y la lio por completo. El botón “Modo Fiesta”
desconfiguró la brújula. Empezó a girar como si fuera una peonza y sólo repetía
una frase: “En la siguiente duna, gire a la derecha y salte al vacío”.
-
¡Bueno, ya está bien! – estalló Melchor muy
enfadado -. No llegamos. Los niños, a este paso, no van a abrir los regalos, más
bien, porque no hemos llegado a nuestro destino. ¡Me rindo!
-
Espera, Melchor, no te enfades – decía con su
tono habitual Baltasar -. Estoy configurando la brújula, verás. Ahora sí. Mira.
La brújula
vuelve a iniciarse y comienza a decir: “Ha llegado a su destino: el
triángulo de las Bermudas”.
-
¡Por las barbas de mi abuelo, Baltasar, apaga
ese trasto de una vez! – gritó enfurecido Melchor. ¡Estamos en medio de un pantano
y Pantuflas lleva una rana sentada en su cabeza!
-
¡Es tecnología punta, Melchor! Lo que ocurre es
que tú eres un anticuado, no te has pasado a los más modernos…- respondió Baltasar
intentando sacudir nuevamente la brújula -. ¡Mirad, ahora sale un holograma de
un camello bailando samba!
-
Baltasar, ¡me da igual los hologramas o los
inventos! – rugió Melchor con la cara como un tomate-. Ese aparato tuyo dice
que la Estrella de Oriente es “un fallo de iluminación” …
Mientras los
Reyes seguían discutiendo y dando vueltas, sus camellos habían decidido
portarse mal para llamar la atención:
El camello de
Melchor (Pantuflas) se puso en huelga. Se sentó en medio del camino y dijo
que de ahí no se movía, que antes tenían que darle sus dátiles rellenos de chocolate
premium.
El camello de
Gaspar (Turbo), decidió tomarse al pie de la letra su nombre y comenzó a
correr en círculos a toda velocidad, que provocó un tornado. Los juguetes de
Playmobil que llevaba salieron volando y acabaron desperdigados por la zona.
El camello de
Baltasar (Wifi), estaba tan confundido por la dichosa brújula que comenzó a
intentar caminar por las paredes de la montaña como si fuera una cabra montesa,
dejando al rey boca abajo en varias ocasiones.
-
¡Se acabó! – dijo Melchor bajándose de Pantuflas
(que seguía comiendo sus dátiles y su chocolate premium)-. ¡Yo me vuelvo a
Oriente como sea! Baltasar, ¿Cómo se te ha ocurrido borrar nuestro mapa-satélite?
Has perdido el norte y ahora ese chisme se ha puesto a pedir pizzas por satélite.
-
¡No seas tan dramático, Melchor, ni que se acabara
el mundo hoy! – respondió Baltasar, intentando configurar el idioma de la
brújula, pero sin querer, colocó el maronés antiguo-. Solo es un pequeño fallo.
Veréis como lo arreglo en un plis plas. Gaspar, porfa, dile algo…
-
¡Yo solo quiero llegar! – gritó desesperado Gaspar,
que estaba intentado recoger todos los juguetes que había desparramado Turbo-.
He perdido varios Scalextric y para colmo, una Barbie se ha estrellado en mi
cabeza.
III
Pero como en todas
las historias, la ilusión puede más que el miedo. Mientras la tía Saga cuenta el
cuento de los Reyes Magos, se da cuenta que Álex y Miriam han desaparecido de
la pastelería.
-
¡Y será verdad, otra vez no!
En la mesa
aparece un mensaje que dice: “Tía, no te enfades, los Reyes Magos nos han
pedido ayuda. Baltasar la ha liado con una brújula y se han perdido. Nos vemos
en la cabalgata. Te queremos”
En ese momento,
el cielo se ilumina. No era la brújula, era la brillante y acrobática Super Miriam
Karateca, que con una patada al aire aterrizó rompiendo el sonido de la fría
noche: “KIAA”.
-
¡Por fin os hemos encontrado! – exclamó Miriam-.
¿Se puede saber qué hacéis aquí? ¿De verdad, no sabéis leer un mapa de
estrellas? Estáis en las montañas de los Alpes y ¡deberíais estar llegando a Villa
Caramelo!
Miriam fue
directa a por Pantuflas y, con una sola mano (gracias a su fuerza de Karateca),
lo levantó del suelo a la primera. – A desfilar por las calles, ¡camello vago! –
le dijo con la mirada más firme que una niña con 7 años puede poner. El camello
se puso firme como un soldado.
Mientras, Super
Álex Spider, apareció colgado de su famosa tela de araña que se le había enganchado
en una nube. – Tranquilos, Majestades, ¡estoy bien! ¡Mi sentido arácnido está
intacto!
Super Álex Spider
lanzó una red muy pegajosa y atrapó todos los regalos que estaban desperdigados
y con una pirueta típica suya, le arrebató a Baltasar la brújula. – Esto me lo
quedo yo para analizarlo en mi laboratorio – dijo riéndose.
Cuando ya habían
organizado todo, la Estrella de Oriente volvió a aparecer sonriente y brillante,
iluminando el cielo como si fuera de día. Con Super Miriam Karateca dirigiendo
la formación a base de movimientos que solo ella conoce y Super Álex Spider vigilando
desde las alturas que nadie se perdiera (y menos los regalos), los Reyes Magos
llegaron a Villa Caramelo.
IV
Y llegó el
momento más esperado del año. La cabalgata de los Reyes Magos. Donde la ilusión
atrapa a grandes como a pequeños, porque durante el día de hoy, todos volvemos
a ser niños y niñas y a sentir esa magia que conocemos tan bien.
Aunque el cielo
tiene cara de lluvia, ha dejado que todos salgamos a disfrutar de este día.
Todo está preparado. Los camellos se han quedado cobijados en una nave cercana,
para entrar en calor y poder degustar los manjares suyos. Tienen que coger
fuerzas para esta noche. Mientras, Melchor, Gaspar y Baltasar se preparan para
subir a sus carrozas pertinentes.
-
Melchor, quería pedirte perdón – dice el rey Baltasar-.
Me he equivocado y llevabas razón. Lo mejor es el medio tradicional. Prometo no
liarla nuevamente.
-
Se agradecen las disculpas, Baltasar. Menuda
vuelta nos has hecho dar. Tan pronto estábamos en los Alpes, como en el
triángulo de las Bermudas…la próxima vez, tú te encargas de revisar la lista de
los regalos y yo me encargo de los pedidos, no vaya a ser que acabemos en
Pekín.
Ambos se sonríen
y finalmente se dan un abrazo cálido y sincero. Los tres se marchan a sus
carrozas y comienza el desfile.
-
¡Por fin os encontré! – dice la tía Saga, que
acaba de llegar al desfile-. ¡Y, Miriam dónde está?
-
No te lo vas a creer tía…va dentro de la cabalgata.
Es una de las carteras reales – responde muy ilusionado Álex.
La tía Saga se sonríe
porque su cuento se ha transformado. Nunca imaginó que esa historia que escribió
hace tantos años, se hubiera hecho realidad.
Cuando el sol
comienza a asomar, a pesar de la noche tan gélida que había hecho, Super Miriam
Karateca y Super Álex Spider se despiertan.
-
Miriam, ¡ya es de día! ¿Habrán llegado ya los Reyes?
– pregunta muy ilusionado Álex.
-
Solo hay una forma de saberlo. ¡Vamos a ver! – responde
Miriam.
Al bajar al
salón, allí estaban los regalos que habían pedido. También había un sobre
dorado con sello real y dos paquetes más.
Al abrir cada
uno el suyo, Miriam se encontró con un cinturón negro de seda mágica. Al ponérselo,
sintió que sus movimientos de kárate eran mucho más ágiles y rápidos y, además,
¡podía caminar por las nubes sin caerse!
Para Álex, el
regalo fue un trabajo en equipo. Eran unos lanzadores de oro y plata. Así, sus
redes no se romperían más y brillarían con la luz de la Estrella de Oriente, permitiéndole
así vigilar la ciudad, incluso, en las noches más frías y oscuras.
Después de abrir
los regalos, cogieron ese sobre que había al pie del árbol. Miriam lo abrió con
sumo cuidado, mientras papá y mamá los observaban desde la puerta sin hacer
ruido. El pergamino olía a incienso y mirra.
“Queridos Super Miriam Karateca y Super Álex
Spider:
Gracias por salvarnos del viaje a los Alpes y de
no acabar dando vueltas por el triángulo de las Bermudas.
Miriam, muchas gracias por poner firmes a los
camellos traviesos. Pantuflas todavía tiembla cuando escucha la palabra “HIAA”.
Álex, gracias por recoger todos los regalos con tus redes; sin vosotros, este
año los niños y niñas no hubieran tenido regalos.
Esperemos que nuestros regalos de última hora os
hayan gustado. Porque este mundo necesita personas mágicas como vosotros. Si
no, el mundo sería muy aburrido.
PD. Baltasar nos ha prometido no volver a
comprar nada por internet, al menos, hasta el verano.
Con todo nuestro cariño: Melchor, Gaspar y
Baltasar.
El Oasis de las Letras








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