¿Qué pasó con el vuelo MH370?

 



I

Después del susto de Londres, Asier aceptó parar y recuperarse. El médico le dio la baja unas semanas, le mandó medicación y lo animó a realizar deporte para mantener la mente ocupada, aparte de las carreras de running que hace todos los días.

Asier ha sido un paciente bueno y a la vez, con mucho carácter, porque desde que llegaron a España, sus mejores amigos Iker, Mikel e Ibai, se trasladaron a su casa a estar con él mientras se recuperaba. Al principio iba todo bien, pero ya sabemos todos que la convivencia es otra cosa. Después de varias semanas, Asier recibió el alta y con ello, mandó a sus respectivas casas a sus amigos. Asier tenía claro que eso de convivir con otras personas no estaba hecho para él, le gustaba la monotonía de vivir solo, de hacer la limpieza los sábados, de seguir haciendo la compra para uno entre semana y de disfrutar de su soledad. Desde que se quedó huérfano hace varios años, ha sabido ser una persona independiente.

Asier tiene una hermana mayor, que vive y trabaja en Japón, pero con la que tiene poca relación, ya que comparten el mismo padre, pero diferente madre. Hablan de vez en cuando, pero poco más. Ella lo ha invitado varias veces a Japón, pero él se niega a ir, son muchas horas en un avión.

Hoy en Mundaka el cielo ha amanecido muy enmarañado, con unas nubes grises que se van oscureciendo conforme avanzan los minutos. En la radio han comentado que lo que comenzó siendo un huracán en categoría 4, ha ido perdiendo potencia y llegará al norte de la península en forma de precipitaciones abundantes y tormentas fuertes. Por ello, en Mundaka se están preparando para evitar posibles desastres.

Asier se ha levantado de buen humor y se ha ido a la redacción del Faro Invisible. Al llegar, sus compañeros lo han recibido con aplausos y abrazos por su pronta recuperación. Cuando ha llegado a Marga, lo ha mirado como quien mira a una pared y le ha dicho:

-          Buenos días Asier, me alegra verte. El jefe te está esperando. Cuando pases, cierra la puerta, gracias.

-          Buenos días para ti también Marga, espero que no me hayas echado de menos.

-          Ja ja ja. Espera que me ría Asier. Tampoco es que seas la persona más importante del planeta, solo eres uno más en la redacción. Adiós, cariño – responde con su sarcasmo habitual.

-          Qué maja eres, Marga. Un placer verte, como todos los días.

Al pasar al despacho, Unai se está fumando un habano que le mandan desde Santo Domingo, pero, claro está, su Mentxu no puede saber que fuma, porque si lo supiera, podrían pasarle muchas cosas y él, manda en su trabajo, pero en casa, manda su mujer.

-          ¿Perooo, qué estoy viendo? Pasa muchacho, qué ganas teníamos de verte todos por aquí. Menudo susto diste en Londres. ¿Estás ya recuperado del todo? – dice mientras le da un abrazo de oso a Asier.

-          Hola Unai. Sí, ya voy estando mejor, pero al 100%, no llego todavía.

-          Me alegro de verte, de verdad. Pero a lo que vamos. Hemos estado haciendo limpieza en la sala de los recortes, llamada así cuando no teníamos todo informatizado. Hemos estado recopilando archivos para digitalizar y ha aparecido esta carpeta sobre un caso. Realmente no lo he mirado, así que, puedes organizarlo y así escribes una crónica distinta. No quiero agobiarte como he hecho anteriormente. Poco a poco.

-          ¿Entonces no sabes qué hay realmente en la carpeta, Unai? – pregunta extrañado Asier.

-          Pues solo sé que hay recortes, algunos mapas y una nota extraña que no sé quién la escribiría…dice algo así como: “haz que el mundo recuerde lo que no se quiere saber”.

-          Eso es raro Unai. Pero bueno, yo me encargo de echarle un vistazo y te preparo una crónica como siempre.

-          Perfecto. Espero tu borrador en unas semanas. Sigue así, muchacho. Llegarás lejos.

Al salir del despacho, Asier se lleva la carpeta a su mesa de trabajo. Ahí tiene mucho que organizar y que empezar a darle forma. Como se aproximan fuertes lluvias, Unai decide que se marchen a casa a trabajar por lo que pueda ocurrir. Pueden teletrabajar desde casa. Así que todos se marchan.

En casa, Asier ha dejado todo preparado por si las fuertes tormentas provocan cortes de luz. Así que se pone a trabajar entre el ordenador y la carpeta. Asier comprueba que hay muchos recortes de un avión, información desconcertante, varias notas con frases enigmáticas…

Al redactar la crónica sobre la última señal del vuelo, su ordenador se apaga a las 00:41h.  De pronto, un rayo ilumina la habitación y la luz desaparece del bloque de pisos donde vive Asier. Todo se queda a oscuras.

II

            Por increíble que parezca, sin saber cómo ni por qué, Asier se despierta en la cabina del Boeing 777. El zumbido que producen los motores lo sobresalta, pero lo que más le inquieta son las voces que no reconoce, frases entrecortadas, como si se hablara entre susurros. Mira a su alrededor. No ve a los pilotos. Al mando, no hay nadie.

El panel de navegación parpadea y de pronto, se queda a oscuras. En la pantalla, la ruta trazada desde Kuala Lumpur a Pekín desaparece. Hay algo que no va bien, no cuadra. No sabe cómo ha llegado hasta allí y menos que hace viajando en ese avión. No recuerda haber hablado con su hermanastra Anne para ir a verla. Todo parece muy extraño.

Entonces, un destello le atraviesa su mente, es una imagen fugaz, que le produce un fuerte dolor de cabeza. Un poss-it amarillo pegado en el margen del ordenador, dice: “no sigas hacía el sur”.

¿Qué tipo de advertencia es esa? ¿Quién lo ha escrito?

La pantalla del navegador vuelve a funcionar. El radar se mueve. El avión comienza a girar. Se produce una sacudida. Otra más. El Boeing 777 comienza a descender a pasos agigantados, alejándose del corredor aéreo. Vamos perdiendo cobertura. El sistema de comunicación se desactiva. El trasponedor, apagado. El silencio se hace patente.

Asier siente que lo observan. Hay alguien más en este avión. Tiene que haber alguna razón para que él esté allí. Y la única razón tiene que ver con la nota que alguien escribió: “no sigas hacía el sur”. Está relacionado con el año 2014. Con lo que nunca se encontró.

III

Asier ha llegado a la isla de Reunión, preparado como siempre, con su inseparable grabadora, su libreta desgastada y en su cabeza, rondaba una pregunta peculiar: ¿Qué había visto ese pescador realmente?

El hombre, curtido en años y en salitre, decía haber encontrado un fragmento de un ala del Boeing 777 entre las rocas de la isla, meses antes de que las autoridades confirmaran que esa ala pertenecía a los restos del Boeing 777.

Cuando Asier llegó a la playa, no había nadie. Estaba desierta. El cielo, parecía que lo pintaban de colores más oscuros, tirando a negro. Se preveían lluvias fuertes. El mar, tranquilo. El pescador, no apareció.

Siete horas después, Asier se despertó en la arena de la playa, con la ropa mojada y la garganta reseca. Comenzó a toser. No recordaba qué hacía allí. No había olas. Nadie hablaba, el silencio reinaba. No había nadie con él.

Sacó su móvil del bolsillo y se encontró con tres grabaciones que no recordaba haber grabado. La primera era como un zumbido grave, fuerte, como si fuera el de una turbina a punto de explotar. La segunda, era un pitido intermitente, como si un radar estuviera buscando algo. La tercera, era una voz distorsionada, pero solo se entendía una frase de forma clara: “no fue un accidente”.

Asier se quedó petrificado escuchando una y otra vez el tercer mensaje. “No fue un accidente”. ¿Qué significaba eso? Además, la voz le sonaba familiar. Como si la hubiera escuchado antes, Pero, ¿dónde?

Esa noche, incapaz de dormir, buscó la lista de pasajeros del vuelo MH370. De todos esos nombres, uno le llamó la atención. No podía ser cierto. No. Mismo apellido. Mismo año de nacimiento. Una foto dañada y antigua por el paso del tiempo. Esa mirada le heló la sangre.

Tenía la sensación de mirarse en un espejo roto.

IV

Asier comienza a parpadear. El zumbido de las turbinas a punto de explotar desaparece. Todo se disuelve como un mal sueño. Está sentado frente a su ordenador en su mesa de trabajo, con todos los papeles y notas desperdigados por el suelo. No sabe cómo ha llegado a Mundaka. Él ha estado en el Boeing 777. Lo sabe. No tiene dudas. Sabe que ha estado siete horas en una playa. Pero siete horas que parecen borradas, que no existen.

Su mente sigue recapitulando el mismo mensaje: “no fue un accidente”. La frase se repite en su cabeza una y otra vez.

Asier escribe, pero no como periodista ni como testigo, escribe para contar historias que nadie quiere que se cuenten. Él es el elegido. La persona que tiene el don de revivir momentos del pasado que nadie se cree o, mejor dicho, que nadie quiere recordar. Fragmentos del vuelo MH370, coordenadas imposibles, nombres que se cruzan con el suyo, personas que no conoce o grabaciones que no debería tener.

Cuando termina de escribir la crónica, sabe que no es una noticia cualquiera, no, es un umbral, es traspasar la línea imaginaria donde radica el bien y el mal. Es un mensaje. Es un espejo roto que refleja algo que está en las profundidades.

Prepara el borrador para entregársela a Unai. Lo que él ha vivido, no cabe en ningún titular.

V

       Asier llega al periódico y Marga le dice que Unai lo está esperando en su despacho. Le advierte que está nervioso y a la vez, asustado. Asier se queda preocupado, aún así, entra al despacho.

-          Buenos días, Unai. Me ha dicho Marga que querías verme.

-          Sí, muchacho. Pasa y cierra la puerta, por favor. Tengo que hablar contigo de forma urgente.

-          Tú dirás, Unai.

-          Asier, cuando hace unas semanas te dije que escribieras una crónica con los recortes y mapas que te hice entrega, no esperaba lo que has escrito. Esa crónica es muy dura. Además, yo no recuerdo haber escuchado nada de ningún vuelo de la compañía Malaysia Airlines que se perdiera en pleno Océano Índico. Ese desastre que tú narras en esta historia nunca ha existido. Asier, estoy muy preocupado por ti.

-          Unai, te prometo que lo que he escrito es cierto. Ese vuelo de la compañía Malaysia Airlines despegó el 8 de marzo de 2014 con 239 personas a bordo, contando pasajeros y tripulantes, desde Kuala Lumpur (Malasia) a Pekín (China). Fue un Boeing 777. 

-          Muchacho, me estás preocupando. No hay datos de que ningún avión de esas características haya desaparecido.

-          Déjame contarte Unai. Resulta que ese avión despegó a las 00:41h de la madrugada desde Kuala Lumpur y desapareció de los radares de navegación menos de una hora después, cerca del Golfo de Tailandia. Poco después, los radares militares detectaron que el avión, cambió de rumbo sin avisar a la torre de control, dirección al suroeste, cruzando la península malaya y luego girando hacia el sur sobre el Océano Índico. El último contacto con el satélite fue 7 horas y media después del despegue, lo que nos da a entender que el avión estuvo horas volando tras perder el contacto.

-          ¿Qué más has averiguado, Asier?

-          Por lo que he estado investigando, fue la mayor operación de búsqueda tanto área como submarina de la historia, que fue liderada entre varios países, como son Australia, Malasia y China. Entre el año 2015 y 2016, se hallaron varios restos confirmados de ese Boeing 777 en playas del Océano Índico, por las zonas de Reunión, Mozambique y Tanzania. Lo que confirmaba que el avión posiblemente se estrelló en el mar.

-          ¿Y dónde se encuentra el resto del avión, junto a los pasajeros y el fuselaje?

-          Esa es la pregunta del millón, Unai. No hay confirmaciones oficiales ni la ubicación exacta del lugar del siniestro. Lo único que se sabe es que la búsqueda oficial se suspendió en el año 2018.

-          ¿Qué tipo de teorías o hipótesis se llevaron a cabo?

-          Hay muchas contradicciones e hipótesis, pero no sabemos cuál será. Se dijo que pudo ser un fallo técnico o un incendio, pero algunos expertos sugieren que esa podría ser lo que dejó a la tripulación incapacitada; otra de las hipótesis nos lleva a que fuera un fallo humano, es decir, el capitán pudo haber desviado intencionadamente el avión; y la tercera y última, que podría haber sido un sabotaje o secuestro. Pero no hay evidencias sólidas que lo corroboren.

-          Asier, voy a publicar esta crónica, pero por favor, no vuelvas a investigar casos que no hayan salido antes en las noticias. Porque no estoy yo muy convencido que esta noticia sea cierta. Además, eres mi mejor periodista y tengo miedo de que algún día, pueda ocurrirte algo.

-          No te preocupes Unai, no tienes de qué preocuparte, de verdad. Mira, aquí tengo la carpeta que me diste con todas las anotaciones. Mira, mira.

-          Asier, en esta carpeta solo hay recortes y anotaciones de comienzos del año 2000, sobre hechos acaecidos aquí en Mundaka…aquí no hay nada relacionado con Kuala Lumpur, ni Pekín, ni Océanos, ¡ni leches en vinagre!

-          Unai, no puede ser, había muchas anotaciones y detalles sobre ese avión, te lo juro, de verdad, esto no puede ser verdad…

-          Asier, creo que deberíamos dejar de publicar estos artículos. Te están haciendo mucho daño.

-          Ni hablar, Unai. No pienso dejar de investigar por nada del mundo.

-          Ya hablaremos, Asier. Y ahora, a trabajar en las noticias sobre Mundaka…

VI

Crónica: ¿Qué fue del vuelo MH370?

Por Asier Aretxaga | Isla de Reunión

No es la primera vez que escribo cosas que me ocurren, pero sé que pasan. No me pregunten cómo llegué al Boing 777. Ni mucho menos cómo regresé de allí. Pero lo único cierto de la historia, es que estuve allí. Viví ese momento.

Hay un vuelo de la compañía de Malaysia Airlines que desapareció de la faz de la tierra un 8 de marzo de 2014, con 239 pasajeros a bordo. Durante varios años, se ha hablado de múltiples teorías sobre qué ocurrió ese día, como puede ser el sabotaje, el secuestro, rutas imposibles, restos hallados en playas remotas…pero nadie ha contado lo que yo viví y sentí. Por una razón. Nadie me creería.

Estuve en la isla de Reunión, me cité allí con un pescador que se encontró una parte del ala del avión. Era una pieza real, que precisamente fue confirmada por las autoridades. Pero, la verdad, es que ese pescador, nunca llegó al lugar donde habíamos quedado. En cambio, el que apareció allí, fui yo. Estuve en esa isla siete horas. No recuerdo nada de lo que ocurrió allí.

Al regresar, me encontré en mi teléfono móvil tres grabaciones peculiares, por llamarlas de alguna manera. De todas, una de ellas me llamó la atención, porque la voz me recordaba a una persona familiar, pero solo entendí una frase que, a día de hoy, sigue martilleándome la cabeza: “no fue un accidente”.

Desde ese momento, todo en mi cabeza está borroso. Por más que he investigado y buscado, solo he encontrado coincidencias inquietantes entre mi propia vida y la de uno de los pasajeros desaparecidos. Compartimos apellido. El mismo año de nacimiento. Una foto dañada y antigua por el paso del tiempo. Parece un reflejo roto de mí mismo.

No puedo ni pretendo explicar lo que no tiene explicación. Solo puedo narrar lo que yo viví. Y os puedo asegurar que lo que viví no fue un accidente. Fue un mensaje, una advertencia. Una historia, que lamentablemente, aún no se ha cerrado, sigue abierta, esperando respuestas.

Con esta crónica busco respuestas a preguntas que no conozco.

NOTA DEL DIRECTOR.

Publicado en el Faro Invisible, edición especial del mes de diciembre.

Por Unai Zubizarreta, director del Faro Invisible

Hay historias que merecen ser contadas, a pesar de resistirse al paso del tiempo.

La crónica que hoy publica este periódico, de nuestro periodista Asier Aretxaga, no es una reconstrucción de los hechos acaecidos, sino una grieta que todavía no se ha cerrado. Es un eco que atraviesa el tiempo desde la cabina de un avión que nunca llegó a su destino. No hay forma de explicar qué ocurrió en ese avión. Pero tampoco podemos negar lo qué pasó.

Las grabaciones de las que Asier ha hecho referencia, sí existen. El pescador desapareció. Y el nombre que aparece en la lista de pasajeros coincide con la misma mirada que tiene nuestro periodista. Es como si el vuelo MH370 hubiera regresado de nuevo, no cambiando de forma, sino a través de una persona. Como si esa persona siguiera escribiendo la historia.

Como director de este periódico, he decidido publicar de forma íntegra este relato. Por lo que provoca. Porque hay verdades que se sienten, que se pueden palpar. Y, porque este mundo está lleno de lugares donde la lógica desaparece.

En la próxima entrega, la historia nos llevará a un lugar donde las brújulas no fallan, las sombras se duplican y los árboles parecen recordar lo que los humanos queremos olvidar.

Allí, otra historia quiere ser contada por nuestro mejor periodista.

Aunque como suele ocurrir en estos relatos, seguramente el periodista no es quien la escriba…

El Oasis de las Letras

 

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