I
Después del susto de Londres, Asier aceptó parar y recuperarse. El médico
le dio la baja unas semanas, le mandó medicación y lo animó a realizar deporte
para mantener la mente ocupada, aparte de las carreras de running que hace
todos los días.
Asier ha sido un paciente bueno y a la vez, con mucho carácter, porque
desde que llegaron a España, sus mejores amigos Iker, Mikel e Ibai, se
trasladaron a su casa a estar con él mientras se recuperaba. Al principio iba
todo bien, pero ya sabemos todos que la convivencia es otra cosa. Después de
varias semanas, Asier recibió el alta y con ello, mandó a sus respectivas casas
a sus amigos. Asier tenía claro que eso de convivir con otras personas no
estaba hecho para él, le gustaba la monotonía de vivir solo, de hacer la
limpieza los sábados, de seguir haciendo la compra para uno entre semana y de
disfrutar de su soledad. Desde que se quedó huérfano hace varios años, ha
sabido ser una persona independiente.
Asier tiene una hermana mayor, que vive y trabaja en Japón, pero con la
que tiene poca relación, ya que comparten el mismo padre, pero diferente madre.
Hablan de vez en cuando, pero poco más. Ella lo ha invitado varias veces a
Japón, pero él se niega a ir, son muchas horas en un avión.
Hoy en Mundaka el cielo ha amanecido muy enmarañado, con unas nubes
grises que se van oscureciendo conforme avanzan los minutos. En la radio han
comentado que lo que comenzó siendo un huracán en categoría 4, ha ido perdiendo
potencia y llegará al norte de la península en forma de precipitaciones
abundantes y tormentas fuertes. Por ello, en Mundaka se están preparando para
evitar posibles desastres.
Asier se ha levantado de buen humor y se ha ido a la redacción del Faro
Invisible. Al llegar, sus compañeros lo han recibido con aplausos y abrazos por
su pronta recuperación. Cuando ha llegado a Marga, lo ha mirado como quien mira
a una pared y le ha dicho:
-
Buenos días Asier, me alegra verte. El jefe
te está esperando. Cuando pases, cierra la puerta, gracias.
-
Buenos días para ti también Marga, espero que
no me hayas echado de menos.
-
Ja ja ja. Espera que me ría Asier. Tampoco es
que seas la persona más importante del planeta, solo eres uno más en la
redacción. Adiós, cariño – responde con su sarcasmo habitual.
-
Qué maja eres, Marga. Un placer verte, como
todos los días.
Al pasar al despacho, Unai se está fumando un habano que le mandan desde
Santo Domingo, pero, claro está, su Mentxu no puede saber que fuma, porque si
lo supiera, podrían pasarle muchas cosas y él, manda en su trabajo, pero en casa,
manda su mujer.
-
¿Perooo, qué estoy viendo? Pasa muchacho, qué
ganas teníamos de verte todos por aquí. Menudo susto diste en Londres. ¿Estás
ya recuperado del todo? – dice mientras le da un abrazo de oso a Asier.
-
Hola Unai. Sí, ya voy estando mejor, pero al
100%, no llego todavía.
-
Me alegro de verte, de verdad. Pero a lo que
vamos. Hemos estado haciendo limpieza en la sala de los recortes, llamada así
cuando no teníamos todo informatizado. Hemos estado recopilando archivos para
digitalizar y ha aparecido esta carpeta sobre un caso. Realmente no lo he
mirado, así que, puedes organizarlo y así escribes una crónica distinta. No
quiero agobiarte como he hecho anteriormente. Poco a poco.
-
¿Entonces no sabes qué hay realmente en la
carpeta, Unai? – pregunta extrañado Asier.
-
Pues solo sé que hay recortes, algunos mapas
y una nota extraña que no sé quién la escribiría…dice algo así como: “haz que
el mundo recuerde lo que no se quiere saber”.
-
Eso es raro Unai. Pero bueno, yo me encargo
de echarle un vistazo y te preparo una crónica como siempre.
-
Perfecto. Espero tu borrador en unas semanas.
Sigue así, muchacho. Llegarás lejos.
Al salir del despacho, Asier se lleva la carpeta a su mesa de trabajo.
Ahí tiene mucho que organizar y que empezar a darle forma. Como se aproximan
fuertes lluvias, Unai decide que se marchen a casa a trabajar por lo que pueda
ocurrir. Pueden teletrabajar desde casa. Así que todos se marchan.
En casa, Asier ha dejado todo preparado por si las fuertes tormentas
provocan cortes de luz. Así que se pone a trabajar entre el ordenador y la
carpeta. Asier comprueba que hay muchos recortes de un avión, información
desconcertante, varias notas con frases enigmáticas…
Al redactar la crónica sobre la última señal del vuelo, su ordenador se apaga
a las 00:41h. De pronto, un rayo ilumina
la habitación y la luz desaparece del bloque de pisos donde vive Asier. Todo se
queda a oscuras.
II
Por increíble que parezca, sin saber
cómo ni por qué, Asier se despierta en la cabina del Boeing 777. El zumbido que
producen los motores lo sobresalta, pero lo que más le inquieta son las voces
que no reconoce, frases entrecortadas, como si se hablara entre susurros. Mira
a su alrededor. No ve a los pilotos. Al mando, no hay nadie.
El panel de navegación parpadea y de pronto, se queda a oscuras. En la
pantalla, la ruta trazada desde Kuala Lumpur a Pekín desaparece. Hay algo que
no va bien, no cuadra. No sabe cómo ha llegado hasta allí y menos que hace
viajando en ese avión. No recuerda haber hablado con su hermanastra Anne para
ir a verla. Todo parece muy extraño.
Entonces, un destello le atraviesa su mente, es una imagen fugaz, que le
produce un fuerte dolor de cabeza. Un poss-it amarillo pegado en el margen del
ordenador, dice: “no sigas hacía el sur”.
¿Qué tipo de advertencia es esa? ¿Quién lo ha escrito?
La pantalla del navegador vuelve a funcionar. El radar se mueve. El avión
comienza a girar. Se produce una sacudida. Otra más. El Boeing 777 comienza a
descender a pasos agigantados, alejándose del corredor aéreo. Vamos perdiendo
cobertura. El sistema de comunicación se desactiva. El trasponedor, apagado. El
silencio se hace patente.
Asier siente que lo observan. Hay alguien más en este avión. Tiene que
haber alguna razón para que él esté allí. Y la única razón tiene que ver con la
nota que alguien escribió: “no sigas hacía el sur”. Está relacionado con
el año 2014. Con lo que nunca se encontró.
III
Asier ha llegado a la isla de Reunión, preparado como siempre, con su
inseparable grabadora, su libreta desgastada y en su cabeza, rondaba una
pregunta peculiar: ¿Qué había visto ese pescador realmente?
El hombre, curtido en años y en salitre, decía haber encontrado un
fragmento de un ala del Boeing 777 entre las rocas de la isla, meses antes de
que las autoridades confirmaran que esa ala pertenecía a los restos del Boeing
777.
Cuando Asier llegó a la playa, no había nadie. Estaba desierta. El cielo,
parecía que lo pintaban de colores más oscuros, tirando a negro. Se preveían
lluvias fuertes. El mar, tranquilo. El pescador, no apareció.
Siete horas después, Asier se despertó en la arena de la playa, con la
ropa mojada y la garganta reseca. Comenzó a toser. No recordaba qué hacía allí.
No había olas. Nadie hablaba, el silencio reinaba. No había nadie con él.
Sacó su móvil del bolsillo y se encontró con tres grabaciones que no
recordaba haber grabado. La primera era como un zumbido grave, fuerte, como si
fuera el de una turbina a punto de explotar. La segunda, era un pitido
intermitente, como si un radar estuviera buscando algo. La tercera, era una voz
distorsionada, pero solo se entendía una frase de forma clara: “no fue un
accidente”.
Asier se quedó petrificado escuchando una y otra vez el tercer mensaje. “No
fue un accidente”. ¿Qué significaba eso? Además, la voz le sonaba familiar.
Como si la hubiera escuchado antes, Pero, ¿dónde?
Esa noche, incapaz de dormir, buscó la lista de pasajeros del vuelo
MH370. De todos esos nombres, uno le llamó la atención. No podía ser cierto.
No. Mismo apellido. Mismo año de nacimiento. Una foto dañada y antigua por el
paso del tiempo. Esa mirada le heló la sangre.
Tenía la sensación de mirarse en un espejo roto.
IV
Asier comienza a parpadear. El zumbido de las turbinas a punto de
explotar desaparece. Todo se disuelve como un mal sueño. Está sentado frente a
su ordenador en su mesa de trabajo, con todos los papeles y notas desperdigados
por el suelo. No sabe cómo ha llegado a Mundaka. Él ha estado en el Boeing 777.
Lo sabe. No tiene dudas. Sabe que ha estado siete horas en una playa. Pero
siete horas que parecen borradas, que no existen.
Su mente sigue recapitulando el mismo mensaje: “no fue un accidente”. La
frase se repite en su cabeza una y otra vez.
Asier escribe, pero no como periodista ni como testigo, escribe para
contar historias que nadie quiere que se cuenten. Él es el elegido. La persona
que tiene el don de revivir momentos del pasado que nadie se cree o, mejor
dicho, que nadie quiere recordar. Fragmentos del vuelo MH370, coordenadas
imposibles, nombres que se cruzan con el suyo, personas que no conoce o
grabaciones que no debería tener.
Cuando termina de escribir la crónica, sabe que no es una noticia cualquiera,
no, es un umbral, es traspasar la línea imaginaria donde radica el bien y el
mal. Es un mensaje. Es un espejo roto que refleja algo que está en las
profundidades.
Prepara el borrador para entregársela a Unai. Lo que él ha vivido, no
cabe en ningún titular.
V
Asier llega al periódico y Marga le dice
que Unai lo está esperando en su despacho. Le advierte que está nervioso y a la
vez, asustado. Asier se queda preocupado, aún así, entra al despacho.
-
Buenos días, Unai. Me ha dicho Marga que
querías verme.
-
Sí, muchacho. Pasa y cierra la puerta, por
favor. Tengo que hablar contigo de forma urgente.
-
Tú dirás, Unai.
-
Asier, cuando hace unas semanas te dije que
escribieras una crónica con los recortes y mapas que te hice entrega, no
esperaba lo que has escrito. Esa crónica es muy dura. Además, yo no recuerdo
haber escuchado nada de ningún vuelo de la compañía Malaysia Airlines que se
perdiera en pleno Océano Índico. Ese desastre que tú narras en esta historia
nunca ha existido. Asier, estoy muy preocupado por ti.
-
Unai, te prometo que lo que he escrito es
cierto. Ese vuelo de la compañía Malaysia Airlines despegó el 8 de marzo de
2014 con 239 personas a bordo, contando pasajeros y tripulantes, desde Kuala
Lumpur (Malasia) a Pekín (China). Fue un Boeing 777.
-
Muchacho, me estás preocupando. No hay datos
de que ningún avión de esas características haya desaparecido.
-
Déjame contarte Unai. Resulta que ese avión
despegó a las 00:41h de la madrugada desde Kuala Lumpur y desapareció de los
radares de navegación menos de una hora después, cerca del Golfo de Tailandia.
Poco después, los radares militares detectaron que el avión, cambió de rumbo
sin avisar a la torre de control, dirección al suroeste, cruzando la península
malaya y luego girando hacia el sur sobre el Océano Índico. El último contacto
con el satélite fue 7 horas y media después del despegue, lo que nos da a entender
que el avión estuvo horas volando tras perder el contacto.
-
¿Qué más has averiguado, Asier?
-
Por lo que he estado investigando, fue la
mayor operación de búsqueda tanto área como submarina de la historia, que fue
liderada entre varios países, como son Australia, Malasia y China. Entre el año
2015 y 2016, se hallaron varios restos confirmados de ese Boeing 777 en playas
del Océano Índico, por las zonas de Reunión, Mozambique y Tanzania. Lo que
confirmaba que el avión posiblemente se estrelló en el mar.
-
¿Y dónde se encuentra el resto del avión,
junto a los pasajeros y el fuselaje?
-
Esa es la pregunta del millón, Unai. No hay
confirmaciones oficiales ni la ubicación exacta del lugar del siniestro. Lo
único que se sabe es que la búsqueda oficial se suspendió en el año 2018.
-
¿Qué tipo de teorías o hipótesis se llevaron
a cabo?
-
Hay muchas contradicciones e hipótesis, pero
no sabemos cuál será. Se dijo que pudo ser un fallo técnico o un incendio, pero
algunos expertos sugieren que esa podría ser lo que dejó a la tripulación
incapacitada; otra de las hipótesis nos lleva a que fuera un fallo humano, es
decir, el capitán pudo haber desviado intencionadamente el avión; y la tercera
y última, que podría haber sido un sabotaje o secuestro. Pero no hay evidencias
sólidas que lo corroboren.
-
Asier, voy a publicar esta crónica, pero por
favor, no vuelvas a investigar casos que no hayan salido antes en las noticias.
Porque no estoy yo muy convencido que esta noticia sea cierta. Además, eres mi
mejor periodista y tengo miedo de que algún día, pueda ocurrirte algo.
-
No te preocupes Unai, no tienes de qué
preocuparte, de verdad. Mira, aquí tengo la carpeta que me diste con todas las
anotaciones. Mira, mira.
-
Asier, en esta carpeta solo hay recortes y
anotaciones de comienzos del año 2000, sobre hechos acaecidos aquí en
Mundaka…aquí no hay nada relacionado con Kuala Lumpur, ni Pekín, ni Océanos,
¡ni leches en vinagre!
-
Unai, no puede ser, había muchas anotaciones
y detalles sobre ese avión, te lo juro, de verdad, esto no puede ser verdad…
-
Asier, creo que deberíamos dejar de publicar
estos artículos. Te están haciendo mucho daño.
-
Ni hablar, Unai. No pienso dejar de
investigar por nada del mundo.
-
Ya hablaremos, Asier. Y ahora, a trabajar en
las noticias sobre Mundaka…
VI
Crónica: ¿Qué
fue del vuelo MH370?
Por
Asier Aretxaga | Isla de Reunión
No es la primera vez que escribo
cosas que me ocurren, pero sé que pasan. No me pregunten cómo llegué al Boing
777. Ni mucho menos cómo regresé de allí. Pero lo único cierto de la historia,
es que estuve allí. Viví ese momento.
Hay un vuelo de la compañía de
Malaysia Airlines que desapareció de la faz de la tierra un 8 de marzo de 2014,
con 239 pasajeros a bordo. Durante varios años, se ha hablado de múltiples
teorías sobre qué ocurrió ese día, como puede ser el sabotaje, el secuestro,
rutas imposibles, restos hallados en playas remotas…pero nadie ha contado lo
que yo viví y sentí. Por una razón. Nadie me creería.
Estuve en la isla de Reunión, me
cité allí con un pescador que se encontró una parte del ala del avión. Era una
pieza real, que precisamente fue confirmada por las autoridades. Pero, la verdad,
es que ese pescador, nunca llegó al lugar donde habíamos quedado. En cambio, el
que apareció allí, fui yo. Estuve en esa isla siete horas. No recuerdo nada de
lo que ocurrió allí.
Al regresar, me encontré en mi
teléfono móvil tres grabaciones peculiares, por llamarlas de alguna manera. De
todas, una de ellas me llamó la atención, porque la voz me recordaba a una
persona familiar, pero solo entendí una frase que, a día de hoy, sigue martilleándome
la cabeza: “no fue un accidente”.
Desde ese momento, todo en mi cabeza
está borroso. Por más que he investigado y buscado, solo he encontrado
coincidencias inquietantes entre mi propia vida y la de uno de los pasajeros
desaparecidos. Compartimos apellido. El mismo año de nacimiento. Una foto
dañada y antigua por el paso del tiempo. Parece un reflejo roto de mí mismo.
No puedo ni pretendo explicar lo
que no tiene explicación. Solo puedo narrar lo que yo viví. Y os puedo asegurar
que lo que viví no fue un accidente. Fue un mensaje, una advertencia. Una historia,
que lamentablemente, aún no se ha cerrado, sigue abierta, esperando respuestas.
Con esta crónica busco respuestas
a preguntas que no conozco.
NOTA
DEL DIRECTOR.
Publicado
en el Faro Invisible, edición especial del mes de diciembre.
Por
Unai Zubizarreta, director del Faro Invisible
Hay
historias que merecen ser contadas, a pesar de resistirse al paso del tiempo.
La
crónica que hoy publica este periódico, de nuestro periodista Asier Aretxaga,
no es una reconstrucción de los hechos acaecidos, sino una grieta que todavía no
se ha cerrado. Es un eco que atraviesa el tiempo desde la cabina de un avión
que nunca llegó a su destino. No hay forma de explicar qué ocurrió en ese
avión. Pero tampoco podemos negar lo qué pasó.
Las
grabaciones de las que Asier ha hecho referencia, sí existen. El pescador desapareció.
Y el nombre que aparece en la lista de pasajeros coincide con la misma mirada
que tiene nuestro periodista. Es como si el vuelo MH370 hubiera regresado de
nuevo, no cambiando de forma, sino a través de una persona. Como si esa persona
siguiera escribiendo la historia.
Como
director de este periódico, he decidido publicar de forma íntegra este relato.
Por lo que provoca. Porque hay verdades que se sienten, que se pueden palpar. Y,
porque este mundo está lleno de lugares donde la lógica desaparece.
En
la próxima entrega, la historia nos llevará a un lugar donde las brújulas no
fallan, las sombras se duplican y los árboles parecen recordar lo que los
humanos queremos olvidar.
Allí,
otra historia quiere ser contada por nuestro mejor periodista.
Aunque
como suele ocurrir en estos relatos, seguramente el periodista no es quien la
escriba…
El Oasis de las Letras

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