I
Después del
último encuentro entre Asier y Unai, las cosas parecen que se han suavizado.
Asier se ha levantado muy temprano, se ha ido a correr sus siete kilómetros
diarios por la ría de Urdaibai mientras los operarios del ayuntamiento siguen
colocando las luces de la Navidad.
Cuando Asier
termina de realizar sus estiramientos se encuentra con la chica con la que ha
venido coincidiendo en sus habituales entrenamientos. Ambos se miran, se
sonríen y bajan la mirada mientras la sonrisa se mantiene. Asier se queda
obnubilado mirándola cuando de pronto comienza a sonarle el teléfono.
-
¡Buenos días, Asier! Aunque aquí en Pekín
vamos a ver si comemos – responde Anne mientras se ríe por el comentario que
acaba de realizar.
-
¡Buenos días, Anne! Qué aproveche – dice mientras
guiña el ojo, aunque su hermanastra no lo ve.
-
¿Qué tal estás? Me ha contado un pajarito que
has estado regular unas semanas y como hace tiempo que no nos vemos, te iba a
proponer pasar unos días de Navidad juntos. ¿Qué te parece?
-
Vaya vaya…así que un pajarito te ha informado
que he estado regular…voy a tener que ir a buscar a dicho pajarito para que me
explique por qué ha contado algo que no ha sido para tanto…
-
Venga Asier, que nos conocemos, si no es por
Uxue, tú no me hubieras contando nada. Y lo sabes.
-
Vale, lo reconozco, no quise preocuparte.
-
Disculpas aceptadas. Te iba a proponer un
viaje. ¿Qué te parece si nos vamos a Rumanía? Allí las tradiciones son
similares a España y podemos conocer la ciudad y todos sus misterios.
-
Mientras no me vea envuelto en algún
misterio, me doy por satisfecho.
-
Eso eso, que últimamente no sales de uno
cuando te metes en otro – responde riéndose.
II
Después de
llegar a casa, darse una ducha y desayunar, Asier se marcha a la redacción del
Faro Invisible. Al llegar, Marga le hace una seña para que se acerque.
-
Buenos días, Marga. Espero que hoy tengas un
día estupendo.
-
Buenos días, Asier. Los piropos déjaselos
para otra persona, a mí no me van, ya lo sabes – responde mientras le guiña un
ojo.
-
Ya… - comenta Asier mientras hace un amago de
sonrisa amigable.
-
Unai, el romántico de Asier ya ha llegado,
¿lo hago pasar? Por supuesto, como tú digas. Asier, ya puedes pasar, Unai te
está esperando.
-
Gracias, Marga. Eres muy amable, como
siempre.
Y, por primera
vez, ambos se sonríen sin sarcasmo.
-
Buenos días, Unai. Me ha dicho Marga que
querías verme.
-
Buenos días, chaval. Sí, quería saber qué te
encuentras.
-
Pues la verdad es que estoy bien, sigo
realizando deporte y con mis clases de yoga.
-
Así me gusta. Y, ¿cómo llevas tu mente?
¿Necesitas que te asesore algún profesional? Ya sabes que el periódico se haría
cargo de todo.
-
No, no. Unai no se preocupe, estoy bien. De
momento no necesito ningún psicólogo, de verdad.
-
A ver Asier, he estado pensando que
deberíamos parar unas semanas la sección de misterios y leyendas hasta que tú
estés mejor.
-
No es necesario Unai. Además, venía a pedirte
un favor. Me ha llamado esta mañana mi hermanastra Anne y me ha propuesto que
pasemos los dos juntos unos días en Navidad. Si te parece bien, me gustaría
cogerme unos días y disfrutar de la experiencia de hacer turismo, conocer sus
curiosidades y leyendas, pero eso sí, sin necesidad de ser yo el protagonista,
claro.
-
Me parece estupendo que pases unos días en
familia. Así que, déjate al día todo el trabajo que tengas pendiente y disfruta
de tu hermana. Que, aunque estéis a muchísimos kilómetros de distancia, te va a
venir bien empaparte de su mentalidad y de su cercanía.
-
Gracias Unai. Haré una reseña de mi viaje por
Rumanía. Creo que vamos a ver el bosque Hoia-Baciu.
III
Unos días
después, Asier se encuentra ya en el aeropuerto de Bilbao listo para marcharse
a Rumanía, que es donde se va a encontrar con Anne. Durante el trayecto, Asier
aprovecha para leer un libro, pero cae rendido y disfruta de un sueño
reparador.
Al llegar al
destino, una de las azafatas, despierta a Asier, que se sobresalta. Le da las
gracias a la mujer y se marcha escaleras abajo. Necesita un rato para ubicarse
en qué zona del aeropuerto debe recoger su maleta y espera a que llegue el
avión de Anne, que por lo que le dijo, llegaría una hora y media después de él.
Mientras aprovecha para tomarse un café y unos dulces típicos de allí.
Al cabo de dos
horas, su móvil comienza a sonar, es Anne. Le pregunta en qué zona del
aeropuerto se encuentra y ambos se encaminan a encontrarse a mitad del camino.
Al verse, sueltan las maletas y corren a abrazarse. Ambos piensan lo mismo.
Parecemos una pareja de las películas navideñas. La ilusión de verse es
maravillosa.
Después del
recibimiento inicial, se marchan a coger un taxi que los lleva al hotel donde
se van a alojar. Cuando ya han dejado todo ubicado, deciden conocer la ciudad.
Pasean por las calles del casco histórico, con calles adoquinas y con una
arquitectura austrohúngara. Visitan el Mercado de Navidad en Piata Unirii,
donde brillan las luces, con varios puestos de artesanía, toman un vino
caliente con especias (vin fiert) y acompañan al vino unos dulces como
cozonac. Y, para concluir el día, terminan cenando en un restaurante
tradicional rumano.
Al día
siguiente, Asier como Anne desayunan juntos en una cafetería local mientras
exponen cuáles son los sitios que tienen preparados para visitar hoy. Comienzan
con la excursión al bosque Hoia-Baciu, conocido sobre
todo por sus fenómenos paranormales, sus árboles torcidos y leyendas de
desapariciones…
El bosque de
Hoia-Baciu, se encuentra cerca de la ciudad de Cluj-Napoca, en Transilvania,
Rumanía. Es conocido como el “triángulo de las Bermudas, de Transilvania” por
la cantidad de historias que le rodean. Cuando llegan al bosque, el guía les
explica la leyenda del bosque y todo lo que ello conlleva. Cuando ambos se
quedan solos, Anne se ajusta la bufanda mientras observa cómo la naturaleza
crea esos espacios tan bonitos, como son los árboles torcidos, que forman
esculturas que parece que tienen vida. Aunque el guía ya se ha marchado, les ha
aconsejado que no salgan del sendero marcado.
-
Es increíble este bosque. Hace que el tiempo
se detenga. Aunque la gente proyecta sus miedos en lo que no es capaz de
comprender. Ven los árboles torcidos y la niebla y automáticamente se forma la
leyenda – comenta Anne.
-
Anne, yo tengo una sensación extraña… ¿por
qué siento que ya he estado aquí antes? No es que tenga miedo, es como si fuera
un reconocimiento del lugar – responde Asier mientras se fija en un claro, una
zona circular donde no crece la vegetación.
-
¿Reconocimiento, de qué? ¿De una zona donde
no hay árboles? Puede ser que este lugar te suene por haberlo visto en alguna
foto de la revista de la National Geographic.
-
No, Anne. Tengo la sensación de que es más
profundo. Como si algo me llamara, me atrajera hacia ello. Como si el lugar
sepa quién soy.
-
¿En serio, Asier? Me vienes con estas – dice
Anne, mientras se cruza de brazos. En ese momento, el viento sopla como un
silbido fuerte que parece que forma palabras – Por cierto, Asier, ¿has
escuchado eso?
-
Claro que sí, Anne. Ha dicho “Aretxaga”.
-
No. No puede ser. ¿Cómo el viento va a
susurrar nuestro apellido?
-
No me preguntes por qué, pero cada vez que
sueño con un bosque o lugar similar, mi mente me lleva a este destino. Y ahora
estoy aquí, no es una simple coincidencia, hay algo más.
-
¿Qué quieres decirme con eso, Asier? ¿Qué
supone que significa? ¿Qué el bosque te ha elegido?
-
No lo sé, Anne. Pero tengo la sensación que
hay historias que quieren ser contadas y que yo…debo contarlas.
-
Asier, ¿y si no son historias? ¿Y, si fueran
advertencias?
-
Entonces, tenemos que escucharlas. No hay que
temerlas, hay que entenderlas.
En ese momento,
un cuervo apareció de la nada y la niebla se espesó más. Anne sacó su teléfono
móvil, pero no tenía cobertura. Asier se percató que en el suelo había una
figurita tallada en madera, enterrada en la tierra.
-
¿De dónde ha salido eso, Asier?
-
De la tierra. Es una voz. Está esperando a
ser contada.
IV
El claro de luz
del bosque Hoia-Baciu, parecía que contenía el aliento. La niebla se ha quedado
detenida. Asier sigue sosteniendo la figura de madera, mientras la coge con
fuerza entre sus dedos. Anne lo observa con una mezcla entre incredulidad y
temor.
De pronto, una
suave luz comienza a emanar desde el centro del círculo. Es una luz que no
proviene del suelo, sino que se proyecta en medio del claro.
-
Asier, dime que estás viendo lo mismo que yo,
por favor.
-
Sí. Pero no lo estoy viendo a través de mi
vista, sino a través del corazón.
La luz se va
condensando. Aparece una figura, como si fuera una silueta. No tiene rostro, ni
contornos definidos. Es una forma delineada por el resplandor que la rodea.
Anne retrocede hacía atrás, pero sin ser capaz de articular palabra. La figura
se acerca lentamente hacia Asier. No camina, solo flota. Y cuando decidió
hablar, no se oía, sólo se sentía.
-
Asier, gracias por regresar. Como en las
veces anteriores.
-
¿Qui…quién eres? – pregunta asustado y
tembloroso Asier.
-
No importa quién soy yo o quién dejo de ser.
Importa y mucho y más, quién eres tú. Eres la persona que escucha. El que
recuerda. Y, sobre todo, el que escribe.
-
¿Alguien me puede explicar qué está pasando
aquí? ¿Qué significa todo esto? – pregunta Anne cuando es capaz de articular
palabra.
-
Anne, tú eres la cabeza pensante. Eres la
lógica, la que tiene los pies en el suelo. La que sabe lo que quiere y cómo lo
quiere. En cambio, Asier es la grieta, es decir, el que revive las historias,
el que le da voz a esos lugares y personas olvidadas que no deben olvidarse.
-
¿Pero…por qué yo? – consigue articular Asier.
-
Por una razón. Porque no huyes. Porque no
niegas los hechos. Porque cuando el bosque te llama, tú vienes.
La figura que
lleva Asier entre sus dedos comienza a emitir una luz. Al abrir los dedos, en
su palma aparece reflejada una espiral luminosa que gira lentamente en forma de
círculo.
-
Asier, este es el símbolo de los que cuentan
historias de lo que no se puede ver. Llévalo contigo siempre. Escríbelo. Y
cuando tengas miedo, vuelve aquí. Si me buscas en sueños, ahí estaré para ti.
La luz comenzó a
desvanecerse sin hacer ruido. El claro circular volvió a sumergirse entre la
niebla. Anne se acercó a Asier. Lo abrazó. Ambos se quedaron así durante un
rato largo.
-
Asier, ¿qué vas a hacer? ¿Vas a creer lo que
te ha dicho esa silueta?
-
Anne, no se trata de creer más o menos. Se
trata de contar historias. Y, yo siempre he contado historias. Ha llegado el
momento de narrar esas historias que nadie quiere oír, ya sea por miedo o por
vergüenza.
V
Después del
suceso ocurrido en el claro circular donde no crece la vegetación y la charla
con la silueta, Anne ha aceptado que su hermano es especial. Por lo que lo va a
apoyar, a pesar de no comprenderlo. Pero es su hermano y es lo mínimo que puede
hacer por él. Han pasado muchos años separados y ya va siendo hora que vuelvan
a encontrarse y comenzar a ser hermanos, no hermanastros. Anne está decidida a
pedir traslado más cerca de Bilbao. Ahora más que nunca, Asier necesita cariño
y comprensión. Una revelación de este tipo no puede quedar en saco roto.
Ayer fue un día
para recordar y enmarcar en el calendario, por lo que, ambos hermanos han
decidido continuar con su plan de conocer la ciudad. Nos encontramos en el
tercer día y quedan muchísimas cosas por visitar.
Por ello, se
encaminan a la Catedral de San Miguel, que se encuentra decorada con luces y de
fondo, suena una música coral. Ya que están ahí, participan en una misa
navideña con un concierto de villancicos. Por la tarde, pasean y visitan el
Museo Etnográfico de Transilvania, donde van a conocer las tradiciones rurales
y las supersticiones culturales. Ambos se miran y se ríen, después de lo que
ellos han vivido, no creen que se vayan a sorprender mucho más. Terminan
cenando en un restaurante tradicional rumano: gelatina de carne y aguardiente.
El cuarto día,
realizan una excursión por los alrededores que se encuentran en pleno apogeo de
nieve: Salina Turda y el pueblo de Rimetea. Por la noche, regresan a Cluj y dan
un paseo por el Mercado Navideño, donde Anne se fija en una figura de madera
que representa la “voz del bosque”.
El último día,
los dos hermanos desayunan juntos. Mientras tanto, Anne le da una noticia a
Asier.
-
Asier, he estado pensando en estos días lo
que ocurrió en el bosque. Es verdad que yo no entiendo nada y sabes que soy
bastante agnóstica. Pero la revelación del bosque fue brutal. Por lo que he
decidido pedir traslado a varias ciudades cercanas a Bilbao para poder estar
cerca de ti. También quiero que ambos empecemos a ser familia, es decir,
hermanos de verdad. Compartimos el mismo padre y lamentablemente ninguno
tenemos más familia. ¿Qué te parece?
-
Anne, ambos somos adultos. No puedo decirte
si lo que quieres hacer sea una buena idea o no, pero sí puedo decirte que
tenerte cerca me va a venir bien. Necesito tener a alguien cerca para poder
expresar cómo me siento, porque es muy duro ser el elegido y no poder decirlo.
-
Asier, ahora más que nunca, tengo claro que
voy a estar contigo. Te quiero.
-
Y yo a ti, Anne. Gracias por este viaje.
-
No, Asier, gracias a ti por enseñarme que
tengo que dejar de ser tan lógica para empezar a ver a través de mi corazón.
Crónica: ¿Qué
nos podemos encontrar en la espesura del bosque?
Por Asier
Aretxaga
“Hay lugares
que no se visitan, sino que nos llaman. El bosque Hoia-Baciu, en Transilvania
es uno de ellos”.
Llegué a la
ciudad de Cluj-Napoca con la ilusión de un niño pequeño para pasar unos días de
Navidad con mi hermana Anne. Visitamos cantidad de mercadillos navideños,
tomamos vino caliente y cantamos villancicos. Iba a ser nuestro mejor viaje.
Sin embargo, el destino nos tenía deparada otra misión. El bosque Hoia-Baciu
nos esperaba con su silencio denso y sus árboles retorcidos, es decir, como si
fueran esculturas vivientes.
El guía ya nos
advirtió que no nos separáramos del sendero establecido. Pero fue en el claro
circular, donde no crece vegetación, donde el tiempo se detuvo. Allí, entre la
niebla densa y el viento susurrando, todo cambió.
En el suelo apareció
una figurita tallada de madera, la cual recogí y la puse entre mis dedos. Y, sin
esperarlo, una silueta emergió de la niebla. No tenía rostro, pero sí voz: “eres
el que escucha, el que recuerda, el que escribe”.
Sigo sin
comprender si fue una revelación, una advertencia o un sueño. Lo cierto es que
he comprendido que hay historias que buscan y esperan ser contadas, aunque haya
gente que no quiera escucharlas. El bosque me regaló un símbolo una espiral
luminosa, que es la marca de quienes narran lo invisible.
Hoy escribo
estas líneas para dar a conocer esta historia. Porque hay lugares que no se
olvidan y voces que no se pueden silenciar.
NOTA DEL
DIRECTOR
Publicado
en el Faro Invisible, edición especial Navidad.
Por Unai
Zubizarreta, director del Faro Invisible.
En nuestra
redacción nos estamos acostumbrando a vivir con lo insólito. Aquí encontraréis
misterios, leyendas y crónicas que desafían la lógica, ya que forma parte de
nuestro día a día. Pero lo que nuestro joven redactor, Asier Aretxaga, nos
cuenta desde Rumanía, no es sólo un relato de un viaje, es una experiencia que
roza lo inexplicable.
El bosque Hoia-Baciu
es conocido como “el triángulo de las Bermudas” de Transilvania. Muchos son los
visitantes que se acercan a conocerlo por curiosidad, pero pocos regresan con
una revelación. Asier lo ha hecho y su testimonio merece ser leído y compartido
por todos.
Como director de
este periódico, me corresponde recordar que el Faro no busca respuestas
definitivas a los hechos acaecidos, sino a formular preguntas. ¿Qué significa
que un lugar te reconozca? ¿Qué implica ser “el que escribe” para darle voz a
aquellas personas que están silenciadas?
La crónica
publicada en esta edición es un recordatorio del periodismo, un puente entre lo
visible y lo invisible. Y, a veces, los misterios no se resuelven, se narran.

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