Sus calles empedradas y estrechas le confieren un aire de misterio. Su patrón es muy conocido y el fervor se desborda. Durante una semana todos se encomiendan a él. Desde el callejón de Santo Domingo a su plaza de toros, el trazado de 875 metros se convierte en vértigo y en ritual. La ciudad se engalana con su tradicional pañuelo rojo atado al cuello, junto con su vestimenta blanca. La cuesta se eleva, el ayuntamiento observa, Mercaderes se estrecha, Estafeta vibra, Telefónica aguarda y el callejón se hace más pequeño como un suspiro. Y, desde lo más alto, su majestuosa Catedral de Santa María de la Asunción contempla la ciudad, testigo de la pasión que la recorre.
¿Sabrían decir en qué ciudad nos encontramos?
El Oasis de las Letras

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