De Londres al cielo



                                   I

La bruma de la noche lo envuelve todo. Asier levantó la mirada y no vio ningún alma cerca. Sus amigos no estaban con él. Solo había un papel entre sus dedos, de color amarillento, con una caligrafía temblorosa que decía: “El juego ha comenzado, Asier”.

Asier se ha despertado con buen humor, después de las tormentas y las lluvias acaecidas los días anteriores. Ha madrugado para salir a correr por la ría de Urdaibai, con los primeros rayos de sol. Hoy tiene una reunión con su jefe, Unai Zubizarreta. A ver con qué historia tiene que lidiar…porque las dos primeras lo han dejado bastante marcado, entre la muerte y el capitán Van der Decken, no quiere más sustos.

Al llegar a la oficina, Unai se encuentra en su despacho, con su carácter habitual, gruñendo y farfullando mil cosas y ninguna a la vez. Su carismática secretaria (bautizada por Asier como cara de acelga) no pasa por su mejor momento y su cara es la misma para darte las noticias buenas como las malas. Al ver acercarse a Asier, Marga lo saluda con una efusividad que se ve desde la Luna.

-       Buenos días, Asier. El jefe te está esperando. No lo hagas enojar que ya lo está y, mucho – responde como si fuera una máquina.

-       Gracias, Marga. Lo tendré en cuenta – dice mientras pasa por su lado sin pararse y entre líneas añade – Qué mujer más maja, sí. Ni si quiera te mira para saludarte…

-       Te he escuchado Asier.

Entra al despacho y ve al señor Zubizarreta lidiando con correos electrónicos a la vez que despacha rápido la llamada que tenía en el teléfono.

-       ¡Madre mía! Cada día hay gente más incompetente en los trabajos. Ya no saben lo que es trabajar ni mucho menos, hablar con respeto. ¿Pero quiénes se creen que son esos zagales? Bueno, bueno. Vamos a lo que importa. Siéntate Asier.

-       Ya veo que hoy está muy ocupado Unai. Si quieres vengo en otro momento – se excusa Asier.

-       Nada de eso muchacho, porque después seguramente esté peor. Te cuento. El próximo relato que vas a poner en marcha está dirigido a Jack, el destripador. Sí, el londinense, ese que iba asesinando mujeres y nadie ha descubierto nunca quién es el susodicho. Ya sabes que mantuvo aterrorizados a los ciudadanos del barrio de Whitechapel en 1888. Por lo que la figura de este personaje es un mito muy oscuro de la época victoriana.

-       Y ha decidido que me toque a mí el caso, ¿no?

-       Venga muchacho, no te atormentes, que no es para tanto.

-       ¿Qué no es para tanto, Unai? Que, en los dos casos anteriores, acabé recorriendo un tren de metro con la muerte y en un barco cerca de Cabo Esperanza, navegando sin rumbo por las magníficas ideas de su capitán… ¿por qué será que acabo siendo el elegido? – dice mientras se tapa los ojos.

-       Muchacho, todo eso es cosa de tu cabecita. No pasan esas cosas. Son sueños y los sueños, se quedan en eso. Como recordarás, me pediste unos días de vacaciones, por lo que, te los concedo. Te vas hoy mismo con tus amiguitos a Londres. Quiero la mejor crónica jamás contada.

Cuando Asier iba a salir por la puerta del despacho, Unai le dice sin levantar la vista de sus papeles:

-       Asier, no te metas en problemas. Mantente alejado del foco.

Asier se queda pensando si es un consejo o una advertencia.

II

El grupo de cuatro amigos, con Asier a la cabeza, llegan a Londres a última hora de tarde, por lo que mientras están cenando en el hotel, deciden planificar los cuatro días que van a tener para disfrutar de las vacaciones londinenses. Después de cenar, se despiden todos y se marchan a las habitaciones.

Al día siguiente, Asier y sus amigos: Mikel (apasionado de la criminología), Iker (fotógrafo nocturno) e Ibai (historiador aficionado), se marchan bien temprano a hacer las rutas que tienen organizadas. El recorrido es el siguiente:

Comienzan en Adlgate East, donde el guía, un actor con capa y sombrero de copa, los recibe con una linterna tenue y una voz grave que parece sacada de hace siglos. Continúan por el Callejón de Buck´s Row, donde se halló el cuerpo de Mary Ann Nichols. El guía se encarga de explicar con detalles la precisión macabra, mientras Iker se dedica a fotografiar las sombras que parecen que se mueven. Siguen por Hanbury Street, donde se reproducen una serie de los gritos sonoros de Annie Chapman. Mikel comienza a temblar mientras Asier va apuntando notas en su cuaderno. Continúan por Mitre Square, el lugar donde se encontró el cuerpo de Catherine Eddowes. Ibai murmura datos históricos, pero Asier siente que le falta el aire. Finalizan el recorrido en Ten Bells Pub, allí los deja el guía, entre espejos empañados y retratos antiguos. Asier se está tomando una pinta con sus colegas, cuando de pronto, mientras revisa sus notas, comienza a cabecear…

III

La buhardilla tenía un aliento pesado y lúgubre, Asier abrió los ojos en la penumbra de la noche, envuelto en una manta de lana muy áspera que olía a humo y tinta. El techo estaba formado por vigas oscuras y la madera agrietada por el paso de los años, parecía que se fuera encogiendo, como si el lugar escondiera secretos.

Una lámpara de aceite parpadea sobre una mesa de roble, donde proyectan sombras. Junto a ella, se encuentra una pluma sobre un cuaderno de tapas gastadas, abierto por la mitad, con una caligrafía que no reconoce como suya.

El aire de la habitación está impregnado de humedad y hollín y, desde la ventana, cubierta por cortinas de terciopelo de color burdeos, se cuelan los sonidos de la ciudad que nunca duerme del todo. El crujido de las ruedas de madera sobre los adoquines, el relincho de los caballos o el chirrido de un eje mal engrasado, rompen el silencio de la noche londinense.

Asier se levantó de forma lenta, sintiendo cómo crujía el suelo bajo sus pies descalzos. Afuera, la niebla envolvía los tejados y los faroles de gas titilaban con una luz amarillenta, la cual, no ayuda a distinguir las siluetas de la noche. El reloj del péndulo marca las 3:40. Esa hora lo cambia todo. Se escucha un carruaje detenerse. Al mirar por la ventana, parece que la niebla se dispersa un segundo y ve una sombra arrastrando algo hacia el callejón. De pronto, nota un escalofrío. Se gira hacia la mesa y encuentra una nota escrita con tinta roja: “La primera no fue la última”. La mujer asesinada era Mary Ann Nichols.

Sentada en la cama, aparece una mujer llamada Mary Jane, la cual le dice: “No todos los muertos descansan. Algunos esperan que se cuente su historia”. Cuando el reloj marca las 3:42h, la mujer ha desparecido. Asier mira desconcertado todos los rincones de la buhardilla, pero no la ve. Vuelve a estar solo.

IV

Asier visita con sus amigos Mitre Square. Durante la visita, toca una piedra marcada con una cruz y de pronto, tiene una visión: una mujer grita y el reloj vuelve a marcar las 3:40h.

La lluvia cae con ganas en Whitechapel, como si el cielo supiera que esa noche no terminaría de limpiar las calles. En un callejón estrecho, una figura femenina se apoya en la pared, envuelta en un chal oscuro. Era Elizabeth Stride. Un carruaje pasó sin detenerse. Después, unos pasos decididos rompían el silencio de la noche.

Nadie oyó el grito. Sólo se escuchó el chasquido de una cerrilla del portero del club, el cual no se había dado cuenta del cuerpo que yacía en el suelo. Se acercó con miedo y la llama temblorosa reveló un rostro frío y pálido y la garganta abierta a ambos lados.

El asesino se había evaporado como la niebla.

Unas horas después, la noche volvió a abrirse en canal. Catherine Eddowes había sido puesta en libertad en la comisaría por su estado de embriaguez. Nadie la esperaba, nadie reparaba en ella, excepto una persona, él.

En Mitre Square, bajo el farol de gas, su cuerpo fue hallado por uno de los agentes de policía. Esta vez, la escena era un horror absoluto. La garganta fue seccionada, el rostro estaba desdibujado con cortes en forma de “V” en las mejillas, nariz mutilada y el abdomen abierto en canal. Le faltaba el útero y el riñón izquierdo.

A su lado, apareció un delantal ensangrentado. En la pared contigua al hallazgo del cuerpo, pintada en tiza había un mensaje: “Los judíos no son los hombres que serán culpados por nada”. El mensaje fue borrado para evitar problemas.

V

El reloj marca las 3:40h de la madrugada y sin saber cómo ni por qué, Mary Jane aparece sentada en la cama de Asier. Él, sigue sin entender cómo lo hace para entrar y salir sin ser vista. Se sorprende al escucharla hablar:

-          No te asustes Asier, no soy un fantasma.

Pero según lo escucha, Asier piensa lo contrario, que sí lo es. Que todo eso no puede volver a ser real. Otra vez, no.

-          Soy una historia inacabada y no se ha contado bien.

Asier abre su cuaderno de notas y ahí aparece una frase:

Cinco mujeres. Cinco silencios. Pero no todas han muerto como dijeron. Yo…he sido la última. O eso se ha creído.

        Vuelve a mirar el cuaderno, cuando las letras se van oscureciendo poco a poco.

-          Mary Ann Nichols fue la primera víctima del monstruo. No se escuchó su grito. Miró al asesino como si lo conociera. Él le susurró algo antes de cortarla.

-          El asesinato de Elizabeth Stride no estaba pensado. Fue un error de cálculo. Ella vio lo que no debía. Por eso, con ella no siguió su modus operandi, no la mutiló.

-          Catherine Eddowes sabía muchas cosas. Tenía un diario donde escribía todo. Creyó que escondiéndolo en Mitre Square estaría a salvo, pero lo encontró y por ese motivo decidió desfigurarla.

-          Annie Chapman, dejó una señal en su habitación. Era una flor seca. Él se encargó de arrancarla para que nadie la viera.

-          Y yo…me escondí. Cuando vieron el cadáver pensaron que era yo, pero no. Era una mujer sin nombre. Yo escapé del lugar, pero no del recuerdo.

Asier, asustado, ve como su cuaderno tiembla entre sus dedos y pregunta:

-          ¿Por qué me cuentas esto a mí?

-          Porque tú escuchas, tú escribes. Y, porque si alguien no cuenta la verdad, él volverá a por mí, a terminar lo que queda, soy un cabo suelto para el monstruo.

Mary Jane le entrega a Asier una hoja con un mensaje: “El Faro Invisible debe iluminar lo que Londres oculta”.

-          Cuando lo publiques, podré descansar. Hazlo en papel, para que quede grabado por siempre.

En ese momento, Mary Jane se desvanece. Son las 3:42h de la madrugada. Un frío le recorre todos los músculos del cuerpo. Nota que alguien le está dando palmadas en la cara y descubre que Mikel e Ibai lo intentan reanimar mientras Iker pide una ambulancia en el pub donde se encuentran. Su amigo ha caído redondo al suelo mientras tomaban unas cervezas.

Cuando parece que se va espabilando del fuerte golpe recibido, ve una silueta oscura en el fondo del pub, la cual, le sonríe y se despide moviendo la mano. Se desvanece por completo. Su mundo se vuelve negro.

A la salida del centro hospitalario, a Asier le han dicho que tiene ansiedad y que debe parar unas semanas, hasta que se recupere, aparte, su tensión la tiene demasiado baja. Aún así, cuando llegan al hotel a preparar las maletas para regresar a Mundaka, Asier escribe la mejor crónica jamás contada.

En medio de la densa niebla: Tres noches con Jack, el destripador.

Por Asier Aretxaga.

Londres no descansa ni siquiera durante la noche. Londres es la ciudad que todo lo recuerda.

Durante tres impactantes noches, recorrí los callejones donde la historia se escribió a base de sangre y de silencio. Llegué como turista, para documentarme sobre un caso que estremeció a la población durante 1888 y me he ido como testigo de esa masacre.

En la primera noche, Mary Ann Nichols no pudo gritar. Eso dicen. Pero al pisar Buck´s Row, sentí algo que no puedo explicar. La niebla me acechaba como si yo fuera el protagonista. Esa noche soñé con una mujer que me miraba desde el suelo. Me pedía ayuda.

La segunda noche, Elizabeth Stride murió sin mutilaciones. Estaba en el sitio equivocado, en el momento equivocado. En cambio, Catherine Eddowes, si fue un caso premeditado. Dos horas después, fue desfigurada de la manera más brutal. En Mitre Square, el reloj marcaba las 3:40h. Yo estaba allí, pero todavía no sé cómo llegué allí. Cuando él se giro hacía mí, vi su rostro. Desperté con las manos manchadas de tinta roja.

Durante la tercera noche, Mary Jane no murió. O no fue como nos lo han contado hasta hoy. Ella misma se presentó en mi buhardilla a contarme su historia. La historia que hoy cuento es en su nombre. Había una frase escrita de su puño y letra que decía: “El Faro Invisible debe iluminar lo que Londres oculta”.

Publico esta crónica como ella me pidió: en papel. Si alguna vez viajan por Whitechapel, escuchen, las paredes hablan y los relojes tienen un significado especial.

Porque la historia no termina aquí, solo cambia de testigo.

NOTA DEL DIRECTOR

Publicado en el Faro Invisible, edición especial de otoño.

Por Unai Zubizarreta, director de El Faro Invisible.

Hay crónicas que no se escriben con tinta, sino a base de temblores. La que hoy publicamos, firmada por nuestro corresponsal Asier Aretxaga, es una de ellas.

Durante tres noches, Asier ha caminado por los márgenes de la historia, entre faroles de gas y relojes detenidos en el tiempo, siguiendo los pasos de un asesino que nunca fue atrapado y de cinco mujeres que merecen ser recordadas más allá. Lo que encontró no fue solo una recopilación de hechos, sino una grieta agravada en el tiempo. Una voz pedía ser escuchada. Contar una verdad.

Desde este humilde periódico, creemos que el periodismo no solo debe informar, sino también debe iluminar lo que otros prefieren dejar en penumbra. Y si Londres guarda sus secretos entre la niebla, hay otros lugares donde el misterio no cabe en el olvido.

En la próxima entrega, Asier se embarcará en una investigación un pelín peligrosa que no tiene callejones ni faroles, pero sí coordenadas que desaparecen. Un caso donde el silencio no es pasado, sino actual. Un vuelo que partió y nunca llegó a su destino. Un número que aún resuena: MH370.

                     Porque hay historias que se hunden. Y otras que esperan ser rescatadas.

           


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