Amanece un día muy soleado, con una suave brisa que te envuelve y te regala una energía reconfortante. Davinia Torres es una de las mejores pediatras que se encuentran en este país. Desde bien pequeña, cuidar a otras personas era su máxima prioridad y una de sus frases estrellas era: “de mayor voy a ser doctora, para cuidar a los niños y niñas que están malitos”. Se especializó en pediatría y le encanta pasar tiempo con los niños de su familia y de sus amigas.
Desde hace un tiempo, ha conocido a un hombre alto, fuerte, guapísimo y
con muy buen sentido del humor. Fue verlo y sentir un flechazo. Su relación va
superando muchos obstáculos y ella está dispuesta a dar un paso más. Él, por el
contrario, piensa que no es necesario. Cada vez que Davinia le propone ampliar la
familia, Gustavo no está convencido, siempre pone alguna que otra excusa y
acaban teniendo alguna que otra discusión. Ella piensa que es porque él está
agobiado por su trabajo, ahora que ha ascendido de puesto.
Davinia pasa su consulta en el Hospital Universitario de la Paz (Madrid)
junto a un grupo de compañeros/as que le hacen que ame cada día más esta
profesión. Le encanta jugar y conversar con los niños/as que entran en su
consulta, con esas caritas de miedo, donde ella les ofrece las mejores soluciones
y tratamientos para sus dolencias. Cuando termina su jornada de trabajo, se
acerca a la unidad donde tiene a sus jóvenes pacientes ingresados y charla con
ellos, les regala alguna piruleta y acepta los dibujos que le regalan. Davinia
es de esas doctoras que, aunque pase el tiempo, seguirá siendo eterna para
muchos de esos niños y niñas.
Por su parte, Gustavo es un gerente del banco más importante de la
capital madrileña, el Luxor Finance. Ha sido ascendido hace poco tiempo y
disfruta haciendo y deshaciendo a su antojo. Por las tardes, se pasa las horas
tonificando su cuerpo en uno de los mejores gimnasios y más codiciados de la
ciudad.
Le encanta postularse como el que mejor entrena y enseñar sus músculos a
cualquier mujer que se precie. También es conocido porque no se le resiste
ninguna mujer a sus encantos y más de una suspira cuando lo ve en la sala del
gimnasio y eso, lo entona todavía más.
Gustavo ha decidido darle una sorpresa a Davinia por su ascenso, por
ello, la llama para contárselo.
- ¡Bonjour,
mon amour! Su enamorado más fiel quiere pedirle una cita para esta noche, ¿cómo
tienes de despejada tu agenda? – comenta en un tono muy cariñoso.
- ¡¡¡Mi
amor!!! Tú, como siempre, tan romántico. Pues esta tarde tengo que pasarme por
la unidad pediátrica a ver a uno de mis niños, que lo han operado esta mañana
de un pequeño tumor en la cabeza y quiero darles ánimos a sus padres y ver al
pequeño cuando salga del quirófano. Pero si me dices una hora, me voy
directamente al lugar que me indiques – responde con una sonrisa en su cara.
- Cariño,
te involucras mucho en tu trabajo. Al renacuajo puedes verlo mañana por la
mañana en tu turno de visitas – contesta de forma asqueado.
- No
lo entiendes, Gustavo. Amo mi trabajo y esos niños y sus familias, cuando vienen
a mí, no te imaginas cómo se encuentran. Verlos sonreír, después de una jornada
intensa, marcada por el miedo y el sufrimiento, aparte de las jornadas
anteriores de quimioterapia y radioterapia, hacen mucho. Una mano amiga, un
abrazo cálido y sincero. Se llama empatía, por si no conocías ese término.
- Ya
ha salido la mente inteligente de la pareja – se indigna Gustavo.
- Cariño,
no te lo estoy diciendo a malas, simplemente he hecho un comentario sin ánimo
de ofenderte. Te pido disculpas si acaso te ha molestado, de verdad – responde
avergonzada Davinia.
- No
te disculpes, este tema me enoja. Esos renacuajos tienen más atención que la
que tú me prestas a mí. Bueno, mon amour, te veo a las 21h en el Indian Aroma.
No me falles.
- Allí
estaré.
Después de hacer su ronda de visitas a su unidad y de ver que el pequeño
Lucas ha superado con creces la operación y que sus primeros signos son muy
gratificantes, Davinia se va mucho más feliz y contenta por otra jornada
superada.
Cuando sale del Hospital, pide un taxi para que la lleve al restaurante
indio. Al llegar allí, el maître del restaurante la lleva a su mesa, engalanada
para la ocasión. Está rodeada de parejas que se les ve felices, celebrando
algún momento importante de sus vidas. Davinia se está empezando a preocupar,
porque ya han pasado más de tres cuartos de hora y Gustavo no responde a sus
llamadas ni le ha mandado ningún mensaje exculpándose por llegar tarde. El
maître la ve preocupada y se acerca para preguntarle si necesita algo. El
restaurante se va despejando poco a poco y allí sigue Davinia esperando a una
persona que no llega. Casi dos horas después, decide marcharse sin cenar.
De camino a casa, ve un puesto callejero de perritos calientes y decide parar
a comer algo. Aunque hambre no tiene, pesadumbre y ganas de llorar, muchas.
Para el hombre del puesto ambulante no pasa desapercibido que esa mujer no se
encuentra bien y le pide permiso para acompañarla, no quiere que cene sola a
esas horas de la noche. Davinia acepta. No conoce de nada al hombre del puesto,
pero por lo menos, siente que su preocupación es sincera.
Al día siguiente, nada más llegar a su consulta, recibe un ramo de flores
rojas y blancas, con una nota en su interior que, dice: “lo siento cariño,
anoche me surgió un problema y mi móvil se quedó sin batería. Te lo recompenso
hoy invitándote a comer cerca del hospital. Te quiere, tu enamorado más fiel”. Para
Davinia, Gustavo tendrá que hacer algo más que mandarle flores para que se le
pase el enfado con él.
La jornada de hoy se presenta con muchas dificultades que atender y, para
más inri, uno de los autobuses escolares ha tenido un accidente y muchos niños y
niñas están heridos graves, por lo que los han repartido por varios hospitales
de la zona. La urgencia y su deber están ahí en su hospital, por lo que, no
acude a la llamada de Gustavo. Ya comerá cuando ponga a salvo la vida de todos
esos niños.
Gustavo se acerca al hospital preguntando por Davinia, cuando ve todo el
caos que hay en urgencias y en las zonas habilitadas para ello. Él, que es tan
asustadizo, decide darse media vuelta y marcharse. Ya la verá en otro momento.
En cambio, decide marcar un número de teléfono.
-
¡Hola, nena! La comida que tenía prevista me
la acaban de cancelar, ¿Qué te parece si repetimos lo de ayer? No me negarás
que estuvo mal…aprendiste mucho y a mí me encantó.
-
¡Hola, bombón de chocolate! No me esperaba tu
llamada…por lo que tengo entendido, no sueles repetir tan deprisa con la misma
acompañante, pero ya que te tengo a mis pies, no puedo negarme ni resistirme.
¿Dónde nos vemos?
La jornada ha sido intensa y muy agotadora. A Davinia lo único que le
apetece es llegar a casa, darse una ducha calentita, comer algo rápido y
meterse en la cama. Cuando se dispone a comer algo, suena el timbre de su
ático. Al abrir la puerta, se encuentra con una flor encima de una caja de
bombones y una carita triste de Gustavo.
-
Gustavo, no he tenido un día bueno. Si no te
importa, nos vemos mañana.
-
Mon amour, he pasado por el hospital y he visto
todo el caos que teníais, iba a decirte si necesitabais algún tipo de ayuda,
pero me han llamado del Luxor Finance, que había una grieta en el parche de
seguridad y me he tenido que marchar a toda prisa.
-
No hace falta que me des explicaciones. Te
agradezco la flor como los bombones, pero hoy necesito descansar.
-
Davinia, tu trabajo te tiene agotada de día y
de noche y, cuando vengo a verte me despides con cajas destempladas. Hoy me
apetece estar contigo y no pienso moverme de aquí.
-
Y yo te estoy diciendo que lo dejemos para
otro día, Gustavo. Tú mismo me estás diciendo que has comprobado el caos del
accidente que se ha producido esta mañana. Sólo te pido eso, dame un día de
descanso y mañana hablamos.
-
La que no me está entendiendo eres tú,
Davinia. De aquí no me voy a mover. He dicho que quiero estar contigo y es lo
que voy a hacer, te guste o no. A mí nadie me da plantón y menos tú – le dice a
la par que le golpea la cara con el dorso de la mano. Davinia no se espera el
golpe y ve como de su labio inferior, le brotan unas pequeñas gotas de sangre.
-
¿Pero qué estás haciendo? ¿Te has vuelto
loco? – responde mientras se aleja de él hacia la pared.
-
Sí, estoy loco, pero loco por ti. Llevas días
que me rehúyes y no quieres estar conmigo, pues si no quieres por las buenas,
será por las malas. A mí no me rechaza nadie, rechazo yo.
-
Sabes que yo no soy de tu propiedad, ¿no? Tú
no tienes derecho a obligarme a nada, ni a tocarme si yo no te doy permiso.
-
Eres una de las mujeres más difíciles que me
he encontrado, pero hasta la mujer más brava ha caído en mis brazos. Hoy no te
libras, ya lo verás – le dice mientras le da un golpe y la deja inconsciente.
En las siguientes semanas, Davinia se siente más cohibida que de
costumbre y, rehúye el acercamiento con sus compañeros. Sus pacientes se han
dado cuenta que ella cada vez se encuentra más cabizbaja y no tiene la alegría
que la caracteriza.
Amanece una fría
mañana de invierno, caían chispas, mezcla agua y hielo, que te deja la cara más
fría que el tempano. Todos los días hago la misma rutina y cojo la línea de
metro para llegar al trabajo. Cuando monto en el vagón, busco un hueco que
nadie coge y voy escuchando canciones en mi reproductor de música. En ese
momento, el vagón se va despejando y entra una chica con un gorro y una bufanda
a rayas rojas y blancas con los ojos vidriosos. Nadie repara en ella. Yo siento
una punzada interna en el corazón, pero no entiendo por qué. Después de varias
paradas, la pierdo de vista. Solo coincido con ella algunos días a la semana y
en otras ocasiones, ninguna. Cuando ya han pasado varias semanas, la vuelvo a
ver. Tiene la cara magullada y el ojo hinchado. En ese instante me mira con sus
tímidos ojos y me regala su media sonrisa.
Rubén repara
que, ha visto esos ojos en algún lugar, pero no recuerda dónde. Él, cuando
llega a su parada de metro, se baja, dirección a su trabajo. Hace unos años se
propuso un nuevo proyecto: crear un pequeño hotel. Desde fuera parece un hotel como otro
cualquiera, con la peculiaridad de que sus huéspedes no son turistas; sino
mujeres luchando por volver a sentirse vivas. Este hotel no se anuncia ni
aparece en mapas. Es un refugio silencioso y seguro para mujeres que han sobrevivido
a la violencia, respaldado por el sistema VioGén. Aquí no se reservan
habitaciones; se reconstruyen vidas.
Las funciones
principales de este hotel son:
§ Empoderamiento personal: ofrece talleres y terapias personalizadas
que ayudan a las mujeres a identificar sus heridas invisibles, reconstruir su
autoestima y redescubrir quiénes son.
§ Apoyo psicosocial: cada mujer que llega al
hotel, no solo encuentra ayuda profesional, sino también la posibilidad de
conectar con otras que han vivido experiencias similares.
§ Reeducación en el autocuidado:
el hotel enseña
a las residentes que no tienen que sobrevivir, sino que tienen derecho a vivir
con plenitud. Se les brindan todas aquellas herramientas para tomar decisiones libres
y seguras.
§ Clases de defensa personal: es un espacio de respeto y
de seguridad, aprenden técnicas físicas y psicológicas para protegerse y, sobre
todo, para volver a recuperar el control de sus propios cuerpos.
§ Reinserción progresiva: se les acompaña en la
preparación para una vida independiente, con orientación laboral, legal y
emocional. El objetivo no es que salgan del hotel, sino que lo hagan con un futuro
más justo y prometedor.
§ Acompañamiento contra la
revictimización: con ayuda de profesionales y expertos, aprenden a reconocer patrones de
abuso y a desarrollar herramientas para plantar cara, física y emocionalmente,
a quienes pretenden dañarlas.
Este hotel tiene
un lema: “Aquí nadie viene a esconderse. Vienen a reconectar con lo que el
miedo les quiso arrancar: su voz, su historia y su poder”.
El hotel
funciona como una extensión silenciosa del sistema VioGén, donde no aparece ningún
rótulo ni tiene apariencias externas que delaten su verdadera función. Las
mujeres que llegan allí lo hacen recomendadas por agentes especializados, por psicólogas
y trabajadoras sociales que están dentro del sistema. Rubén, el hombre que se
encarga del lugar, mantiene una relación de confianza con ellos, basada en el
respeto mutuo y con un objetivo común: proteger a las víctimas.
Durante su estancia
allí, cada mujer es acompañada por profesionales que se encargan de realizar
informes periódicos de su evolución emocional, física y psicológica. Estos
documentos son tratados de forma confidencial y enviados directamente al equipo
policial asignado a cada caso. Gracias a estos seguimientos, las autoridades
pueden tomar decisiones más eficaces en la protección activa, establecer
órdenes de alejamiento más precisas o iniciar procesos judiciales con pruebas
sólidas y contrastadas. Todo se mueve bajo códigos de absoluta discreción.
El hotel está abierto
todos los días del año, las 24 horas al día, porque como Rubén ha comentado en
varias ocasiones: “este mal que corrompe la sociedad no frena a ninguna hora
y menos en fiestas importantes. Nuestra labor es esencial para ayudar y para
dar una mano amiga. Por ello, esta puerta siempre está abierta para todas
aquellas mujeres que lo necesiten”.
Davinia no ha
olvidado esa mirada del joven del metro. Lo recuerda perfectamente. Es el hombre
que se preocupó por ella cuando Gustavo no se presentó a la cena del
restaurante indio. Es el que estuvo con ella, animándola y haciéndole compañía
mientras ella intentaba comer algo, aunque el estómago lo tenía cerrado a cal y
canto.
Cuando Davinia
entra al hospital, va en busca de Maddi, que es su compañera de psicología, la
que ayuda a los peques a afrentar las difíciles situaciones que tienen que
enfrentar. Hoy, es ella la que necesita su ayuda. No puede trabajar en esas
condiciones. Maddi, al verla entrar en su consulta, sale corriendo a abrazarla.
No puede creer
lo que está viendo. Davinia se rompe entera. Llora como hacía años no lloraba.
A duras penas, logra contarle parte de lo que lleva viviendo desde hace tiempo.
Al principio, ella pensaba que la actitud de Gustavo era normal, pero en éstas
últimas semanas, tiene miedo. Ha abusado de ella, le ha dado golpes y hoy lleva
la cara magullada y el ojo hinchado. No puede más. Maddi, la abraza,
ofreciéndole un calor cálido que la reconforte, porque Davinia se encuentra
temblando de frío como de miedo. El doctor Buenafuente, ha acudido raudo y
veloz a la consulta cuando Maddi lo ha llamado por una urgencia. Cuando ha
calibrado la situación, aparte de hablar en arameo y blasfemar, ha actuado como
se esperaba de él: ha activado el protocolo común para la atención sanitaria
ante la violencia de género. Han ingresado a Davinia en un box para curarla y
atenderla. Maddi no se ha separado de ella en ningún momento. El doctor
Buenafuente se ha centrado en que su equipo médico esté al pendiente de
Davinia.
Unos días
después, cuando Davinia se está recuperando de las heridas, tanto externas como
las más dolorosas, las internas, acompaña a Maddi a la comisaría de Policía más
cercana a poner una denuncia por agresión sexual y violencia de género en
reiteradas ocasiones. Ha rememorado todas las situaciones en las que se ha
sentido agredida. Ha dado todos los datos que le han pedido y ahora se siente
más segura. El inspector Román como la agente García, han avisado al hotel “Renacer”
que van a tener una nueva paciente, la cual, tienen que ayudarla a recuperar su
vitalidad y su fortaleza.
Maddi la lleva
allí y al entrar, va en busca de Rubén. Él, se encuentra en su despacho
agilizando unos informes que tiene que mandar antes de la medianoche.
-
Rubén, buenas noches. Perdona que te moleste, he traído a la
mujer que te comenté. Quiero que la conozcas.
-
Maddi, ¡qué sorpresa verte por aquí! Salgo enseguida –
responde con una sonrisa en su cara.
-
Rubén, te presento a mi amiga y compañera de aventuras en
nuestro trabajo. Se llama Davinia – al escuchar su nombre, se gira y su mirada
se cruza con la de Rubén.
-
Davinia…claro, ¡ahora caigo! Eres la chica que se acercó a
cenar al puesto de perritos calientes esa noche que hacía un frío de perros –
comenta sonriente, como si fuera una anécdota.
Hace tiempo que
Maddi no veía sonreír, de verdad, a Davinia, ante un comentario.
-
Exacto. Esa mujer soy yo. Gracias a ti, hoy estoy aquí. Si no
fuera por esa mirada que me regalaste, hoy no hubiera sido capaz de dar el paso
definitivo.
-
Me alegra escuchar eso. Bienvenida a tu nueva casa, Davinia,
aquí no te va a faltar nada. Somos una
gran familia, cada uno se encarga de una tarea. Y mi tarea consiste en
enseñarte a luchar, a defenderte, a pelear cada instante que de tu vida y a
demostrarle al mundo entero que no tienes miedo. Pero sólo puedo lograrlo
siempre y cuando tú quieras. Quiero que te busques un grito de guerrera. Ese va
a ser tu lema y tu lucha. Cuando pelees conmigo en ese ring de allí, quiero que
lo grites fuerte, es una parte importante en tu recuperación. Si me tumbas a
mí, serás capaz de tumbar al mundo entero, si te lo propones, claro. Además, os
voy a contar por qué creé en su momento este lugar desaparecido en el mapa…
Hace unos
años, mi hermana mayor sufrió un caso de violencia de género que la dejó
marcada física y emocionalmente. Yo era muy joven y fui incapaz de protegerla,
además, tenía la sensación que el sistema llegaba demasiado tarde. Aunque ella
logró salir adelante con ayuda profesional, yo no pude quitarme de encima la
culpa ni el vacío de haber sido un testigo pasivo.
Por ello,
decidí hacer algo nuevo: ya que no pude salvarla a ella, ¿por qué no podía
salvar al resto? Por ello pensé en crear este lugar, donde otras mujeres tuvieran
la oportunidad de sanar antes de romperse. Me formé en gestión comunitaria y, transformé
este antiguo edificio heredado de mis abuelos en un refugio invisible a los ojos
del mundo, pero inmensamente visible para quienes lo necesiten.
Unos tiempo
después…
Davinia ya está
recuperada de las lesiones externas, aunque las internas, todavía le queda
tiempo para recuperarse. Rubén le ha enseñado muchas cosas útiles para
disfrutar de la vida y para ponerlas en práctica.
Nuestra doctora
ha regresado al hospital para volver a empaparse de ese cariño tan especial que
le regalan los niños. Ella ha estado aprendiendo todas las técnicas necesarias
para poder protegerse y disfrutad de la vida, ya que esta lacra atañe a la
sociedad.
Ahora, es una
mujer nueva, con ganas de comerse el mundo. Gracias a Maddi y a Rubén, ha
decidido emprender un nuevo proyecto solidario para ayudar a más mujeres que
sean víctimas de violencia de género. Entre su trabajo y su nuevo proyecto,
Davinia siente que ha tocado el cielo. Es feliz y está enamorada de la vida. Y
en unos meses, será mamá. Cumplirá su mayor sueño.

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