La ambulancia transcurre a toda velocidad por las avenidas principales
para llegar lo antes posible al Houston Methodist. Los signos vitales de ese
joven cada vez son más débiles y, para más inri, tiene la temperatura corporal
cada vez más baja. El paramédico que lo está tratando no consigue estabilizarlo
y comienza a temblar. Su compañera hace todos los esfuerzos posibles para que
el joven llegue con vida al hospital.
Cuando llegan a la zona de urgencias, el equipo médico del hospital está
esperándolos para poder realizarle todas las pruebas pertinentes. Lo más
primordial es una valoración inicial con el informe del médico de la
ambulancia. Nada más acceder, van dirección a los boxes, para comenzar a
administrarle el medicamento preciso y que vuelva a recuperar la temperatura
corporal. La herida producida en su pierna por el disparo recibido, se está
infectando cada vez más, por lo que tienen que llevarlo al quirófano de forma
urgente.
Estando en el quirófano, Marcos comienza a tener convulsiones y espasmos,
por lo que su cuerpo se les va. Los médicos hacen todo lo que pueden para
evitar el final, pero no saben cómo ayudarlo.
Las luces del pasillo parpadean de forma intermitente, como si el propio
hospital estuviera agotado. El silencio de la sala de espera es muy espeso,
solo roto por el zumbido de las máquinas y el susurro de los pasos de los
médicos. La doctora Alice Keller lleva la ropa manchada de sangre. A la sala de
espera acaba de llegar un amigo suyo, el inspector Calloway, que corre a
abrazarla y a consolarla.
-
Por lo que me estás refiriendo, doctora
Keller, a ese joven no lo conoces de nada y, aun así, has decidido ayudarlo
trayéndolo a este hospital. Sabes que, en esta ciudad, la gente no es tan
solidaria como lo eres tú.
-
Lo sé, inspector Calloway. Pero no podía
dejar a ese hombre ahí tirado. He de reconocer que tenía miedo por si sus
agresores estaban cerca.
-
No te atormentes, Alice. Has hecho lo que
tenías que hacer. ¿Por cierto, sabes si ese hombre llevaba la documentación
encima? Porque los paramédicos me han dicho que no había nada en el lugar de
los hechos.
-
Yo no he visto nada, inspector Calloway. Lo
único que he hecho es comprobar sus constantes vitales. Estoy muy preocupada
por él.
En ese momento aparece un auxiliar por la sala de espera y Calloway le
hace una señal para que se acerque.
-
¿Ya han registrado al paciente? – pregunta
Calloway.
-
Sin identificar, inspector. Lo hemos nombrado
como John Doe-27.
-
Dante, esto no es una pelea callejera. Tengo
miedo. Este hombre está solo en esta ciudad y, como bien sabes, aquí nadie
tiene amigos.
-
Lo sé Alice. Si te quedas más tranquila, voy
a solicitar que asignen a una pareja de policías para que haga la ronda
continuamente y no se quede solo. Y con cualquier cosa que ocurra, actuaremos
con contundencia.
-
Gracias, Dante. Qué suerte la mía de poder
contar contigo siempre.
En el Hospital Quántica de Salamanca, Marina comienza a despertarse desde
que le han ido quitando la sedación. Su amiga Ariadna, como la familia de
Marcos y la suya, están al pendiente de todo lo sucedido y de ella. El doctor
Fuentes ha decidido llevar el caso de Marina, ya que es la prometida del jefe
de Neurología y, porque no quiere que la lleve el doctor Bellavista. El doctor
sale a la sala de espera a informar a la familia de las últimas noticias:
-
Familia y amigos de Marina. Os informo que
hemos ido bajando la dosis de la sedación y va reaccionando de forma adecuada.
Ahora mismo, se encuentra aturdida como es lógico, pero está orientada, si lo
preguntan. Vamos a pedirle a la doctora Brieva para que la trate y a su propio
equipo, también les explicarán a ustedes cómo responder a las preguntas que
ella les formule, porque como se imaginarán, después de varios días, no
entenderá dicha situación. Les aviso, no quiero que ninguno cometa la estupidez
de decir la verdad sobre el neurocirujano Marcos Avellaneda, ¿de acuerdo?
Todos asienten.
Diego no se ha separado de la cama del hospital desde
que ingresaron a Marina. Se deshace en atenciones con ella y demuestra ser todo
un caballero lleno de amabilidad y solidaridad.
El equipo médico de la doctora Lorena Brieva está
llevando el caso de la mejor manera posible. Marina está realizando muchas
preguntas y se le está informando de lo que puede conocer y de lo que es
preferible que no sepa. Su pregunta habitual es ¿Dónde está Marcos, por qué
no está aquí conmigo?
Después de varios días ingresada, Marina regresa a la
casa que comparte con Marcos, con ayuda de sus padres, para terminar de
completar su recuperación. Ariadna, con el permiso de los padres de Marina, ha
cancelado la boda en Pedraza con mucha tristeza por su amiga, pero sin novio,
poco se puede hacer.
Nueve meses después, en el hospital Quántica de
Salamanca, nace una niña con ojos color miel. Marina ha decidido que se va a
llamar Indira Avellaneda, porque a su papá ese nombre le gustaba mucho. Indira
significa “la que posee esplendor divino” o “hermosa como el rayo”.
Diego ha ido allanando el camino durante meses y ahora
que Marina ha sido mamá, comienza otra nueva etapa para él. Se ha propuesto
como meta criar a esa niña como si fuera su hija. Tiene que conquistar el
corazón roto de Marina y él, es experto.
Los meses van pasando y nadie sabe nada de Marcos. La
policía tiene el caso en punto muerto. Ninguna agencia tiene datos de la
descripción que proporcionaron de Marcos Avellaneda. Si siguen así,
posiblemente, archiven el caso.
Las noticias que le van llegando a Diego, hacen que
cada día esté de mejor humor, así que decide dar un paso adelante y va en busca
de Marina. Han pasado varias semanas desde que fue mamá y cada día se siente
más revitalizada, aunque sigue con el corazón roto. A casa llega Diego con un
pequeño regalo para Indira. Cuando Marina abre la puerta se encuentra con un
peluche gigante con un sobre en la mano: “es para Indira, soy su guardián”,
algo que le hace reír a ella, lo cual lleva sin hacer algún tiempo.
-
Hola, Diego. Gracias por venir y por este
regalo. No tenías que haberte molestado, de verdad – responde Marina con su
bonita sonrisa.
-
No tienes nada que agradecerme, quería tener
un detalle con Indira y, para ti, unos bombones, dicen que tienen el poder de
quitar las penas – comenta en tono burlón.
-
Si tú lo dices… - ambos se ríen.
-
Marina, he venido porque quiero pedirte algo.
Ya sabes que estoy aquí para ayudarte en todo lo que tú necesites, tanto para
ti como para Indira, por eso quiero que me permitas estar a tu lado y cuidaros
a las dos – admite con una mirada brillante que nunca había visto Marina.
-
Diego, creo que no es el momento adecuado
para que te declares. Marcos sigue desaparecido y, mientras no vea ningún
certificado médico o su propio cuerpo, no pienso dejar de buscarlo y pensar que
sigue vivo. Te agradezco que te preocupes tanto por nosotras, pero tú y yo no
vamos a ser nada más que amigos. Marcos es mi pareja, el padre de mi hija y al
que voy a querer toda la vida.
-
Marina, si tú me lo permites, yo…
-
Diego, el tú y yo que quieres no existe ni
existirá. Mi vida entera es Marcos. Te pido que te marches de mi casa, por
favor.
Diego, se levanta cabizbajo y se marcha con el alma herida y con un
pinchazo en el corazón poco agradable. Nunca le ha gustado que lo rechacen, por
lo que, por su mente están sucediéndose una serie de ideas poco idóneas…
En el Houston Methodist, la policía con el inspector Calloway a la cabeza
no avanzan como a ellos les gustaría, porque el hombre identificado como John
Doe-27, lleva varios días en la UCI y aunque sus signos vitales son estables,
sigue en un proceso de sedación, por las innumerables heridas que tiene en su
cuerpo. Saben que es un hombre joven, entre 30 y 40 años, con un cuerpo
atlético, algo musculoso y tiene unas manos bien cuidadas. Por sus rasgos,
creen que puede ser de Europa, aunque dudan entre los países de Francia, España
e Italia.
La policía lleva varios días investigando qué actividades, como cursos o
excursiones, se han producido en la ciudad, mientras que a través de la
aplicación ciudadana Identify Me, esperan que algún ciudadano sea capaz
de identificar con un retrato robot al joven desaparecido. También están
colaborando con la Interpol y el FBI a ver si dan con algún dato que los pueda
ayudar.
Cuando ya han pasado 10 días, el equipo médico ha decidido quitar la
sedación a ver cómo reacciona el joven.
-
Hoy abrió los ojos sin ningún tipo de
estímulo externo. Reconoce objetos básicos, sigue el movimiento, pero no sabe
quién es, no recuerda nada – dice la doctora Keller mientras consulta su tablet
con las últimas notas.
-
La resonancia confirma que tiene una
contusión en el lóbulo temporal, es decir, el paciente tiene una amnesia
moderada. Hay fragmentos…ecos que no conectan – explica el Doctor Harding.
-
El paciente murmuró algo esta madrugada. Muy
bajo, eso sí, pero es lo único que dice es Marina – comenta la enfermera Clara
Morales.
-
Puede ser el nombre de su hija o de una mujer
cercana a él. Estoy revisando las bases de datos con ese vínculo, pero con esa
mínima información es como buscar una aguja en un pajar – responde sin ganas la
trabajadora social Linda Ross.
-
Su recuperación es funcional, pero
emocionalmente está como atrapado. Solo mira por la ventana como si esperara
algo o a alguien – comenta la doctora Keller.
-
Por mi experiencia, el nombre de Marina puede
ser un recuerdo, una persona importante para el paciente o una advertencia –
añade el inspector Calloway.
-
Todo ello ya es suficiente para iniciar una
terapia de reconstrucción. Vamos a seguir estímulos sonoros e imágenes. A ver
si conseguimos que despierte en él una reacción real – responde el doctor
Harding.
Han pasado varios meses desde que se produjo la desaparición de Marcos y
Marina se ha dedicado a cuidar a su hija en cuerpo y alma. Ariadna solicitó una
excedencia de varios meses en el hospital Prisma XXI para poder cuidar a Marina
e Indira, ya que los padres de Marina van y vienen de Soria cada vez que
pueden.
En una de las visitas de Ariadna a casa de Marina, ésta le cuenta la
proposición que le ha hecho Diego, algo que no le ha sentado bien después de
que Marcos y él son amigos. Ariadna le comenta a Marina que lleva tiempo
notando cambios de actitud en Diego, es decir, tan pronto está de buen humor
como cambia y se convierte en una persona fría y con tintes de violencia. Ella
ha decidido comentárselo a un colega suyo del hospital y con esos rasgos, cree
que podría ser una persona bipolar:
- Ariadna,
por lo que me estás explicando, no creo que Diego tenga esa enfermedad. Si es
verdad que a veces tiene unos cambios de humor que no son coherentes, pero yo
creo que también pueden ser causados por la tensión que estamos todos viviendo.
Aún así, conociéndote, no das puntada sin hilo.
- Marina,
sabes que lo que más deseo es tu felicidad plena y ojalá estuvieras ya con
Marcos disfrutando los tres de esta familia. Pero hay algo en Diego que, no sé
cómo explicarlo, me escama. Tanta amabilidad, tantos detalles, ese acercamiento
queriendo ocupar el lugar de Marcos…hay algo que no me gusta en este
comportamiento.
- Ariadna,
vamos a hacer una cosa. Vamos a investigar por nuestra cuenta a ver qué
averiguamos, porque a mí también me parece sospechoso ciertas contradicciones, ¿te
parece?
- Por
supuesto, amiga. Marina, no quiero preocuparte, pero hay una idea que cada vez
cobra más sentido en mi cabeza y aunque creas que estoy delirando, quiero
compartirla contigo. ¿No será Diego el causante de que Marcos haya
desaparecido?
- Ariadna,
tú ves muchas películas y series de policías, ¿no? Ves personas malas por todos
lados – dice mientras se ríe de la ocurrencia de su amiga.
En estos seis meses que han pasado desde que John Doe-27 entrara al
hospital por la paliza recibida, ha avanzado mucho en sus terapias, aunque
siguen sin que pronuncie más palabras, aparte del nombre de Marina. Recibió el
alta hospitalaria un mes y medio después de ser ingresado y la doctora Alice
Keller decidió llevárselo a su casa porque no podía dejarlo allí. Ella se ha
hecho cargo de su situación personal.
John acude todos los días al hospital a sus terapias, mientras la doctora
Keller y el resto del grupo de profesionales, buscan alternativas para darle
solución a su problema de amnesia moderada. En la sala de consultas del
hospital, la doctora Keller y el doctor Harding están proyectando una imagen de
una resonancia magnética cerebral. Ambos están discutiendo sobre un paciente
con síntomas neurológicos complejos:
-
(Señalando la imagen con el puntero laser) La
lesión parece que se encuentra en el lóbulo temporal izquierdo. Podría tratarse
de una especie de encefalitis autoinmune, aunque los marcadores no son
concluyentes al cien por cien – responde la doctora Keller.
-
No lo creo, doctora Keller. La inflamación
que se observa en la imagen no sigue el patrón típico. Si tuviera que
decantarme, yo diría que es una gliosis postraumática. ¿Has observado la
densidad que se muestra aquí y ahí en el hipocampo? – explica el doctor
Harding.
-
Sí, estoy de acuerdo contigo, pero eso no
explica los motivos de la afasia. Hay algo que no concuerda en este caso –
comenta la doctora Keller.
-
(John acaba de entrar en la sala, aunque
ambos doctores no se han percatado de su presencia) -. ¿Han considerado como un posible problema que sea una displasia cortical focal tipo IIb? Si se fijan en
la imagen que tienen proyectada, ahí muestra una señal hiperintensa en T2, con
la pérdida de la diferenciación entre la sustancia gris como blanca. Eso podría
explicar por qué se producen esos síntomas y la resistencia como tal a los
antiepilépticos.
(Ambos doctores se giran atónitos
con el resultado que acaba de enunciarles John)
-
¿Displasia cortical…? – (Con incredulidad) –
Ese motivo ni siquiera se encuentra en mi lista de diferenciales. ¿Cómo has
llegado a esa solución? – pregunta o el doctor Harding desconcertado.
-
John, ¿Dónde aprendiste eso? – (se acerca a
John de forma amable la doctora Keller).
-
No lo sé – (responde avergonzado) – cuando lo
he visto, lo he sabido, es como si hubiera llegado ese pensamiento a mi memoria
sin yo saber cómo.
-
Es una hipótesis brillante y concuerda con
los factores que no sabíamos cómo ubicarlos. Y, además, es acertada. Solo un
especialista en neurocirugía podría haberlo deducido tan rápido – responde el
doctor Harding.
-
John, antes de recibir esa paliza que casi
acaba con tu vida, ¿tú te dedicabas a esta profesión, es decir, eras médico?
(John se queda mirando la imagen
proyectada como si fuera a darle la solución a sus problemas).
La
doctora Keller llama al inspector Calloway para comentarle lo que acaban de
descubrir tanto ella como el doctor Harding, ya tienen un hilo del que tirar en
la investigación.
Unas
horas después, en el área de urgencias una mujer joven con su marido acaba de
ingresar por el futuro nacimiento de su primera hija. El matrimonio se
encuentra muy feliz deseando conocer la carita de su bebé. A la mujer han
decidido realizarle una cesárea porque el bebé no se ha colocado bien y,
además, se le está enrollando el cordón umbilical en el cuello.
En
la sala de espera, el marido espera las noticias del quirófano sobre el
nacimiento de su hija y el estado de su mujer, mientras por el pasillo vienen
dos personas, una mujer con bata y un hombre, el cual reconoce su cara al
instante:
-
Doctora, disculpe…¿sabe algo de mi mujer? Se
encuentra en quirófano, están practicándole una cesárea de urgencia – pregunta
el joven marido.
-
No se ponga nervioso, su mujer se encuentra
en muy buenas manos. El equipo obstétrico es el mejor. En cuanto tengan
noticias, se las informarán, no se preocupe – responde la doctora Keller.
-
¿Pero usted no es…cómo se llamaba…el doctor
Avena, no, Arellano, no, ahh sí, usted es el doctor Avellaneda? Sí, ya le
recuerdo, el doctor Marcos Avellaneda – comenta eufórico el joven.
-
Pues realmente, no lo sé. ¿Usted me conoce? -
pregunta John con mezcla de añoranza y miedo.
-
¿Marcos Avellaneda? Ese nombre me suena
muchísimo. He leído informes y documentos que has escrito y he visto por
streaming ponencias tuyas – comenta entusiasmada la doctora Keller.
-
Claro que es usted. Está cambiado desde la
última vez que lo vimos. Usted le salvó la vida a mi cuñado y le estamos todos
muy agradecidos. Le diagnosticó un cavernoma que nadie había detectado. Lo
operaron gracias a usted. Es imposible que no lo recuerde, usted fue el alma de
ese congreso que realizaron en la ciudad de Bilbao. Además, usted estuvo aquí,
en la ciudad de Houston dando unas ponencias sobre abordajes quirúrgicos hace
seis meses. Yo venía como acompañante, ya que mi cuñado es médico residente –
explicó el joven.
-
Entonces, ¿soy neurocirujano? – pregunta Marcos de en voz alta sin creérselo todavía.
-
¡Claro! Usted nació en Burgos, pero trabaja
en un hospital de Salamanca. Es un prestigioso neurocirujano.
En ese momento, una enfermera accede a la sala de espera.
-
Kaleb, su hija acaba de nacer. Está sana y
tiene buenos pulmones. Tu mujer está estable. Puede pasar a verla en unos
minutos – se despide la enfermera.
En la sala de reuniones, Marcos acaba de averiguar quién es, aunque no lo
recuerde. La doctora Keller reúne allí al inspector Calloway, al doctor
Harding, a la trabajadora social Linda Ross y la enfermera Clara Morales para
explicarles las nuevas novedades con relación a Marcos. Ya tenemos un nombre y
una profesión. Ya pueden seguir con sus terapias y buscar a su familia.
En Salamanca, Ariadna ha ido al hospital de Quántica a recoger unos
papeles que le ha encargado Marina y allí ve a Diego Bellavista, el cual, está
en consulta con un paciente. Ella ha ido a la consulta de Marina y la enfermera
ha olvidado quitar sus credenciales del ordenador, por lo que decide
arriesgarse y comprueba en el historial el nombre de una persona. Lo que ahí
sale escrito la deja atónita:
Expediente
Médico – Informe de Antecedentes Psiquiátricos.
Nombre:
Diego Bellavista. Especialidad:
Neurocirugía. Centro de Origen:
Hospital Universitario de Madrid. Centro
Actual: Hospital Quántica, Salamanca. Motivo de Traslado: Solicitud
voluntaria por razones personales y profesionales.
Antecedentes
clínicos relevantes: El doctor Diego Bellavista presenta un
diagnóstico confirmado de trastorno bipolar tipo I. Tiene un historial de
episodios maniáticos y depresivos desde hace más de una década. Durante esos
episodios, su desempeño profesional ha sido destacado; sin embargo, también ha
tenido conductas violentas.
Se registran
varios ingresos en el área de psiquiatría del Hospital Universitario de Madrid,
vinculados con episodios de agresividad con anteriores parejas sentimentales.
Consta en el expediente una denuncia formal por violencia de género,
interpuesta durante su etapa de residente.
El doctor
Bellavista cuenta con un tratamiento farmacológico prescrito, el cual, no
mantiene. Rechaza el acompañamiento psicológico, alegando que “sabe cómo
gestionar su conducta”.
Observaciones:
se recomienda un seguimiento psiquiátrico periódico y una evaluación
de riesgo conductual en contextos sensibles.
Después
de leer ese informe médico, ¿Qué decisión va a tomar Ariadna? ¿Cómo reaccionará
Marina al saber que Marcos está vivo? ¿Qué hará Diego cuando sepa que el
camaleón y el ruso no han terminado su trabajo?
Lo
sabréis en la última entrega de la sombra del deseo.
Última
entrega: sábado 26 de julio
El Oasis de las Letras

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