Cuando el amor existe

 



Diego Bazán es un joven que ha estudiado Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, se ha formado en clases de defensa personal, tiene el TIP (la tarjeta de Identificación Personal) para ser Guardia de Seguridad y también ha hecho cursos para ser guardaespaldas. Tiene la suerte de poder trabajar en varios trabajos para poder ganarse un sueldo. El único inconveniente es que Diego no es feliz, porque no puede disfrutar de su familia como a él le gustaría. Desde hace unos años, los padres de Diego y de Julia, tuvieron un accidente automovilístico donde fallecieron por culpa de un conductor temerario. Desde entonces, ambos se han cuidado de forma mutua y comparten todo tipo de secretos y confidencias.

Julia es la hermana mayor, la que cuida y mima a día de hoy a Diego. Regenta una tienda de ropa y accesorios para mujeres y hombres. Tiene pareja y dos niños maravillosos, los cuales, disfrutan al máximo cuando el tito Diego viene a casa a jugar con ellos.

Amanece un día muy primaveral en plena sierra madrileña, donde el sol ya va haciendo acto de presencia. Diego ha madrugado para desayunar con la familia de su hermana y así, poder pasar más tiempo con Martín y Guille, a los que adora como si fueran sus propios hijos.

Mientras desayunan, Julia le comenta a Diego que ha visto una oferta de trabajo que podría interesarle y así poder dejar de estar de un lado para otro día a día. Se trata de un puesto interesante. Necesitan un guardaespaldas para una familia adinerada del norte de Madrid. Quieren experiencia y formalidad.

-       Diego, he visto una oferta que creo que puede interesarte. Por enviarla, no vas a perder nada – le dice de forma cariñosa mientras le guiña un ojo.

-       Pues tiene pinta de estar todo el día detrás de esa familia…pero a falta de algo mejor, todo es bueno. Mándamela al WhatsApp y preparo la documentación a ver si tengo suerte – dice mientras cruza los dedos y sonríe tímidamente. 

La familia Narváez está compuesta por el cabeza de familia, Don Claudio, su mujer, Doña Carlota y sus hijas, la joven y futura heredera de la empresa de telecomunicaciones internacionales Andrea Narváez y su hermana Marina. La hermana de Andrea se dedica a otros negocios dentro de la empresa familiar. Esta familia está muy unida desde siempre y se nota en la relación que tienen todos. Andrea está saliendo con un joven llamado Gael Rivas de la Fuente, el cual, es un prometedor agente encargado de comprar y vender empresas y de fusionarlas para conseguir mayor beneficio.

Días después de mandar la documentación, Diego recibe una llamada del despacho de la familia Narváez para que se presente en la casa familiar para realizar una entrevista, ya que su currículum vitae ha pasado la criba del resto de candidatos.

-       Señor Bazán, puede pasar, el señor Narváez lo espera en su despacho – le responde la secretaria.

El despacho es amplio y funcional con una mesa rinconera, con silla giratoria, moqueta, con grandes ventanales desde el que se puede ver un maravilloso jardín, con piscina y un lugar de recreo para celebrar fiestas y celebraciones.

-       Señor Bazán, pase por favor – le dice Don Claudio, a la vez que le apreta la mano con suavidad – y siéntese. Si quiere un café o alguna otra bebida, dígamelo y lo mando preparar – responde con un tono muy amable y conciliador.

-       No se preocupe, señor Narváez, estoy bien así – contenta mientras sonríe, nervioso por la situación.

-       De acuerdo. Señor Bazán, tiene usted un currículum vitae muy interesante y completo. Me gusta porque es disciplinado y no se deja nada por hacer. El puesto que le voy a comentar no es para mí, descuide, yo tengo a mi chofer de toda la vida. Quiero que sea el chófer, conductor y guardaespaldas de mi hija mayor, Andrea Narváez. Ella no conduce desde hace años por un problema que tuvo y desde entonces se maneja con mi chófer. Pero yo quiero a una persona de confianza, porque dentro de unas semanas se va a convertir en la máxima accionista de la empresa que voy a delegar en ella y no puede seguir utilizando el transporte público, por si ocurriera cualquier cosa, ¿me entiende a lo que me refiero? – pregunta Don Claudio.

-       Claro que sí, señor Narváez. Estoy especializado en artes marciales, defensa personal y daría mi vida por la persona a la cual tengo que proteger – responde Diego.

-       Eso es lo que yo quería escuchar. Ahora si le parece, voy a llamar a mi hija, para que se conozcan. Ya que ella es la que tiene la última palabra y con la que tiene que trabajar día a día – comenta Don Claudio.

En ese momento, se abre la puerta con la bandeja del café de Don Claudio y una botella de agua para el señor Bazán. La que trae la bandeja no es la secretaria, sino la propia Andrea Narváez.

-       Buenos días, usted debe ser el señor Bazán – dice mientras deja la bandeja sobre la mesa de su padre y coloca el café y la botella de agua, a la par que se gira de forma delicada, lo mira a los ojos tímidamente y le sonríe.

-       Así es, soy Diego Bazán, su futuro guardaespaldas, siempre y cuando pase las pruebas que usted me tenga preparadas – responde el señor Bazán, mientras le estrecha la mano de forma segura y suave.

-       Por lo que veo señor Bazán, está muy bien entrenado. Si le parece bien, damos un paseo y le cuento cómo es este trabajo y lo que yo necesito. Depende de sus respuestas, deliberaré después con mi padre y ya tendrá que lidiar con su secretaria para los papeles. ¿Me acompaña, por favor?

-       Por supuesto que sí. Un placer Don Claudio – contesta a la par que estrecha la mano al padre de Andrea.

Después de un largo paseo por los jardines de la casa y alrededores, Andrea ha tomado una determinación. Diego se queda, le ha demostrado confianza y seguridad. Tiene como un don especial y hay algo que le atrae de él, pero no sabe qué es. A la salida de la casa de los Narváez, saca el teléfono, marca un número:

-       ¡¡Juliaa!! Te informo que a partir de mañana comienzo a ser el chófer oficial de Andrea Narváez. Voy de camino a la sastrería para que me preparen los trajes oficiales que tengo que llevar día a día – le cuenta mientras va caminando muy feliz.

-       ¡¡¡Hermanito!!! ¡¡Qué alegría me das!! Estoy muy contenta por ti, por fin vas a tener un trabajo en condiciones. ¿Qué tal es la familia? – pregunta Julia.

-       La verdad es que sólo he conocido a la señorita Andrea como a su padre, Don Claudio. Parecen una familia unida y no se ven los típicos roces de otras familias.

Al día siguiente, Diego llega antes de la hora de comenzar a trabajar y se cambia de ropa. Ya preparado, se pasa por la cocina y la zona de los empleados para ir conociéndolos a todos. Mientras se toma el segundo café de la mañana, la señorita Narváez hace acto de presencia en la cocina:

-       Señor Bazán, me alegra verlo preparado y con un café en la mano. Si le parece bien, me gustaría que me lleve al trabajo y le pongo al día de mi agenda de hoy para que también usted esté al corriente – le explica Andrea.

-       Por supuesto, señorita Narváez. Como usted mande – le responde explícito un tímido Diego.

-       Carmen, gracias por el café para llevar. No sé qué haría sin ti. Toda la vida cuidándome y siempre con esa sonrisa infinita en tu rostro – le dice Andrea mientras se acerca a darle un abrazo y un beso – Señor Bazán, nos marchamos ya.

Los primeros días al servicio de la familia Narváez discurren sin ningún tipo de complicación. Diego y Andrea comienzan a sentirse agusto entre los dos y van ganando confianza. Andrea le ha comentado a Diego que sigue un plan activo de ejercicio por las mañanas y luego va al trabajo. Diego le propuso acompañarla a hacer deporte por las mañanas y mientras ella se queda en el trabajo, él sigue estudiando y planificando las sesiones de deporte, aparte de preparar la seguridad.

Mientras Diego está en su despacho, escucha un algarabío por el pasillo de la oficina, donde de fondo, se escuchan aplausos y una calurosa bienvenida. Se acerca a la puerta y ve a un hombre alto, corpulento, con un peinado degradado y barba muy perfilada, vestido con un traje azul oscuro. Andrea sale corriendo a abrazarlo y se funden en un apasionado beso. En ese momento, Diego siente un pinchazo en el pecho. La señorita Narváez tiene novio. Ambos se acercan a donde se encuentra Diego:

-       Señor Bazán, le presento a mi pareja, el señor Gael Rivas de la Fuente. Él es mi chófer y guardaespaldas, cariño – responde Andrea.

-       Encantado señor Rivas – contesta a la par que le estrecha la mano a Gael.

-       Encantado chófer – dice mientras le estrecha la mano – aunque ya sabes, amor, que cuando nos casemos no te va a hacer falta ninguna persona.

-       Bueno, eso ya lo veremos. Te he dicho muchas veces que ese es un asunto mío y de nadie más – responde muy seria.

-       Cómo tú veas, amor – contesta mientras mira de arriba abajo al señor Bazán.

Desde que Gael ha vuelto a la ciudad después de estar varias semanas de viaje internacional, la relación entre Andrea y Diego es distinta. Ella se nota más apagada y seria de lo normal y Diego no sabe cómo acercarse a ella, porque Gael no se separa de ella. En uno de esos ratos libres que tiene, queda a almorzar con su hermana Julia.

-   Diego, ¿me vas a decir hoy qué te ocurre? Te noto cabizbajo y muy serio, aparte de despistado. Comenzaste muy feliz y ahora no te veo así. ¿Qué ha cambiado? – pregunta preocupada Julia.

-   Pues que la casa de los señores Narváez estaba muy bien hasta que ha llegado el estirado de la Fuente a arruinarlo todo – contesta muy enfadado.

-   Acabáramos… ¿ahora no me irás a decir que te has enamorado de la señorita Andrea, ¿no? – pregunta Julia.

-   Enamorarme no, pero había una relación cómplice entre ambos y ahora parecemos dos extraños en un mismo coche cuando la llevo al trabajo, claro, el día que puedo llevarla – refunfuña Diego.

-   Diego, que te conozco muy bien. Por lo que me has contado estas semanas y ahora mismo, creo que una relación cómplice no es, hay algo más que se está fraguando entre ambos – contesta muy segura de sí misma.

-   ¡Qué manía tienes de decirme eso! La señorita Narváez y yo no tenemos ninguna relación que no sea profesional. Nos tenemos cariño, son muchas horas juntos…

-   Ya…mira Diego, puedes llamarlo como tú quieras, pero voy a ser muy clara contigo. Te estás enamorando de una mujer, que primero es prohibida para ti, por pertenecer a una clase social distinta a la nuestra; segundo, ella está prometida con un hombre que no eres tú y a ti lo que le pase o deje de pasar, ni te va ni te viene, solo tienes que mantener una distancia prudente y hacer tu trabajo.

-   ¡No estoy enamorado, hermanita! – responde y se marcha de malas formas del lugar donde estaban almorzando.

-   Por qué me da que al final vendrás llorando y con el corazón hecho añicos… - se responde a sí misma Julia.

En la empresa de la familia Narváez se está preparando una fiesta por todo lo alto por tener una doble celebración: por un lado, el relevo en la dirección; y por otro, el compromiso de Andrea con Gael.

Gael lleva unos días más nervioso de lo habitual, porque está siendo presionado por Catalina.

-  Mucho amor amor amor, pero me tienes abandonada y a tu hijo también. El amor de tu vida no se si seré o no, pero ya no quiero más excusas Gael. Mi hijo no tiene por qué venir a este mundo sin su padre. Así que, déjate de tonterías y vente a México. No podemos mantener una relación a distancia y menos cuando no estás enamorada de esa ricachona – recrimina Catalina.

-  Cariño, te prometo que lo voy a solucionar, pero primero tengo que hacer otra cosa y por ello, debo de estar aquí. No te preocupes, en unas semanas voy a estar allí con vosotros y veré crecer a mi chamaco, lo juro.

El día de la fiesta, Andrea está muy nerviosa, por una parte, porque va a recibir los galones necesarios para seguir el legado de su padre y, por otra, se va a hacer oficial el compromiso con Gael. Pero su cabeza y su corazón no piensan en Gael, sino en Diego. Los felices momentos vividos con él las semanas previas se le amontonan en sus recuerdos y le provocan una sonrisa tímida y alegre. Pero también sabe que no puede estar con él, ambos son de diferentes clases sociales.

Diego decide ser valiente y pide permiso para hablar con Don Claudio.

-       Señor Bazán, ¡qué sorpresa tenerlo aquí! ¿Le ha ocurrido algo a mi hija? – pregunta desconcertado el señor Narváez.

-       No, no, no se preocupe señor Narváez. Es que quiero comentarle otra cosa.

-       Le escucho, pues. ¿Qué le ocurre? Lo noto preocupado y muy serio para su costumbre.

-       Realmente, no sé por dónde empezar…Don Claudio yo estoy muy contento de trabajar aquí, de estar con su familia y que me traten como si fuera uno más, pero cuando su hija Andrea se case con el señor de la Fuente, quiero dejar el trabajo.

-       A ver muchacho, ¿Cómo es eso que quiere dejar el trabajo? Me está diciendo que está contento con mi familia y ahora nos quiere abandonar…ya puede darme un motivo de peso para que yo acceda a dejarlo marchar. Hable en confianza – lo anima Don Claudio.

-       Señor, no me pida eso. Su hija necesita un chófer más competente para llevar el ritmo que va a llevar en cuanto se case con el señor de la Fuente y yo no quiero alejarme de mi hermana y de su familia.

-       Joven, ¿Seguro que es eso o es que hay algo más que no quiere que sepa? – pregunta Don Claudio.

-       Solo es eso, señor. Por eso quiero avisar con tiempo para que vayan buscándome un sustituto. No le molesto más, señor Narváez, un placer trabajar para su familia – le dice mientras le estrecha la mano.

-       Yo no digo que no quiera alejarse de su familia, pero este muchacho lo que tiene se llama mal de amores y creo saber de quién se ha enamorado – se dice a sí mismo mientras se sonríe.

En su despacho, Diego como parte de la seguridad de la empresa, está dejando todo ordenado, mientras le salta una conversación, la cual no lo deja indiferente. Asustado, comprueba si hay más conversaciones con ese mismo número y resulta que sí. En ese momento una lucecita hace acto de presencia y Diego marca un número de teléfono. Cuando responde, le da una serie de pasos que debe seguir y que necesita que lo tenga todo listo para esta noche.

Mientras Andrea se está terminando de preparar, su padre llama a su habitación:

-   Hija, ¿puedo entrar? – pregunta con una sonrisa cálida.

-   Claro que sí, papá. ¡Qué guapo estás!

-   No más que tú. Estás bellísima – responde con una mirada cómplice y ambos se abrazan.

-   Qué raro verte por aquí, papá. ¿Ocurre algo? – pregunta extrañada Andrea.

-   Sólo quiero saber cómo te encuentras y preguntarte por algo que me lleva rondando toda la mañana. ¿Ha hablado contigo Diego Bazán?

-   Pues la verdad es que no lo he visto casi en estos días y cuando me he cruzado con él, estaba cabizbajo y poco hablador, para lo que él es.

-   Pues te aviso que ha venido a verme para decirme que se marcha de aquí, en cuanto te cases con Gael.

En ese momento, la cara de felicidad se transforma en tristeza y su corazón da un vuelco de 180º.

-       ¿Cómo que se va? ¡No puede hacer eso! – grita enfadada.

-       Pues por lo visto lo tiene todo más que claro. Se conoce que no sabe cómo decirte que se va. Aunque su motivo es muy diferente al que a mí me ha contado…

-       ¿Y cuál es ese motivo por el que ha decidido marcharse? – pregunta interesada Andrea.

-       Pues ahí no te puedo ayudar, tendrás que ir a buscarlo para que él te lo explique.

Andrea se despide con un beso de su padre y sale corriendo al cuarto de los empleados en busca de Diego. Al llegar allí, se encuentra con Rubén, el chófer de su hermana y le dice que Diego ha recogido todo muy temprano y se ha marchado. Preocupada, llama a la empresa por si alguien lo ha visto. Nada.

La recepción en la empresa comienza y con ello, los primeros invitados vestidos de gala. Los últimos en aparecer son la familia Narváez al completo. Cuando ya están todos en el salón principal degustando la cena, Andrea mira hacía todos los lados por si ve a Diego dentro del grupo de seguridad, pero no está. Nadie lo ha visto. Don Claudio se levanta, se acerca al escenario que hay preparado y llama a su hija Andrea. Ella, con los nervios a flor de piel, sube la pequeña escalinata para reunirse con su padre. Ambos se emocionan con un vídeo preparado para la ocasión y se produce la entrega simbólica del traspaso de poder, mientras el público asistente se levanta y aplaude efusivamente. Seguidamente, la familia Narváez sube al completo al escenario al igual que la familia de Gael. Cuando se va a producir la pedida de mano, un vídeo aparece en el proyector. Todos se miran desconcertados sin saber por qué. El vídeo no deja muy bien parado al señor Gael Rivas de la Fuente. Se ve claramente que ha estado blanqueando dinero de la empresa de los Narváez (una fuga bastante abultada), que ya tenía todo preparado para dejarla en la ruina (una empresa ficticia iba a comprarla y los fondos se iban a sociedades fantasmas) y para rematar, una conversación muy romántica y acaramelada entre él y una señorita llamada Catalina, donde le reclama por no darle su lugar a ella y a su futuro hijo, allí en México.

Andrea se acerca a Gael, le da un bofetón fuerte y rompe el compromiso allí mismo. No quiere volver a verlo. Se acerca a su padre, el cual no puede creer lo que ha hecho Gael, le da un beso y le pide las llaves de su coche. El padre la mira desconcertado y con una sonrisa cómplice, se las da. Ella sale corriendo de la sala. Coge el coche y se encamina a un lugar que sabe seguramente que allí estará Diego.

Aparca cerca del lugar al que se encamina con paso decidido. Al llegar a la casa adosada, llama al timbre y le abre Carla, la pareja de Julia. Le pregunta por Diego y le dice que pase, que está dentro.

-          Perdón que me presente a estas horas, pero me gustaría hablar contigo, Diego.

Su hermana Julia, le da un empujón y le hace ver que no está bien dejar plantada a una señorita que, por cierto, viene muy guapa.

-       Señorita Andrea, no me esperaba verla aquí. ¿Ha venido usted conduciendo? – pregunta desconcertado Diego.

-       Sí. Ya está bien que deje de tener chófer y me defienda por mí misma en carretera y más ahora que soy la directora de la empresa Narváez.

-       Me alegro por usted, se lo merece. Va a seguir el legado de Don Claudio.

-       Diego, ¿cuándo vas a dejar de llamarme de usted? Tenemos prácticamente la misma edad.

-       La educación es lo primero, señorita. Y yo no tengo que perder las formas y menos delante de una directora de renombre, doña Andrea Narváez – dice mirándola de forma cómplice.

-       Diego, me imagino que ya sabes que no hay boda ni compromiso, porque ha aparecido en el proyector un vídeo muy adecuado donde Gael no ha quedado precisamente como un señor de su altura. ¿Tú no tendrás nada que ver con eso, ¿verdad?

-       Claro que sí, señorita – responde uno de los peques de la casa – el tito Diego lleva pensando todo el día como quitarle la máscara a ese estirado de gimnasio.

-       ¡¡Guille!! ¿Cuántas veces te tengo dicho que no te metas en las conversaciones de los mayores? – le regaña Diego.

-       Pero tito, si estamos todos involucrados en esta historia, ¿para qué vamos a negarlo? Mira el lado bueno…la chica guapa está aquí – le dice mientras hace el intento de guiñar un ojo.

-       Diego, no necesito saber mucho más. Desde que el vídeo ha aparecido en pantalla sabía que tú tenías algo que ver y gracias a eso has impedido una boda que estaba destinada al fracaso y a la ruina de mi familia. Eres nuestro salvador. Y por ello te estaremos eternamente agradecidos.

-       ¡Que se besen, que se besen! – cantan y aplauden Martín y Guille al unísono.

Ambos no necesitan decirse nada más. Sus miradas hablan por sí solas. Se acercan lentamente, se acarician las mejillas y se besan de forma apasionada, mientras los niños aplauden y Julia y Carla se abrazan muy felices. Ahora sí son la familia al completo.

El Oasis de las Letras

Comentarios