Al caer la noche, un frío gélido atravesaba los huesos de manera sepulcral. Este invierno estaba siendo mucho más frío de lo que anunciaban los meteorólogos. Y en vez de estar en casa, con mi familia, estaba dentro del coche con el motor apagado, los cristales empañados de mi propio vaho y con varias fundas de ropa. No podía encender el motor ni poner el sistema de calefacción del coche, porque entonces, me delataría y era lo último que yo necesitaba. Esas noches de vigilancia se me hacían muy largas y más porque no podía conversar con mi mujer.
Estas últimas semanas estaba llevando un caso un tanto peculiar, porque tenía que realizar el seguimiento de una mujer joven, la cual, de día era una flamante ejecutiva con un puesto importante en una de las sedes del banco más importante de la ciudad. Mientras que, por la noche, tenía un trabajo menos glamuroso pero que conseguía grandes sumas de dinero. Como detective privado me contrataron para encontrar solución a un misterio que cada día se hacía más latente: ¿Quién era esa mujer tan sofisticada que durante el día era perturbadoramente elegante y por la noche la mujer más despiadada de la faz de la tierra?
Todo comienza con una llamada a mi despacho de la calle Río Rosas, en Madrid. La persona que me llama me comenta que es necesario que me traslade hasta el parque del Retiro, para poder hablar con más privacidad. La única norma es que no debo decirle a nadie que tengo una reunión allí. Mi desconcierto es muy grande, pero acepto a regañadientes. Últimamente mi despacho tiene poco trabajo y este misterio me puede ayudar económicamente.
Accedo al parque del Retiro por la puerta del Ángel que se sitúa en la zona de la Cuesta Moyano y, me encuentro con un señor alto, corpulento y con sombrero de pico.
- Detective Mendoza, un placer conocerlo en persona. Me han hablado muy bien de usted y por eso lo he elegido. – Me dice a la par que me estrecha la mano mientras mi cara es una mezcla entre escepticismo y seriedad.
- No puedo decir lo mismo señor….
- Perdón detective, no me he presentado. Soy Eusebio Carranza de los Ríos.
- Encantado señor Carranza. – Dice mientras le estrecha la mano con firmeza. – Ahora que ya nos hemos presentado, ¿cuál es el motivo de esta reunión?
- Vayamos dando un paseo por el parque, dirección al estanque y se lo explico. Verá detective Mendoza, necesito que trabaje para mí. Tengo un caso muy peliagudo y no puedo contar con cualquier persona y usted es la mejor para el puesto.
- Ya…pero sigue usted sin contarme para qué soy bueno. Yo no trabajo para cualquier cliente si antes no me dice el asunto y con qué está relacionado. Este trabajo tiene sus riesgos y no puedo decir a todo sí sin conocer todo su entramado.
- Ya veo que está usted bien instruido, detective. Resulta que llevo un tiempo preocupado por mi situación financiera y mi negocio se va a pique. Mi problema es que no sé quién es la persona que está detrás de todo esto.
- Para que yo me aclare señor Carranza, quiere que investigue sus finanzas, que encuentre a la persona que le está haciendo perder grandes sumas de dinero y que se la ponga en una bandeja de plata, ¿no?
- Veo que nos estamos entendiendo. Pero por supuesto, todo este asunto lo quiero de forma confidencial. Pagaré sus honorarios conforme usted me lo pida, con ese tema no hay problema. Pero necesito pruebas ya. ¡Quiero a esa persona fuera de mi vida!
Después de mi reunión en el parque del Retiro con el señor Carranza, me fui a mi despacho de la calle Río Rosas a recoger los medios que me hacían falta para empezar con la búsqueda. En la empresa, Eusebio me entregó un dispositivo de memoria de 2TB con información confidencial para encontrar la solución a sus problemas. En esa memoria externa, también contiene los datos de todos los empleados. Tenía que investigarlos y comprobar quién podía ser la persona que estaba robando dinero.
Después de varias semanas de investigación y observando al personal de la entidad, me quedo con tres expedientes que me llaman más la atención.
Uno hombre que ronda la cincuentena; otro hombre que tiene 32 años y una mujer de 40. La peculiaridad es que casi todos tienen un expediente inmaculado y eso me hace sospechar.
Comienzo mis averiguaciones con Leo Segarra, hombre de 48 años, ejecutivo en la empresa desde hace 12 años, con buena posición económica y de cuerpo atlético. Está casado y tiene dos hijos adolescentes. Investigando descubro que estuvo en la cárcel siendo muy joven por robar a personas mayores y por tráfico de drogas. Estuvo en prisión el tiempo por el que fue condenado, mientras se realizó un proceso de reinserción a la sociedad. Estando en el centro penitenciario, aprovechó el tiempo, se sacó el título de Bachillerato, hizo la prueba de acceso a la Universidad y estudió Ciencias Políticas. Desde entonces, limpio como una patena.
Sigo con el joven de 32 años. Se llama Diego Veracruz y es el encargado de llevar a cabo las transacciones de la bolsa. Todos los días compra y vende acciones de muchos clientes. A día de hoy, las cuentas de esos clientes están al día y no se ha percibido ningún desfalco económico. Aun así, lo voy a dejar en posible sospechoso.
La última persona que me desconcierta es una mujer de 40 años, madre soltera, encargada de llevar a cabo las gestiones más importantes de la entidad bancaria. Se encarga de todo el personal que trabaja allí y tiene mucho poder en la ejecutiva central. Es una mujer muy misteriosa y poco se sabe de su vida. Decido seguir investigando y sólo me encuentro puertas cerradas. Es como si se hubiera evaporado su vida pasada.
En ese momento, me viene a la cabeza la imagen de un chaval que se le da muy bien la informática y de vez en cuando, hackea teléfonos y ordenadores, así como bucea en la red oscura mejor que cuando los demás nos tiramos a la piscina. Decido llamarlo. Se hace llamar dark-white.
- Dark-white al aparato, ¿qué necesitas detective Mendoza?
- Buenos días para ti también amigo. Ya veo que se te han olvidado las buenas formas a la hora de saludar…
- Me pillas con trabajo y voy hasta arriba, pero a los buenos amigos se les tiene que tratar bien. Además, no creo que me hayas llamado para preguntarme por el tiempo.
- Vaya vaya, hoy te has levantado muy chistoso, ¿no? Bueno, vamos a lo importante. Necesito que bucees por esa red oscura que solo tú conoces bien y me encuentres todo lo que haya sobre una mujer. Y cuando digo todo es todo.
- Detective Mendoza, hoy sí que está usted con ganas de pedir mucho y me imagino que lo quieres para ayer, ¿no?
- Exactamente. Necesito que me digas quién es Agatha Ruíz de las Heras.
- Ok, dame un par de horas y te llamo.
A media tarde, me escapo a la terraza de uno de los restaurantes más bohemios de la ciudad a tomarme un café con un croissant cuando recibo un mensaje de voz de dark-white.
- Mendoza, no vas a creer todo lo que te he conseguido. Me debes un favor muy grande. Te acabo de mandar al correo información muy valiosa. Cuando la veas me llamas.
En ese momento, accedo al correo desde el móvil y lo que leo me deja sin palabras.
“Agatha Ruíz de las Heras es un nombre falso, no existe ninguna mujer que se llame así en el censo de ninguna ciudad. Agatha tuvo que cambiarse el nombre en el Juzgado cuando tuvo problemas con la justicia. Resulta que esa joven es una de las mejores trabajadoras que tiene la entidad bancaria, pero por la noche tiene un grupo armado que nadie conoce, pero sí sabemos cómo trabaja. Ella es la cabecilla pensante. Resulta que hacen robos de sumas importantes de dinero y joyas en las casas de las personas más ricas de todo Madrid. Entran y salen sin dejar huellas y a los huéspedes no les hacen nada. Tiene una sociedad en un paraíso fiscal donde no se puede acceder y tampoco sé quiénes son sus compañeros. Saben hackear cámaras de seguridad, los guardias no saben cómo ocurren esos robos mientras ellos están en las garitas vigilando y no hacen ruido. La policía no puede identificarlos porque no tienen por dónde empezar. Pero la pregunta clave es: ¿qué hace con tanta suma de dinero de los robos? Pues es fácil: dona ese dinero a personas vulnerables, que no tienen nada. Es como Robin Hood, pero en versión femenina.
Y ahora la mejor parte es esta. Agatha Ruíz de las Heras se cambió el nombre porque es una hija que nació fuera del matrimonio. Su padre jamás quiso saber de ella y niega que sea suya. Eso a Agatha le dolió mucho, ya que veía a su madre trabajar de sol a sol y no tenían dinero suficiente para poder sobrevivir. Ella vendió su cuerpo al mejor postor para poder costearse sus estudios y se las ingenió para trabajar en esta entidad bancaria. No podía trabajar para otra. Quería ésta, precisamente. ¿Por qué? Porque quería que su padre pagara por todo el daño que les había hecho a su madre y a ella. Como bien te estas imaginando, el padre es Eusebio Carranza de los Ríos. Su idea es dejarlo en la quiebra a él, no al resto de la entidad”.
Mientras lee todo el documento, le llega una notificación a su móvil. “La entidad Bancaria GlobalAir acaba de anunciar que su presidente, Eusebio Carranza de los Ríos deja su puesto en manos de Agatha Ruíz de las Heras. Ha llegado el momento del cambio generacional y ella es la mejor opción posible”.
Unas horas antes…
- Señor Eusebio, la señorita Agatha quiere hablar con usted, dice que es urgente – le comenta la secretaria por el teléfono.
- Por supuesto, Gloria. Hágala pasar.
- Buenas tardes, don Eusebio. Es indispensable que hable con usted antes de la reunión con el comité – responde con contundencia.
- Dígame señorita de las Heras, ¿en qué puedo ayudarla?
- Resulta que ya es hora que usted sepa la verdad. He escuchado anteriormente a otros compañeros decir que usted ha contratado a uno de los mejores detectives del país para averiguar quién o quiénes se han encargado de sabotear su propia empresa. Pues déjeme decirle, que a la persona que buscaba, la tiene precisamente delante. Yo soy esa persona. La que lleva meses blanqueando dinero de esta empresa, la empresa que fundó su padre hace muchos años. Él, si era un hombre ejemplar y no la basura que es usted.
- ¡No pienso dejar que me falte al respeto, señorita de las Heras! Voy a llamar a seguridad para que la echen de aquí ahora mismo – dice mientras hace amago de levantar el teléfono.
- Usted si quiere, llame a seguridad, que yo también voy a ir a ese comité que va a presidir, no creo que a sus socios les guste la idea que lleva años negándome una pensión por paternidad y, por ende, de reconocimiento por ser una digna heredera suya.
- ¿Qué está diciendo? Jamás he tenido ningún hij… - se para en seco, en vez de continuar, un breve destello de luz le trae a la memoria un suceso ocurrido hace 41 años –
- Por lo que veo, se está acordando de algo. Piense, piense, a ver si sigue recordando más cosas.
- Hace cuarenta años, tuve un desliz con una mujer cuando fui a un Congreso donde los bancos más reconocidos del país teníamos que buscar soluciones para los problemas que se nos venían encima. En ese momento, yo me encontraba en una crisis sentimental con mi mujer y, me dejé llevar sin pensar en las consecuencias. Unos meses después, cuando mi matrimonio volvía a resurgir, apareció su madre. Ahí me contó que estaba embarazada y coincidía que mi mujer también lo estaba. Entonces, decidí apostar por mi matrimonio, le di una suma importante de dinero y le pedí que desapareciera de nuestra vida.
- Vamos, lo que se llama en el mundo occidental ser un completo cobarde. Pues igual que se metió en la cama con mi madre, debería haber sido valiente para reconocer su desliz y que yo también figurara como accionista de esta empresa, ya que sus hijos, no han querido saber nada de este negocio.
- Era más joven y tenía miedo de perder a mi mujer.
- Excusas, don Eusebio. Cuando uno quiere de verdad, no se deja embaucar por nada ni por nadie y usted es el ser más despreciable que existe sobre la faz de la tierra.
- ¿Qué es lo que quieres, hija?
- No me llame hija, jamás se ha molestado por mí, así que no venga ahora a hacerse el santo conmigo. Quiero su poder, su lugar en esta empresa. Quiero que renuncie a su puesto y me nombre a mí como máxima accionista y directora de GlobalAir. Y, de paso, que usted desparezca de mi vida para siempre.
- ¿Y, si no cedo a renunciar a mi cargo?
- Está todo preparado para que este banco entre en quiebra y todo su capital vaya a paraísos fiscales, a los cuales, usted no tiene derecho a acceder. Perderá todo su patrimonio y su familia se quedará en la calle, además, de salir en todos los informativos y prensa rosa. No creo que a su mujer le agrade la idea, pero vamos, si usted quiere, probamos y lo vemos.
- No es necesario que haga eso. Mi mujer Clara, no tiene nada que ver aquí. Ella es una mujer noble y bondadosa. El único culpable soy yo… - después de una pausa que para Agatha se hace eterna, don Eusebio responde – Está bien. Renunciaré a mi puesto y a ser el máximo accionista. Hablaré con el notario de la empresa y formalizaré todo para que usted pase a ser la directora del GlobalAir.
En la reunión con todos los socios, se acuerda y se firma la decisión de dejar el puesto a la señorita Agatha Ruíz de las Heras. Oficialmente, ya es la directora de la sucursal más poderosa del país.
En su nuevo despacho, Agatha realiza una llamada:
- Ya sabes lo que tienes que hacer. Don Eusebio va a seguir sufragando los gastos de todos esos niños y niñas que están creciendo solos, sin hogar y sin familia. Sabe que no puede quejarse, porque si no, toda su verdad sale a la luz. Mantenme informada de todos sus pasos.
Ahora que ya ha conseguido su reconocimiento, se dice para ella misma: “veni, vidi, vici”.
El Oasis de las Letras

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