Desde que nací, decidiste ser mi protector, aunque en público nunca lo demostraras. No había manera de que quisieras jugar conmigo. Con el paso del tiempo te convertiste en mi guardián. Desde entonces, me has invitado a viajes; a la Feria del Libro; me acompañaste a ver un partido de baloncesto, aunque no supieras de donde venía la jugada, a presentaciones de libros o hemos charlado durante largo rato sobre libros. Compartimos varias aficiones, los viajes o el amor por la familia. Siempre te ha gustado chincharme: si yo decía blanco, tú negro; si yo quería chuches, tú preferías una chocolatina o si sufría por mi equipo merengue, tú apoyabas a cualquier otro equipo. Gracias por tu paciencia infinita y por poder compartir contigo mil y una aventura más. ¡Te quiero!
El Oasis de las Letras

Comentarios
Publicar un comentario