Sí, quiero

 

Amanece una mañana radiante de sábado, mezcla entre primaveral y veraniega. Un sol resplandeciente nos da los buenos días. Hoy sabemos que es un día increíble para pasarlo entre familia y amigos. Nos encontramos a una semana del enlace del año y tenemos que seguir recargando las pilas para el día más especial.

Para todas aquellas personas que no se acuerden del grupo de la despedida, os vuelvo a presentar a las protagonistas:

En portería, defendiendo la barra libre, encontramos a (Irati), nuestra terapeuta ocupacional. En defensa, salvaguardando a la novia (Alana) tenemos a la hermanísima (Sofía), a nuestra alma mater (Vicky), a la madre de la protagonista (Isabella) y a Miren y Natalia (las sobris), las cuales, aparecen y desaparecen, pero para las fotos, sí están. En el medio del campo, vigilando las intenciones del bando contrario y siempre alerta se encuentra la que os narra esta mágica historia (Saga) y nuestra peluquera de referencia (Maialen). Y en primera línea de fuego, lista marcar los mejores goles de esta jornada, la inigualable (the best) Alana. En esta ocasión no hemos podido contar con la presencia de nuestra bibliotecaria (Valeria) ni de la mejor contable y organizadora de la despedida (Iratxe) que, por cierto, es la próxima en dar el paso al sí, quiero.

Vamos llegando de forma escalonada a la casa del dragón, cuya fortaleza en la que nos adentramos se llama “Trelleborg”. Al entrar, un pasillo largo y oscuro nos recibe con música de fondo, donde se abre un nuevo mundo por descubrir. Allí, se percibe un ambiente de luz y de color donde todo son presentaciones, besos y abrazos. En una jugada del revés, me llevo a una zona apartada a los novios, Alana y Zafirox (dragón con escamas de color zafiro que brillan como estrellas y un aliento mágico que congela al enemigo con un destello azul) que, por cierto, es el prometido de Alana. Ambos son los primeros en leer en primicia el microrrelato “Alana & Zafirox”, el cual, está dedicado a ellos, aunque todavía no se ha publicado. Alana, se emociona leyéndolo mientras a Zafirox lo dejó perplejo y sin palabras, el cual consigue articular un gracias…Como ninguno de los dos puede contenerse, se lo enseñan a los más cercanos: los padres de Alana, los de Zafirox, así como a la hermanísima Sofía y nuestra alma mater, Vicky. Vicky no duda en comentar que solo a Saga “se le pueden ocurrir estas palabras tan bonitas y acertadas”.

La mañana va acelerando el ritmo, el sol se va retirando y nos quedamos en la sombra del mediodía, donde algunos de nosotros decidimos coger ya las chaquetas, porque ya va refrescando para estar en manga corta. Nos empiezan a agasajar con unos manjares típicos de dioses y dragones de época vikinga, mientras vamos rotando mesa a mesa para poder estar con todos y crear pequeños corrillos. De fondo, un olor muy característico, te hace la boca agua…sí, confirmo, mi olfato no me falla, es una paella. Nos mandan sentarnos y nos vamos repartiendo: la familia de la novia, por un lado, junto a los amigos del novio y Saga e Irati, nos quedamos en mesa de la sombra junto a los novios, su hermana y sus padres. La paella, riquísima. Entre medias, Saga se gira y pregunta:

-          Vicky, ¿has llamado al Tercho?

-          Anda pues no – en ese momento coge el teléfono y dice - ¿Es el Tercho? Oye, que hoy no vamos a por el foie, que estamos en Trelleborg, que aquí nos tratan muy bien – responde Vicky, mientras nos reímos todos.

Después de la paella, comienzan a salir los cafés, licores y se preparan las primeras copas. Como Irati y yo estamos al pendiente, volvemos a llamar a Vicky:

-          Vicky, ¿y el Bayleis? Que no se te olvide echárselo al café con hielo…- decimos ambas con ganas de pinchar.

-          Pero bueno…estas chicas…como están hoy… - dice mientras nos reímos todos. ¿Es el Tercho, oye, y el Bayleis, dónde está? – nos volvemos a reír.

Cuando la sobremesa llega a su fin, regresamos a los corrillos con nuestras bebidas en la mano, las cuales, nos vamos sirviendo unos a otros. Mientras nos reunimos, recordamos los buenos momentos vividos entre Alana y Saga, todas las aventuras y anécdotas que hemos pasado juntas como: las primeras llamadas de teléfono gratis, las madres dándonos los toques de atención porque hablábamos mucho, si no es en tu casa, nos vamos a la mía, vámonos al cole, ahora al instituto, grábame este CD, ahora este videoclip y así muchas más.

La tarde va avanzando y nos acordamos que esta noche debemos hacer el cambio de hora, que no se nos olvide. Cuando mejor estamos, nos enteramos que ha habido una boda temática en otro de los hoteles de la zona y mientras vemos las fotos, las vamos comentando entre todas. Si si, no se equivocan, menudo marujeo nos traemos entre Irati, Vicky, Isabella, Sofía, Miren, Natalia, Maialen y Saga. Somos un grupo peligroso cuando nos juntamos…las Ángeles de Charlie se quedan cortas.

Después de una jornada de sábado estupenda y entre familia, muchos de nosotros nos vamos despidiendo porque la noche se empieza a poner fría y no es plan de coger un resfriado en plena cuenta atrás para la boda del año. No saldremos en la revista ¡HOLA!, pero aquí entre nos, ahora que no nos lee Alana (es increíble por dentro y por fuera, y, tengo el presentimiento que su boda va a ser de cuento, nos va a sorprender con muchos detalles) su vestido es el secreto mejor guardado…

 

 Y llegó el gran día...

 

La tarde y noche previa a la boda nos acompañan las temidas nubes que llevan consigo la lluvia. Hoy es el día de mirar hacia el cielo y pedir que, por lo menos, nos deje la ceremonia libre para poderlos casar. Amanece, en principio, un cielo mayoritariamente despejado con alguna nube de fondo, pasamos a tener niebla (según el refrán: “mañanita de niebla, tarde de paseo”) y avanzamos la mañana con cielos encapotados y lluvia débil. Aun así, los despertadores van sonando desde las 6 menos cuarto de la mañana hasta el mío, sobre las 8. Aunque las sábanas me retienen, de fondo, suena una canción muy conocida de un grupo que me encanta (Estopa) y esa es mi motivación para levantarme de forma ágil de la cama. Me doy una ducha rápida, desayuno en menos de diez minutos porque me esperan en la peluquería para maquillaje y peinarme. Si ya me había levantado con los pelos en forma de cresta, mi peinado, va a ser mucho mejor, con la parte de detrás de punta y el flequillo desenfadado. La sorpresa se la va a llevar Alana, cuando vea que, por ella, me he puesto un vestido y botines.

Ahora que ya estamos maquilladas y peinadas, toca vestirse e ir a la casa de la novia a hacernos las fotos reglamentarias. Si Alana te pide ir, ¿cómo no vas? Sobre las 12 menos cuarto, llego a casa de la novia, allí ya se encuentra toda la familia bien reguapos. Me abren los fotógrafos, que los tenemos de porteros, me piden la palabra mágica y entro al recibidor. Me encanta saludar a Isabella con ese traje de color morado clarito; Sofía, con su elegante vestido verde; Maialen con su traje azul clarito; Vicky con otro tono morado e Iratxe con ese elegante y precioso vestido de color burdeos (aunque se ha dejado en casa los tornillos). Miren y Natalia ya están planeando alguna aventura juntas, y, por supuesto, muy guapas.

Mientras esperamos que terminen de arreglar a la novia, el resto de invitadas nos encontramos nerviosas y ansiosas por ver el secreto mejor guardado: el traje de novia. Valeria hace su acto de presencia, junto a su marido y su pequeña Carmela, al igual que aparece Irati, con su sonrisa infinita saludando a todo aquel o aquella que entra o sale de la casa. Entre medias, Iratxe y yo comenzamos a tantear las previsiones del tiempo, nos da a las 13h probabilidad alta de lluvia. No hacemos caso, queremos creer que no lloverá. Cuando por fin escuchamos la frase: “las amigas de la novia, pasen por favor”, los nervios me entran por todo el cuerpo y me quedo sin palabras cuando la veo con ese vestido tan fabuloso, nada tradicional, pero muy original acorde con la personalidad de Alana. No podía ser otro el diseño, era ese. Y todas coincidimos: iba guapísima. Iratxe no puedo evitar emocionarse cuando vio a Alana, mientras se le pasaba la emoción del momento, nos fuimos colocando para posar con la novia. Después de la foto, nos fuimos repartiendo en coches para llegar a las Ínsulas para la celebración de la boda.

Al llegar, no había aparcamiento dentro, así que lo buscamos fuera del recinto. Al entrar al hall del hotel, nos encontramos con nuestro aguerrido dragón, con su fabuloso traje y con su bella madre, esperando la llegada de la novia. Nos piden por los altavoces del patio interior que nos vayamos sentando, que van a hacer la entrada los novios. Como no hay sitio libre, me quedo con Iratxe y Gonzalo en un sitio estratégico, donde tenemos unas vistas espectaculares de la ceremonia. Mientras vemos la llegada de los novios, no puedo aguantarme la emoción de ver que mi amiga de toda la vida cumple su sueño de casarse con su aguerrido dragón. Los ojos se me llenan de lágrimas, las cuales, intento sujetar para que no se me vaya el maquillaje. En más de un momento, las lágrimas quieren hacer acto de presencia, pero me las aguanto, el maquillaje debe permanecer un ratito más.

Comienza la ceremonia. La concejala de un ayuntamiento cercano, que es donde trabaja Alana, es la encargada de oficiar la boda. Van pasando amigos y familiares leyendo unas palabras a los novios. Le toca el turno de palabra a su sobrina Miren y ahí las lágrimas no puedo evitar que salgan, me emociona ver el cariño que existe entre ambas. Los novios también están muy emocionados por el momento y por todos los nervios que llevan desde hace semanas. Después de reponerme con Miren, un amigo de los novios dice unas palabras y también toma la palabra Sofía, pero la inoportuna presencia de la lluvia hace que tengamos que ir desalojando el patio interior hacía los pasillos del hotel. Se decide retrasar la ceremonia hasta que habiliten una zona donde Alana y Zafirox puedan decirse las ansiadas palabras que dan título a este relato: sí, quiero.

Cuando por fin se habilita la zona y mientras los camareros van preparando el cóctel, los novios hacen acto de presencia en una sala contigua al patio, donde se ha improvisado la segunda parte de la ceremonia. Al fin pueden decir las palabras mágicas. También se produce el ansiado beso que nuestro dragón estaba deseando dar a Alana, mientras los demás aplaudimos eufóricos.

Ahora que sí están casados, comenzamos a dar rienda suelta a los aperitivos y bebidas. Yo me decanto por la primera Fanta del día, mientras Irati decide empezar por un mojito, según el cual, no parece que lleve alcohol…vamos rotando mesa a mesa, damos la enhorabuena a los padres de Alana y Zafirox, a los hermanos de ambos y de paso, saludamos a unos y otros. Entre saludo y saludo, me vuelvo a reencontrar con una amiga, a la cual, le había perdido la pista hacía mucho tiempo y a la que me hizo mucha ilusión volver a ver. Esa chica llamada Alaia se va a convertir en mi compañera de aventuras en esta fantástica boda. Como Irati es muy sociable, entablaba conversación con unos y otros. Dentro de los aperitivos del cóctel apareció, no cabía duda, el tesoro más valioso que llevábamos casi un mes en su busca, se dejó ver: “el foie”. Al final, lo que comenzó siendo una anécdota que nos ha dado la vida, se hizo realidad. Por cierto, el foie muy bueno. Lo siento Tercho, pero este estaba mucho mejor.

Los pies ya nos iban doliendo a más de una y una de las camareras ya nos informa que podemos acceder al salón principal para la comida. Vamos entrando poco a poco y un cartel nos da la bienvenida: “Bienvenidos a la banda sonora de nuestra boda”. Cada mesa tenía un Vinilo de un artista o grupo de música que le gusta a los novios encima de un pequeño atril. Mi mesa llamada “The Strongers” era una de las más numerosas del público asistente. Y como no podía ser de otra forma, la de los novios eran The Beatles. Los novios hicieron su entrada triunfal al salón cantando y bailando una canción muy conocida, que dice así: Buenas noches bienvenidos hijos del rock and roll, los saludan los aliados de la noche” Todos nos levantamos y con la servilleta al aire cantábamos y bailamos al mismo son. A Alaia y a mí, la servilleta no nos daba juego, pero lo dimos todo a pesar de ello. Dentro del menú, el sorbete de frambuesa al amaretto y lima me encantó (voy a pedir una botella de amaretto para la próxima boda). La comida estuvo llena de momentos emotivos, como la sorpresa a los padres de los contrayentes; el ramo de flores para la abuelísima de la novia, que a sus 97 años no se podía perder un día como ese (de mayor quiero ser como ella, tener esa vitalidad inagotable); los regalos a tres parejas que han sido padres hace poco tiempo y la inesperada sorpresa a Iratxe y Gonzalo por su próximo matrimonio. Nuestra querida Iratxe se nos emocionó.

Con tantos momentos emotivos, había que darlo todo en la pista de baile, así que, Alaia y yo nos fuimos a los coches a cambiarnos de calzado: las deportivas entraban en acción. Un grupo de música llamado “Los Pipers” nos regalaron las mejores canciones, las cuales, cantamos y bailamos dejándonos la voz y el cuerpo. Los novios, nos fueron contando anécdotas entre canción y canción y nos sorprendieron cantando a pleno pulmón, con la banda sonora de fondo, algunas canciones que los hace especiales. El grupo, cada vez que decía que era la última canción, no nos lo creíamos, porque así estuvieron casi una hora, pero que disfrutamos al máximo. Entre canción y canción y copa va y viene, Irati se acordó que en mi coche tenía sus zapatos y que necesitaba cambiarse, así que, la acompañé a recogerlos. En ese momento me encontré con mi madre y su amiga que salieron a andar y las estuvimos saludando. De regreso a la pista de baile, había momentos donde me podías encontrar bailando con Alana, hablando con Irati, cantando con Maialen o haciendo grupo con Iratxe, Gonzalo, Vicky o Sofía, con selfies incluidos.

A eso de las diez y algo de la noche, nos prepararon la cena: pizzas, hamburguesas, gachas, dulces, y un largo sin fin. Dimos cuenta de ello, como si no hubiéramos comido anteriormente. Después de saciarnos, regresamos a la pista de baile. Alaia y yo no podíamos más; Maialen ya había cogido silla y eso que me había dicho que no quería cambiarse de zapatos…pero se cambió. Miren y Natalia ya habían dado mucho de ellas en la pista de baile y durante todo el día. La fiesta estaba llegando a su fin y aunque muchas estábamos reacias a marcharnos, ya nos iba tocando. Alaia y yo, nos salimos a uno de los sillones del pasillo y cada una cogió un cojín y por poco nos quedamos allí dormidas. Nos acompañaron en el sofá contiguo Miren y Natalia. Decidimos que ya habíamos cumplido y nos marchamos a despedirnos de los novios y a darles la enhorabuena. Les deseamos un feliz viaje de novios por la cultura oriental y nos despedimos con un cariñoso abrazo. También nos fuimos despidiendo de la familia y amigos con los que habíamos compartido la jornada y las anteriores.

Y hasta aquí llega el grupo de la despedida. Espero que hayáis disfrutado de estas aventuras aquí narradas y ojalá pronto podamos volver a reunirnos. Esta boda ha sido maravillosa y mágica.

Os deseamos de todo corazón, que seáis muy felices juntos y que la unión de dichos dragones, se haga una. Que nada ni nadie rompa nunca esa unión. 

El Oasis de las Letras


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