A tí, mi eterno protector



Todos los que tenemos hermanos, hemos tenido nuestros momentos buenos, de enfados, de risas y confidencias, como de no hablarnos. La verdad es que todo son fases de la vida, pero también sabemos que, si los necesitamos, ahí están para levantarte y animarte de la mejor manera posible. Muchas veces, ellos no nos demuestran el cariño con las palabras, sino a través de los actos, con los cuáles, nos demuestran por qué nos quieren tanto. Se alegran con tus triunfos, se entristecen si no consigues tu meta y buscan la manera de regalarte más sonrisas y menos lágrimas. Pueden venir tormentas o huracanes, pero el amor de un hermano no tiene precio. Doy gracias a la vida por los dos hermanos que tengo, por hacerme tan feliz y afortunada de teneros. 

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