¡Nos vamos de despedida!

 



Después de meses de preparativos, ideas y de organizaciones (con destino a Fallas), llegó el día más esperado y anhelado por todas nosotras. Obviamente, estamos compinchadas con el novio, para que la novia no sospeche nada de nada.

Quedamos un rato antes para ponernos nuestras mejores galas. Que si la peluca, la camiseta, la banda, vamos a probar el altavoz (este no nos vale, necesitamos otro) que, si el flequillo de la peluca se queda enfilado, que se me cae la banda, que nos volamos, mejor te llevo yo que no me fio de los guardias…así comienza un día más invernal que primaveral en plena llanura manchega.

Amanece un día muy gris y lluvioso, después de la tormenta acaecida la tarde anterior, pero a nosotras no nos para nada. Somos invencibles. ¿Qué puede salir mal en una despedida?

Antes de continuar con la narración de la despedida, os presento a las protagonistas de esta historia:

-       Nuestra alma mater de la fiesta es Vicky.

-       Nuestra contable y organizadora de la despedida: Iratxe.

-       Nuestra peluquera de referencia: Maialen.

-       Nuestras jóvenes de la despedida: Miren y Natalia.

-       Irati es nuestra terapeuta ocupacional.

-       Valeria es nuestra chica bibliotecaria.

-       Sofía es la hermanísima de la novia.

-       Isabella, la madre de la novia.

-       Nuestra gran protagonista es Alana (nombre celta que significa armonía)

-       Y la que narra esta bonita trama es Saga (según la mitología nórdica es la diosa de la poesía y de la historia, relacionada con la narración de historias).

Decidimos entre todas que no vamos a madrugar, excepto una de ellas, que es Maialen, que ha pensado ponerse el mundo por montera y levantarse a las cinco y media de la madrugada para dejarse sus deberes hechos. Ella sí es una valiente, las demás, preferimos dormir unas horitas más. De hecho, a todas nos cuesta despegarnos de las sábanas. El día no invita a salir, pero a nosotras el tiempo nos da igual. Hemos decidido salir a pasárnoslo genial, haga frío, llueva o venga una nave especial a por nosotras. Bueno no, la nave no, el tren que, si no, no llegamos a las Fallas. Entre medias, viene a acompañarnos la madre de la novia, nuestra querida Isabella, que con su característico humor nos dice: “Chicas, yo no me podía perder esto. Qué monas estáis con las pelucas. Qué sorpresa le vais a dar a Alana”.

Cuando estamos listas y muy guapas, avisamos al novio, que lo tenemos ya con los nervios a flor de piel porque no sabe cómo meterle más prisa a la novia, la cual, está más que agobiada porque no entiende las ansiadas prisas.

Después de situarnos, nos repartimos la primera tarea:

-          Oye, ¿quién llama? Es que si llamamos nos va a reconocer en la voz – pregunta Iratxe, mientras las demás asentimos con la cabeza.

-          Llamo yo, venga – dice Miren (que resulta que es la sobrina de la novia) mientras va caminando hacia el timbre. Y cuando llega, se gira hacia las demás y pregunta - ¿Y qué digo?

-          Que traemos un paquete que, si puede bajar la novia - decimos todas.

Mientras esperamos, Saga (la que escribe esta bonita trama), decide grabar el momento en el que baja la novia y vemos su cara de sorpresa. La espera se hace larga, porque la novia no baja y a todas nosotras, los minutos se nos están haciendo eternos. Con las prisas se nos había olvidado colocar la caja que contenía la sorpresa de la novia, pero como Iratxe está pendiente de todo, sale corriendo a colocarla y vuelve a su sitio. Cada vez que vemos en la puerta de entrada que se mueve una silueta, nos creemos que es, pero no es. Tampoco sabemos cuándo debemos poner la canción de “Hamburguesas”.

Por fin se abre la famosa puerta y según la novia, su reacción fue: “sólo veo pelucas rojas”. No se fija que había una caja en el suelo, se le grita la palabra caja y deshace sus pasos. Se agacha a comprobar qué esconde esa misteriosa caja grande de color gris con una inscripción en ella. En dicha caja encuentra la misma camiseta que llevamos todas, el velo, su banda y el bolso chulo de una cinta de cassette. Se sube rápidamente a cambiarse de ropa. Vuelve a tardar un par de minutos. Cuando baja, comienza a reconocer las caras de las chicas pelirrojas. Antes de marcharnos, se escucha decir a Irati: “oye, vamos al Tercho, ¿no? A lo que Saga le responde que no, que primero vamos al uno y luego al dos.

Nos marchamos a nuestra primera parada: la primera. Es que como somos más chulas que un ocho, decidimos ir a los bares que tienen números impares, porque molan más que los pares. Después de un rato de conversación, poniendo a Alana al corriente de todo, decidimos que las pelucas ya han tenido su protagonismo y nos las quitamos. Entre todas vamos formando nuestras conversaciones y rompemos el hielo inicial. Nuestra alma mater de la despedida, que es Vicky, nos empieza a contar sus aventuras del verano anterior en Miraflores…cuando Saga, se acuerda que no ha pagado la zona azul y claro, el coche está ahí aparcado. Sale corriendo en busca de su Ibiza rojo cuando no lo ve en su lugar. Un nudo se le hace en la boca del estómago. De pronto, ve a la grúa que se lo lleva al depósito de coches de la Policía Local. Con lo responsable que es y ¡se le olvida pagar! Vuelve sin aire al bar, después de la carrera que se ha pegado.

-          Chicas, tenemos un problema. La grúa se está llevando mi coche al depósito de la Policía Local. Necesito que alguna me llevéis para poder recogerlo y regresar para la comida – digo, sin resuello y de carrerilla.

-          De eso nada, no no. Tú no te vas de aquí sola. Te acompañamos todas tus hermanas. Y Alana se viene también, para certificar que es verdad que estamos de despedida – responde con el tono muy seguro nuestra querida Vicky - ¡¡Ámonos!!

Antes de salir Iratxe, nos frena a todas…

-          ¡¡¡Chicas!!! Primero hemos de pagar las consumiciones y ya nos vamos, que al final, acabamos en el calabozo… - contesta mientras se imagina la escena riéndose.

Salimos todas en tromba por la puerta. Está comenzando a llover, pero eso no nos detiene. Mientras corremos hacía los otros coches, nos volvemos a poner las pelucas rojas. Llegamos a la comisaría de la Policía Local y cuando la oficial de guardia nos ve por el cristal, se coloca bien las gafas y con su cara poco amigable, nos pregunta:

-          ¿En qué puedo ayudarles, señoritas?

-          Necesito acceder al depósito de coches que tienen, he de recuperar el mío – respondo de carrerilla.

-          ¿Y el resto de personas que la acompañan, también tienen que recuperar sus coches? – pregunta en tono burlón.

-          ¡Qué va, agente! Ellas vienen a acompañarme – digo muy efusiva.

-          Claro, claro. Pues primero van a pasar a la salita a esperar a que venga mi compañero, que ha salido a por un café y ya les atiende él. Venga pasen, pasen.

Mientras llega el compañero, dejamos la entrada de la comisaria llena de pisadas.

-          Agente Gutiérrez, le espera un grupo muy surtido de pelirrojas en la antesala de su despacho. Vienen a recoger un coche que acaba de traer la grúa al depósito. Todas tuyas – le responde mientras le guiña un ojo divertido por la situación.

-          Genial…otra despedida más a la lista. ¿Qué habré hecho yo, señor, para merecer esto? – suplica al cielo con los brazos en forma de bandeja – Buenos días chicas, ¿quién de ustedes es la del Ibiza rojo? – pregunta el agente.

-          El coche es mío, señor agente – responde Saga.

-          Perfecto. Pues si hace el favor de acompañarme, se lo agradezco.

En ese momento, me agarran del brazo todas y me dice Vicky que, de eso nada, de allí no me muevo.

-          Un segundo, señor agente guaperas. Si usted quiere que nuestra chica le acompañe, nos parece perfecto. Pero nos tiene que llevar a todas. ¿Quién nos asegura a nosotras que no la quiera engañar? – le pregunta muy seria mientras el resto de chicas se cruzan de brazos formando un grupo muy peligroso…

-          Disculpe señora, pero necesito que me firme los papeles que certifican que va a proceder a recoger el coche, eso sí, tiene que ir al cajero a pagar la multa y entonces se puede llevar el coche a la despedida – responde con cara de pocos amigos nuestro señor agente.

-          De acuerdo, pero los papeles los firma aquí, delante de todas. No pienso negociarlo – responde Vicky.

-          Uuuff, vale, de acuerdo. Voy a por los dichosos papeles – refunfuña el agente – Al cabo de unos minutos vuelve – Señora, ¿quiere comprobar que son estos los papeles?

-          No hace falta, me fío de usted – responde nuestra alma mater.

Después de la firma, salimos en tromba por la puerta todas, dirección al banco. Saco el dinero de forma atropellada y regresamos a la comisaría a certificar el documento. Comprueban que está todo correcto y me devuelven las llaves. Al tren de las 3 de la tarde no llegamos, pero al de las 5, con suerte sí.

Ahora que ya tengo coche, nos repartimos de nuevo y nos vamos al Tercho, que nos espera la comida. Cuando llegamos al lugar, nos han cambiado la ubicación de la mesa por otra más apartada, pero a la vez acogedora, dónde podemos charlar entre todas. Después de dejar apuntadas las bebidas, necesitamos resolver qué vamos a comer. Entre Iratxe, Alana, Vicky y yo (Saga), vemos los platos que hay:

-          Chicas, tenemos para elegir croquetas y luego platos variados, ¿os parece? – pregunta Iratxe con su sonrisa más feliz.

-          Nos parece perfecto. 10 croquetas de gachas y 10 de lomo de orza – respondo.

-          Pues de platos principales hay: ensalada de burrato con foie; pulpo en tempura; huevos rotos con jamón; torreznos… - nos va relatando Iratxe, cuando de pronto le dice a Vicky – te está llamando el Tercho.

-          ¿A mí? Qué raro… ¿dígame? Sí, si ya estamos aquí. No, todavía no han venido a tomarnos nota. Vale, sí, me parece perfecto.

Ya viene el camarero y le pedimos las bebidas como los platos. Se le avisa por parte de nuestra querida contable Iratxe que, la ensalada de burrato con pesto y albahaca no lleve el foie integrado, sino aparte, para las que queramos darle el toque y las que no. El camarero acepta.

Después de ir haciendo hueco a los platos principales que nos van llegando a la mesa, llega la ensalada, aunque el foie brilla por su ausencia, porque ahí ni hay foie ni se le espera. Pero como nuestra Vicky pone su característico humor a todo, coge su teléfono y dice en voz alta:

-          ¿Es el Tercho? ¿Y el foie, dónde anda? – responde mientras las demás nos reímos a más no poder.

Entre plato y plato, se escucha de fondo una canción muy conocida pero modificada que suena, así como:

-          “Se fuet, se fuet, me quedó solo su veneno…” a lo que nuestra querida bibliotecaria Valeria, responde: “la leche, nos conocemos de toda la vida y es la primera vez que te oigo cantar”.

-          Eso es el foie, que me ha afectado un poco – dice Irati, mientras todas nos reímos.

Cuando estamos acabando, llega el camarero y nos pregunta si queremos postre y café, a lo que todas respondemos que sí. Pedimos brownie de chocolate con bola de helado matizada con mistela. Pero habemus un problema. Tenemos que esperar un rato porque están atendiendo en el otro salón. Después de un rato grande, entran los postres. Deliciosos. Pero los cafés, no, los están fabricando.

-          ¿Es el Tercho? ¿Y el café, lo están fabricando? – responde nuestra alma mater mientras las demás nos reímos a más no poder.

El camarero llega con los cafés, los deja encima de la mesa y dice:

-          Chicas, tenemos un problema. Os voy a dejar los cafés, pero no sé ahora mismo cuáles son descafeinados y cuáles no.

Nuestra querida Iratxe, se muerde la lengua mientras le responde que ya nos encargamos nosotras de averiguarlo. Comienza una nueva prueba: ¿cuál es el café de cada una? Café va y café viene.

-          ¿Es el Tercho? ¿Y la botella de Bayleis, dónde está? – pregunta Vicky mientras las demás nos reímos a más no poder.

Ya que hemos saciado el estómago, decidimos irnos a otro lugar. Como vamos de impar a impar, pues ahora toca los Quintos.

Al llegar allí, nos ponemos guapas con nuestras pelucas pelirrojas. Miren y Natalia dicen que ni de coña, que ya no se las ponen más. Así que las demás entramos haciendo nuestra entrada triunfal acompañando a Alana. Nada más entrar, nos sorprende una mujer joven que se acerca descaradamente a la novia:

-          ¿Estás segura del paso que vas a dar? – pregunta directamente a Alana.

-          Claro que sí. Lo tengo muy claro – responde segura de sí misma la novia.

Nos echamos unos cuantos bailes, nos hicimos fotos y disfrutamos del momento. Las pelucas ya nos iban estorbando y en cadena nos las fuimos quitando, excepto Sofía y Valeria que, estaban muy afanosas en medio de una conversación muy interesante. Cuando se dieron cuenta, peluca va. Como el sitio no terminaba de convencernos, nos fuimos de ruta, buscando nuevos lugares a los que ir.

Nos volvemos a repartir en los coches y decidimos irnos a una discoteca nueva que hay en el polígono. Al llegar allí, el nivel de la música es muy fuerte y nos damos cuenta que no vamos a poder charlar un rato y, además, no conocemos a los músicos que están tocando. Decidimos cambiar de lugar. Volvemos a ponernos en ruta. Cambiamos a otro sitio que también suele tener música rock, pero la poca gente que hay en el local, está cenando y sólo son las ocho y media de la tarde. Volvemos a los coches. Nos vamos al bar “la Fuente”, pero al llegar… ¡sorpresa! Está cerrado. Así que sólo nos queda de ir a uno de los locales de tardeo que sabemos que sí o sí estará abierto: “Gaia”.

Allí, mientras Saga e Irati piensan que las chicas no han llegado todavía, se quedan hablando sobre libros, aventuras y de los temas que van surgiendo, cuando Irati se fija que las chicas llevan un rato dentro del local y nosotras seguíamos esperando. Entramos y comenzamos a disfrutar de las canciones más modernas como de las más antiguas que van poniéndonos el dj. Después de un tiempo prudencial, las chicas deciden irse a cenar a un restaurante chino. Saga se despide de todas y de Alana, ya que, por hoy ha cumplido.

El resto de chicas que se quedan: Iratxe, Irati, Alana, Sofía, Vicky, Maialen, Miren y Natalia, disfrutan de una deliciosa cena y para terminar deciden irse a un local muy conocido por sus conciertos en directo, donde también viene nuestro famoso ilustrador de nuestra molona camiseta.

Cuando los cuerpos no pueden más, deciden terminar esta maravillosa despedida y marcharse a casa. Al día siguiente, después de la resaca emocional por los aires, Vicky nos pone el último mensaje de la despedida:

-          ¿Es el Tercho? Oye, que hemos decidido que hoy no vamos a comer, que no nos apetece el foie.

Unos días después, recibimos una entrada en nuestros móviles, dónde se nos invita a una preboda muy especial…cómo se pueden imaginar, esto sólo es el comienzo de algo mágico y maravilloso… Vicky, Iratxe, Alana, Maialen, Miren, Natalia, Irati, Valeria, Sofía y Saga se despiden sólo por unos días, porque volverán con las pilas bien cargadas.

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