El juego acaba de comenzar

 



Era una fría madrugada del mes de diciembre, por aquí no se ve ni un alma, por la densa niebla en la que nos encontramos inmersos. Solo a mí se me ocurre salir en una noche como esta. No pienso volver a hacerle caso a mi amigo, el Juanlu. ¡Ostras, qué frío!

En la zona norte de la ciudad, una oscura silueta recorre las calles en busca de algo que le ayude entrar en calor, tiene los huesos entumecidos por el indulgente frío que acecha hoy.

Una de las patrullas asignadas al grupo de noche, tiene que recorrer uno de los parques de la ciudad. Durante el trayecto, por esos caminos entre árboles desnudos del otoño y pinos, deciden ir más despacio, porque uno de los agentes ha visto algo sospechoso moviéndose entre la maleza. Colocan el coche patrulla con las luces encendidas alumbrando esa zona, ya que con esa densa niebla se ve muy poco. Cuando comienzan a remover la maleza, ambos se quedan paralizados, sin saber qué hacer ni cómo actuar. Uno de los agentes no puede evitar dar arcadas. El otro siente un escalofrío que le recorre la espalda entera. Vuelven al coche patrulla para dar aviso a la central. Han encontrado un cuerpo al que le falta la cabeza y algunos dedos de su mano izquierda y entre los dos dedos que le quedan sujetan un papel: “amigos, esto solo es el comienzo de una cacería sin precedentes. Que empiece el juego”.

En unos minutos, un pequeño grupo de policías, policía judicial, policía científica, el juez de guardia y la forense hacen acto de presencia en la escena del crimen. También aparece un hombre de unos cuarenta años, con el pelo despeinado, alto, con barba de tres días y con un carácter muy serio. Se coloca al lado de lo que queda de cuerpo y, sin saludar, pregunta:

-       Sabemos ya de quién es el cuerpo que tenemos aquí – pregunta el inspector Novoa.

-       Vaya, si tenemos aquí al mejor inspector de la zona y también el más antipático, porque ni las buenas noches ha dado – responde con sarcasmo la forense Clara Sotomayor. 

-       Ya empezamos…buenas noches, señorita, ¿usted es…?

-       La forense del caso, Clara Sotomayor y me imagino que usted es el ilustre inspector Novoa, ¿me equivoco? – responde con sutileza la forense.

Novoa no aguanta la arrogancia de esa joven forense con la cual tiene que trabajar, pero se muerde la lengua para no responder.

-       Está bien, ambos no hemos empezado con buen pie, lo admito. Señorita Sotomayor, ¿me puede decir qué sabemos de este cuerpo? – pregunta con un tono más conciliador el inspector Novoa.

-       Ese tonito me gusta más, es más amable… pues como usted ya debería saber inspector, de momento no puedo darle mucha información hasta que me lleve el cuerpo al Instituto de Medicina Legal Forense para realizarle la autopsia. Aunque sí puedo confirmarle, que el cuerpo ha sido trasladado a esta zona, pero aquí no lo han matado. En unas horas sabré más cosas y le enviaré un informe detallado, no se preocupe – va diciendo mientras recoge todos sus instrumentos al lado del cuerpo.

En ese momento, el Comisario Villagarcía hace acto de presencia en el lugar de los hechos.

-       Me alegra verlos juntos a ambos, porque a partir de ahora van a trabajar juntos en este caso y en los siguientes que se vayan dando. El anterior forense del grupo ha decidido pedir traslado por desavenencias con usted, inspector Novoa – le recrimina el Comisario.

-       Pues no será porque ha tenido mucho trabajo conmigo. Pero bueno, ya es mayorcito para decidir lo que más le interese al señor forense – responde con su característico sarcasmo Novoa – y, por mi parte, no tengo problema en trabajar con la señorita Sotomayor, aunque preferiría trabajar solo, ya sabe.

-       Una cosa es lo que usted quiera y otra lo que yo le mande. Así que, tráguese su orgullo y comience a trabajar como ya sabe y, le informo, que no quiero más quejas de ningún compañero del cuerpo, ¿me ha entendido inspector Novoa? – pregunta muy serio el Comisario.

-       Alto y claro, señor Comisario. Como usted diga – acepta con resignación.

En otra zona de la ciudad poco recomendable, en lo que anteriormente era un antiguo túnel de la M-30, se cobijan del frío un numeroso grupo de indigentes donde queman en los bidones todo lo que les haga entrar en calor. Hay corrillos donde hablan, discuten, pelean; algunos ya llevan varias botellas ingeridas de alcohol. Por uno de los laterales del túnel, aparece una silueta alargada y corpulenta que se acerca a uno de los indigentes. Lo coge por la espalda y le recomienda que no grite ni que haga ningún movimiento o lo mata allí mismo. El hombre accede. Lo acompaña fuera del túnel y se monta en un todoterreno de color oscuro, con los cristales tintados. Arranca a toda velocidad dejando las huellas marcadas en el suelo de grava.

Hay un local abierto 24 horas y allí le permite comer y beber todo lo que él quiera, con la única condición de no preguntar nada. Cuando termina, vuelven al todoterreno y de camino al túnel, el conductor decide hacer una parada en mitad de un descampado oscuro, con zonas de maleza. Le pide al indigente que lo acompañe fuera del vehículo y cuando se despista, le hace una llave y lo deja K.O. en ese preciso momento. El conductor le quita el sucio y desarrapado abrigo, que antes era de color camel y, le da una paliza post mortem. Lo deja atado en uno de los árboles y con la sangre fresca de los golpes que le ha dado, escribe en un papel: “segundo cadáver para el inspector Novoa. Amigo, no tardes en descubrir quién soy. Si fallas, habrá un tercero antes de que amanezca”.  

Mientras la doctora Clara Sotomayor está inmersa en la autopsia del cadáver (o más bien, de lo que queda de él), el inspector Novoa se encuentra en la comisaría revisando las cámaras del parque para buscar la relación entre la víctima y quién pudo haberlo dejarlo allí, cuando recibe una llamada:

-       Inspector, necesitamos que venga al descampado que hay 3 km antes de llegar al túnel de la M-30, ha aparecido otro cadáver y tiene un mensaje para usted – le informa uno de los agentes que ha acudido al aviso.

Un escalofrío le recorre el cuerpo entero, esa situación no le gusta nada. Pero, aun así, se marcha al lugar que le ha indicado el agente.

Mientras, Clara Sotomayor ha descubierto que el joven del parque tiene una marca de nacimiento de una flor de lis en el costado derecho. Gracias a las huellas de uno de sus dedos, el joven se llama Hugo Buendía, tiene 33 años y de forma habitual, recorre el parque todas las noches, aunque ha elegido un mal día. Un agente se acerca al Instituto de Medicina Legal y Forense para avisar a la doctora que ha aparecido un segundo cadáver y que tiene que personarse allí con él. Clara pasa a desinfectarse al baño y recoge su maletín para ir a la nueva escena del crimen.

Al llegar allí, se encuentra a la policía científica peinando la zona y haciendo fotos de los neumáticos para cotejarlos con alguna posible evidencia. La forense coloca sus bártulos en una mesa que ha habilitado con varios focos grandes. En la vista preliminar, comprueba que el indigente tiene roto el cuello, quizá por una llave realizada y, además, ve un moratón oscuro en un lateral, por lo que puede que el hombre hubiera podido defenderse. Ve como se acerca el inspector Novoa hacia ella.

-       Inspector, ¿cree que ambos asesinatos puedan estar relacionados?

-       Pues si te digo la verdad – responde mientras se rasca la barba de tres días – no tengo ni idea, porque ambos no tienen relación aparente…hay algo que se me escapa de esta situación. Tengo la sensación que el asesino está jugando conmigo de una forma atroz.

-       Novoa, he descubierto que el joven del parque tiene una marca de nacimiento de una flor de lis en el costado… ¿sería una coincidencia que el indigente también la tenga? – pregunta muy convencida la forense.

-       Solo hay una manera de descubrirlo – responde el inspector Novoa.

En la zona norte de la ciudad, en una de las discotecas de moda, Juanlu se está divirtiendo con unos colegas, tienen una mezcla fuerte entre alcohol y drogas. Su amigo acaba de llegar, está pidiendo una consumición, porque tiene los huesos entumecidos del frío que hace afuera. Juanlu va al baño y al salir, decide irse fuera a fumarse un canutillo. Mientras está fumando, escucha unos ruidos, ve una sombra hacer y deshacer. La silueta parece de un hombre, pero con la densa niebla que sigue habiendo, no puede asegurarlo. Su cuerpo da un respingo, apaga el canutillo y decide volver dentro con sus colegas. Pero no lo consigue, una mano fuerte lo agarra del hombro, lo gira hacía él y realiza una serie de puñaladas en el abdomen. La figura del hombre lo deja allí tirado y sale corriendo por la espesura de la niebla y del callejón que da a la zona de atrás de la discoteca. Su amigo, preocupado por la tardanza, decide salir a buscarlo. Cuando sale a la zona de atrás se encuentra a su amigo cosido a puñaladas. Le busca el pulso, pero no tiene. Sabe que ha sido hace poco, porque el cuerpo sigue caliente todavía.

Mientras en el Instituto de Medicina Legal Forense, Clara Sotomayor cuenta con la ayuda del inspector Novoa. El inspector ha decidido seguir la intuición de Clara y lo ayuda con el cuerpo del indigente. Ambos corazones van muy acelerados. ¡Bingo! El indigente también tiene la misma marca que el joven del parque. Una flor de lis en el gemelo de la pierna izquierda.

De las oficinas de la comisaria avisan al Comisario que han visto un todoterreno oscuro con las lunas tintadas en un bar que dispone de servicio 24 horas. Se ve a un hombre fuerte, de edad comprendida entre 30 y 40 años, con una chaqueta de un equipo de la NFL y una gorra negra con detalles dorados. Aunque el presunto asesino se ha colocado dando la espalda a las cámaras, hay una cámara oculta en las estanterías detrás de la barra, donde se fija en una cicatriz en su mejilla izquierda y también, en su antebrazo derecho tiene un tatuaje de una serpiente tribal. En ese momento, Villagarcía pone en marcha todo el engranaje de la policía para descubrir quién es ese hombre y de qué conoce a Novoa.

En el Instituto de Medicina Legal Forense, Novoa recibe una llamada del Comisario Villagarcía para informarle que, en la discoteca de moda de la ciudad se ha producido otro asesinato. Un conocido del trapicheo ha sido hallado muerto con multitud de puñaladas en el abdomen. En el callejón que da a la salida exterior de la discoteca han encontrado otro papel que dice lo siguiente: “Novoa, este asesinato no estaba planeado. Ha surgido sobre la marcha. Por mi modus operandi ya sabes que no pienso parar antes del amanecer y mientras sigas sin venir a buscarme, voy a seguir matando. Antes de que amanezca, habrá cinco muertes”.

Novoa no es capaz de reaccionar a lo que el Comisario acaba de contarle. De pronto, vuelve a sonar su teléfono y Novoa se sobresalta. El grupo de la policía científica le informa que las huellas del indigente pertenecen a un ex trabajador de la banca, llevaba prejubilado varios años y acabó en bancarrota. Su familia lo abandonó.

La agente Rodríguez, gracias a las cámaras de seguridad, ha podido conseguir un retrato robot del presunto asesino, gracias a los datos que han mostrado las cámaras de seguridad del local 24 horas. Llama al inspector Novoa para informarlo. Novoa decide mandar la foto de cierto delincuente a los medios de comunicación, porque no quiere alarmar a la ciudadanía de los hechos acontecidos durante la noche.

De pronto, Novoa tiene un mal presentimiento. Empiezan a encajarle las piezas del puzle demasiado rápido. Llama al teléfono móvil de la forense, pero no recibe respuesta. Prueba con el teléfono de su despacho, tampoco. Llama al teléfono central del Instituto de Medicina Legal y le informan que ha salido hace un rato por una llamada urgente. La respuesta de la telefonista no le hace ninguna gracia, pero le agradece su ayuda a la mujer. Marca un número de su agenda de teléfono.

-          Comisario, tengo un mal presentimiento. No doy con la forense Sotomayor y tengo la sensación de ella puede ser la cuarta víctima y yo el quinto si no damos rápido con el presunto asesino. Tengo miedo por lo que pueda hacerle – responde angustiado el inspector Novoa.

-          No se preocupe Novoa, voy a mandar al grupo a rastrear el teléfono de Clara y averiguaremos dónde se encuentra. Venga a mi despacho y organizamos el operativo.

A la Comisaría llega un paquete misterioso a nombre del inspector Novoa. Al abrirlo se encuentra con algo muy desagradable que le produce arcadas. En esa caja se halla la cabeza y un brazo del joven del parque. La caja lleva una nota que dice: “te espero en el edificio abandonado que se encuentra cerca de la M-30. Ven solo antes de que amanezca. Si no, tu guapa compañera no llega a ver la luz del día”.

El móvil del inspector comienza a vibrar. Recibe un vídeo donde se encuentra Clara Sotomayor secuestrada, atada a una vieja silla de madera y un detonador con explosivos. Novoa comienza a temblar como no lo había hecho nunca y, eso que ha tenido acontecimientos muy duros en su vida. El Comisario llega al despacho y no le gusta lo que ve. Decide convocar una reunión de urgencia para poder acceder al edificio abandonado sin ser vistos y poder mandar francotiradores a los edificios colindantes.

Como decía el mensaje, Novoa se presenta solo y desarmado. Sabe que, si hace alguna tontería, Clara muere. Abre la valla de lona que prohíbe la entrada del edificio. En la planta baja no encuentra nada más que cristales rotos, puertas reventadas, ratas y mucho polvo. Accede a la primera planta y a lo lejos, ve dos personas. Se acerca despacio, con las manos en alto. El presunto asesino se presenta como “el as de corazones” y comienza a hablar mientras Novoa escucha atento.

“Inspector, gracias por venir. No me esperaba menos de usted. Me imagino que estará contrariado. Lo he hecho venir porque estoy muy harto de cómo funciona este maldito mundo. Resulta que abrí un negocio familiar con mi mujer, nos iba muy bien y tuvimos dos hijos, pero mi gestor del banco me prometió muchas cosas, pero me crujió con los intereses y fue imposible que mi empresa saliera rentable. Mi mujer no podía más y me abandonó. Se llevó a mis hijos y no los he vuelto a ver. En pocas palabras, ese hombre se quedó con mi dinero… ¿y para qué? Él también se quedó sin nada. El joven del parque era muy creído, se pensaba que todo el mundo giraba en torno a él, qué iluso…trabajaba en una inmobiliaria, la cual se quedó mi casa y mi vida entera. Y para colmo, la compró él. Me puse a averiguar y ¿sabe qué encontré? Que el señor indigente y este chico eran padre e hijo, bueno, un hijo no reconocido del matrimonio, de ahí que le fueron acechando los problemas y acabó en la calle. Llevaba una doble vida. Ahora, usted se preguntará por qué lo he citado aquí. Pues bien, se lo voy a explicar. Porque no tengo nada que perder, quería que pagaran por lo que me habían hecho, que supieran en sus propias carnes que yo también tengo sentimientos y que tenía una familia que cuidar y alimentar. Y me dejaron en la nada, con una mano delante y otra detrás. Y también, porque usted tiene una alta tasa de crímenes resueltos y es el mejor inspector con el que cuenta la policía. Quién mejor que usted para resolver este caso. ¿Por qué la forense? Porque tiene un inmaculado expediente de trabajo y sabía que descubriría la relación entre padre e hijo. Y ahora que ya lo sabe todo, debería mataros a los dos. Porque total, a nadie le importa mi mísera vida”.

Al detonador le quedan 4 minutos, cuenta atrás. Al inspector Novoa le caen unas gotas de sudor por su frente fría y no sabe qué decirle al asesino. Comprende su ira y su rabia por la situación vivida, pero había otras formas de solucionar los problemas.

            El francotirador se comunica con el Comisario Villagarcía, le informa que tiene a tiro al asesino. El Comisario le da el consentimiento. Disparo certero a la cabeza. Cae redondo al suelo. Suena el teléfono de Novoa. 3 minutos. Habla con el artificiero, tiene que desactivar la bomba antes de que mueran todos y exploten más edificios. El artificiero le explica qué cables debe tocar. Le siguen cayendo las gotas de sudor por la frente. Mira el tiempo, un minuto y medio. La bomba no se desactiva. Sigue jugando con los cables. Nada. 45 segundos. Vuelve a probar. Le quedan dos cables, uno rojo y otro negro. Todo o nada. Corta el cable negro. Se para la bomba. Los artificieros suben a toda velocidad y desenredan a Clara. Está agotada y sin fuerzas por los efectos de la droga que le han suministrado. Se la llevan al hospital más cercano.

            El Comisario abraza a Novoa y le da las gracias. Después de una noche de infarto, lo menos que puede ofrecerle son unos días libres, que el inspector acepta. Aunque decide pasarlos en el hospital con Clara. Al fin y al cabo, gracias a ella ha descubierto el nexo de conexión entre ambas muertes y aunque no lo va a reconocer, quiere pasar más tiempo con ella. Atrás queda esa armadura de hombre duro y antipático de hace un par de horas…

                                           El Oasis de las Letras

Como dice el título, el juego acaba de comenzar, por lo que no será el único caso donde veamos juntos al inspector Novoa, la forense Clara Sotomayor y al Comisario Villagarcía…

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