En aquella plaza parecía que el mundo se había parado. Se estaba formando una larga fila de novicias alrededor de la catedral, dejando una imagen inusual: el ejército las rodeaba. Todos los que se encontraban cerca no entendían el bullicio que se había producido en cuestión de minutos: se oían sirenas, gritos ensordecedores, miradas clamando una explicación al cielo. Y enfrente, un general déspota, con mirada inquisitiva, buscando de un lado hacía otro, dónde se encontraba la mujer que había visto rondar la plaza la noche anterior. Su belleza era inconfundible. No cabía duda, ella era la espía.
El oasis de las letras
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