A lo lejos se escuchaban clarines y trompetas que resonaban sin descanso. No terminaba de amanecer y en las calles había mucho ajetreo de personas corriendo de un lado a otro sin rumbo fijo. Me quedé paralizado en mitad de la calle, sin saber qué hacer ni a dónde ir, abrumado por todo lo que estaba viendo. Después de unos segundos de indecisión, decidí atravesar a la multitud de gente que venía hacía mí despavorida y llegué a la plaza. Lo que vi en ese momento me dejó estupefacto: la plaza estaba sitiada por el ejército. Varios hombres se encontraban en el suelo magullados. De pronto, se escucharon varios disparos. Mirara donde mirara solo veía pánico, desolación, llanto. El ejército tenía cubiertas todas las salidas. Era muy difícil poder escapar. Hombres a un lado. Mujeres y niños en otro. No era un sueño. La guerra había comenzado.
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