Llevo muy poquitos días trabajando y llega un coche blanco al surtidor. De él se baja una mujer. Me comenta que viene de una jornada de entrevistas y que de momento, no la llama nadie.
Le comento mi situación y que vengo de una racha que nadie me llamaba, pero ahora mira, no puedo estar más contenta. La animo a tener paciencia.
Quiere pagar con tarjeta pero se le ha olvidado en casa con las prisas, decide pagar en efectivo.
Cuando termino de echar combustible, su teléfono comienza a sonar. Me agarra del brazo como si el mundo se fuera a romper. No se lo puede creer.
Responde a la llamada y veo que se le ilumina la cara y los ojos. Me mira muy feliz. Yo sonrió. Ya sé qué significa.
- Aaayy, ¡que alegría! Me acaban de llamar para decirme que me ofrecen media jornada en el centro comercial. No me esperaba que me fueran a llamar tan deprisa.
- Lo ves 😉 Al final todo llega.
- Esto ha sido como un milagro, gracias a estar contigo me he llevado la mejor de las alegrías.
- Nada mujer, eso también es suerte y piensa que también lo habrás hecho muy bien en la entrevista ☺️
- Te prometo que tengo que regresar muy pronto. A partir de hoy, eres como un ángel de la guarda.
A mí me sacó los colores 😅
Al día siguiente, regresó con la tarjeta y con su madre. Quería que me conociera, porque gracias a estar en la gasolinera en ese preciso momento, la habían llamado.
Desde entonces, cada vez que viene a repostar viene muy feliz.
Pd. Milagros no hago (todavía) pero sonrisas si saco a menudo. Esa mujer se fue feliz pensando que yo tenía algo que ver en su suerte. Hay que creer más en uno mismo 😎
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