Historia de un surtidor (1)
Según la letra de una canción conocida, dice que los chicos cuando llega el calor se enamoran...otros no, se quedan en un mundo paralelo. Y algunos, embobados viendo una pantalla...
Todo comienza un sábado por la tarde, alrededor de las siete, cuando el sol pega con más fuerza. Las otras calles estaban vacías.
Me acerco con la misma ilusión que trato al resto de personas. Al llegar, noto algo raro. La persona joven, se queda mirando a la pantalla sin parpadear. Yo lo miro a él y por ende, miro a la pantalla. No veo nada raro. Pero el chico no se mueve. Repito la misma acción de antes, miro al chico y a la pantalla y nada. Él mira hacia el cielo buscando una respuesta. Yo lo imito. Pero nada. Nadie me habla. Y eso que pongo el oído.
En ese momento, una idea me asalta en la cabeza. ¿No será el Papa el que le está hablando? 🤔 Ya que está en Madrid...
Cuando comienzo a preocuparme, el chico repara que llevo un rato a su lado y me dice: "lo siento, pero sigo sin saber cuánto echar"...¿Qué me recomiendas?
Acabáramos...
Ya que le explico todas las opciones que tiene, baraja una sola: echar una cantidad pequeña. ¡Perfecto!
Cuando me dispongo a realizar mi tarea, comienza a darme conversación sobre motores de coches y sus diferencias, las cuáles, ni siquiera conozco 😅
También me pregunta por el motor de mi coche, caballos, año de matriculación...
Viendo el interés que pone el joven en contarme las cosas, no quería cortarle, pero mi turno llegaba al final y no veía que tuviera intención de irse...así que, gracias a un cliente inesperado...salvada por la campana 😎
Pd. El chico volvió al día siguiente a repostar, pero acompañado. La visita fue breve.
Próximamente: Historia de un surtidor (2)
😊👏👏👏👏👏
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